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3 ingredientes que NO DEBEN faltar en tu cena de Navidad. Todo te sabrá mejor

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO


Esta es la temporada más bella del año, nos llena el corazón con los mejores deseos de bienestar para todos nuestros seres queridos, la familia, los amigos y toda la humanidad. Los regalos no pueden faltar, tampoco la cena. Es momento de reunirnos y disfrutar pero ¿sabes qué es lo que no debe faltar? Hoy quiero hablarte de tres ingredientes que harán de esta cena la mejor. 


Los niños esperan los obsequios del Niño Dios y Santa Claus, corren, cantan, juegan, ves cómo la casa se va llenando de gente o haces los preparativos para trasladarte a donde vaya a ser tu celebración, la casa de tus papás, de tus abuelos, de los amigos…



Por más que nos esforcemos por encontrar el regalo perfecto para cada uno de nuestros seres queridos, que batallemos para encontrar estacionamiento en el súper o el centro comercial y que tardemos en arreglarnos por todo lo que hicimos en el día, el momento de la cena es inevitable. Te sientas, ves el banquete que les espera  y es justo aquí donde debes emplear los ingredientes que te quiero compartir. 

Estos ingredientes harán que la Navidad realmente tenga trascendencia, que se sienta la paz, la felicidad y que recordemos esta noche por muchos años más. 

1.- Primer ingrediente : El perdón

Para poder invitar a Dios a nuestra mesa y estar en paz con nuestros familiares y amigos, debemos liberar el alma de rencores, dejar de lado el resentimiento. Esto nos preparará para ser felices.

Debemos perdonar y pedir perdón por los errores que se cometieron a nuestros seres queridos y a nosotros mismos. Perdonar nos permite cerrar ciclos negativos en nuestra vida, esos sólo nos hacen vivir a medias y nos impide ver las vivencias positivas que la vida nos da.

Si mezclamos este ingrediente con unas gotitas de humildad nuestra cena tendrá un sabor muy diferente, delicioso en dones y aromas espirituales.



2.- Segundo ingrediente : El amor

Por supuesto que este debe ser el platillo principal, debe inundarlo todo. El amor debe percibirse en todos nuestros actos, debe ser prioridad, es la única riqueza que aumenta mientras más se da. Realmente la falta de amor es la mayor pobreza que un ser humano puede experimentar.

Para hacer que nuestro amor se sienta en los demás, es necesario no solamente demostrarlo con hechos, sino expresarlo con palabras, con muestras de afecto. Todos los seres humanos necesitamos sentir cuando menos diez manifestaciones de afecto a través de cada día, escuchar que nos digan “te quiero”, sentir las mieles de la expresión “te amo”, pero nos hemos acostumbrado a la avaricia que nos impide ser generosos en nuestras expresiones de cariño hasta con las personas que amamos.

Es increíble dar muestras de amor de forma inesperada. Esto hará que las personas que amamos sientan el corazón lleno de gozo. 

3.- Tercer ingrediente  : La alegría 

¿No crees que sin ella la Navidad sería aburrida e insípida? Que falte este ingrediente es como si le faltara sal a los tamales o condimento al pavo o al pollo y azúcar a los buñuelos. Todo sabría mal…así nos vemos ante los demás cuando no actuamos con alegría. 

Me refiero a esos momentos donde estamos con mala cara, fruncimos el ceño, torcemos la boca, regañamos a los niños porque gritan y ríen…Es cierto, hay acontecimientos tristes que pueden amenazar con arruinarlo todo, quizá nos falta un ser querido pero eso no es motivo para estar tristes. Lo mejor es ofrecerle a Dios y a nosotros mismos  felicidad porque esa persona está en un lugar mejor, celebremos que la vida sigue, hay personas a nuestro alrededor que necesitan de nuestra alegría, amor y cuidado. 

No permitas que algún acontecimiento desagradable e inquietante te robe la paz y la claridad de esta celebración. Hay que vivir esta Navidad con optimismo, con esperanza, contagiando a los demás de nuestra alegría.

Deseo que esta Navidad inunde tu corazón y la de tus seres queridos de felicidad y eso lo sentirán, si no olvidan tener en su mesa,  esos tres ingredientes que harán más sabrosa tu cena, por más humilde que sea.

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