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CUIDADO! Deja de aparentar lo que no tienes. Mira cómo está afectando a tus hijos

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO


Las apariencias y la presión social son una combinación muy peligrosa pues nos hacen crear una realidad difícil de mantener y es imposible continuar viviendo en una mentira. Quiero platicarte de ello, compartirte algunos ejemplos y la manera de enfrentarle. 


Primero quiero contarte del caso de tres jóvenes,  que tienen mucho en común y que estoy seguro te harán recordar casos similares:

El primero, es el de una joven de 18 años que insistentemente exige  a sus padres que le demuestren ese gran amor que dicen tenerle,  dándole lo que para ella considera que sería la mejor educación. Ha tenido buenas calificaciones en la preparatoria, pero no las exigidas para obtener una beca. Ella desea, sueña,  anhela estar en una de las universidades privadas de mayor prestigio. Claro, una de las “razones” adicionales que expone es  que sus mejores amigas y amigos estarán en esa misma universidad. Sus padres, de clase socioeconómica media baja, tratan de una y otra forma hacerle entender que carecen de los recursos para pagarle los estudios en la institución que ella desea. La niña, con la mayor desfachatez, les cuestiona que si no pueden darle lo mejor, ¿por qué la trajeron al mundo? 



La madre, sumamente afligida,  siente cierta impotencia e inclusive, culpabilidad por no poderle dar a su hija algo que, según ella, deberían  otorgarle: una muy buena educación, sí, pero en una universidad cara. 

¡Hazme el favor! No podía yo creer, ni mucho menos entender el llanto de esa madre que me pedía consejo, porque se sentía culpable.

Es necesario aclarar, que esta madre y también el padre de la muchacha, constantemente le han inculcado que debe aprovechar todas las oportunidades que a ella se le han otorgado. Le han hecho ver que se han esforzado mucho “para que ella tenga lo que ellos nunca pudieron tener”, una frase comúnmente utilizada por nosotros los padres para que  los hijos valoren el esfuerzo y que adicionalmente nos ayude a redimirnos por el excesivo tiempo que trabajamos y el poco tiempo que destinamos a la familia. 

La segunda historia la escuché del psicólogo, doctor en educación y catedrático de la Universidad de Monterrey, Jesús Amaya, quien asegura que la presión social que existe en la actualidad entre los jóvenes, es tremenda. 

En una de sus conferencias comentaba el caso de una mujer que acudió a una tienda muy exclusiva, con el objetivo de  adquirir una bolsa de prestigiada marca. La mujer llegó a esta tienda y compró  una bolsa por la que pagó  $12,500.00.  Le comentó a la dependiente que su hija siempre había soñado con tener una bolsa de esa marca. Que algunas de sus amigas tenían una y que ella la deseaba fervientemente. Mencionó que durante mucho tiempo había ahorrado para darle ese gusto a su hija;  que era un gran esfuerzo el que hacía, pero estaba segura de que valía la pena. Salió de la tienda y en la esquina abordó un camión urbano. ¿Puedes entenderlo?

Otro caso que  recuerdo es el de un compañero de la Facultad de Medicina. Tenía un Mustang del año, precioso, color rojo, totalmente equipado. Gran sorpresa me llevé cuando conocí su casa. Era una vivienda sumamente modesta, en una colonia popular. Su padre, trabajaba como  plomero en forma muy digna y honesta, pero no tenía ni siquiera un automóvil viejo para moverse. Mi compañero se avergonzaba de que nos diéramos cuenta. Pienso que sentía que estaba totalmente desubicado.



Seguro has conocido casos como lo de estos jóvenes que intentan pertenecer a cierto status social y buscan conseguirlo a toda costa, sin importar que eso lastime o dañe a sus seres queridos. 

Claro, no hay nada de malo en querer superarse, luchar por lo que creemos o deseamos, es parte de nuestro crecimiento pero…¿hasta qué punto es admisible? También me pregunto ¿qué tanto influimos los padres para que nuestros hijos no tengan los pies en la tierra y traten de ganarse las cosas por su propio esfuerzo?

La sobreprotección y su exigencia causan estragos en su formación. A eso sumémosle la influencia de los medios de información que nos transmiten la idea de que ciertos artículos materiales nos darán la felicidad que anhelamos. La realidad es que el querer aparentar lo que no somos o lo que no tenemos refleja una carencia interior enorme. 

Hay un mundo de diferencia entre adaptarnos y conformarnos,  “Me adapto a que por lo pronto no puedo tener esto o aquello. Intento explotar al máximo lo que sí tengo y busco mientras tanto ser feliz”. Ese es el secreto, identificar lo que por el momento no podemos cambiar y no estar añorando constantemente lo que no tenemos. Disfrutar y adaptarnos, pero sin conformarnos. 

Si uno de tus sueños u objetivos requiere mucho dinero para poderse realizar, haz un plan de ahorro y trabajo para lograrlo, procura que sea posible sin dañar a otros y especialmente a quienes te aman. Conoce tus fortalezas y tus debilidades para que puedas continuar, es cierto que lo material ayuda pero no da la felicidad. Evita buscar continuamente el tener, olvidando el ser. 

La pastilla de “ubicatex” siempre es bienvenida. Recuerda que todo es pasajero y que las cosas buenas logradas son el fruto de la responsabilidad, la disciplina, el esfuerzo y el amor por lo que haces. No te puedo explicar lo increíble que se siente tener algo obtenido por tus propios medios, lo valoras y lo disfrutas más, ánimo. Hasta la próxima.

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