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NO PIERDAS EL CONTROL. Mira cómo reaccionar ante lo impredecible…

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO


Los imprevistos son parte de la vida y aunque no nos gusten, hasta podríamos decir que le ponen un poquito de emoción a nuestros días. ¿Has notado que en lo impredecible actuamos predecibles? No es un trabalenguas, permíteme explicártelo a detalle en esta nota.


Quizá este ejemplo te suene familiar :

Vamos en nuestro automóvil hacia algún lugar y  según nuestros cálculos, el tiempo es el justo para llegar a nuestro destino y de pronto, encontramos un señalamiento que nos indica que más adelante la  calle por la que circulamos se encuentra cerrada. En forma automática volteamos a ver el reloj como queriendo  que el tiempo se detenga. Nos molestamos porque vemos que el segundero sigue su ritmo.  Tratamos de visualizar en nuestra mente a los culpables que tuvieron la ocurrencia de cerrar el camino, y encontrarlos para reclamarles su “torpeza”.  Nos sulfuramos contra nosotros mismos porque no contábamos con ese imprevisto. Nos  enojamos con el mundo, con el gobierno  y hasta con Dios, por esa “calamidad” que sufrimos. Y después de lanzar al viento palabras y palabrotas que en nada beneficiarán la situación, decidimos buscar una ruta alterna, acción que debimos poner en práctica de inmediato. 



En lo impredecible aparece un patrón de conducta muy predecible, nos molestamos, perdemos la paciencia y parece que para nosotros es algo normal, reaccionamos violentamente y simplemente no soportamos que las cosas no se den como queremos.

Queremos saber qué ocurrirá en todo momento y tener el control sobre ello, queremos que sea predecible, que todo ocurra como lo hemos planeado pero debemos recordar algo importante : el futuro siempre tiene algo de incertidumbre.

Malas y dolorosas experiencias nos enseñan algo, experiencias como ese ejemplo que te compartí me hacen entender que lo impredecible es parte de la vida y cuando ocurre hay tres cosas que pueden pasar, que todo salga mal, que todo salga mejor de lo esperado o que salga como se había previsto. Es difícil aceptar ese cambio de plan y sobre todo mantener la calma en ese momento, pero hay soluciones. 

Me refiero a que nuestra actitud sí podemos controlarla y eso es lo más importante. Con el paso del tiempo esos sucesos pierden importancia, así es como estamos diseñados, hasta las peores catástrofes se minimizan por los siguientes factores : 

1.- La imitación

Cuando vemos a otras personas aceptar sucesos que no eran predecibles, imitamos su conducta porque entendemos que no somos los únicos a quienes los planes, sueños o anhelos se le complican. Esto nos ayuda a sentir menos dolor y/o pena. 

2.- La adaptación

Nuestra mente puede adaptarse tanto a lo bueno como a lo malo. A lo bueno porque por más gusto y felicidad que nos cause  recibir una buena noticia, procesa ese sentimiento, pero pasa el tiempo y la euforia empieza a disminuir y tendemos a regresar al  estado de felicidad que sentíamos antes. Nuestro cerebro se  adapta también a lo malo, a lo desagradable, a lo impredecible que nos sucede. Constantemente vemos cómo quienes sufren la ausencia para siempre de un ser querido, padecen en ese trance un dolor que puede ser intenso, pero el tiempo, siempre el tiempo, se encarga de cicatrizar las heridas; provee la resignación para aceptar aquellas situaciones que nunca esperábamos que sucedieran.  



3.- La aceptación inmediata a lo impredecible

Me refiero a entender que si perdemos el control en una situación imprevista, nos estamos cerrando a encontrar una solución. Lo recomendable es guardar la calma, aceptar lo sucedido, buscar rutas alternas, analizar posibles soluciones. Y  aceptar no consiste  en dejar las cosas como están, sino que sea punto de partida para superar la contrariedad. Aceptar además,  que siempre habrá situaciones que no podremos cambiar por más las aderecemos con grandes porciones de furia y desesperación. Lo hecho, hecho está.

No siempre las cosas se darán como tu deseas, pero es muy bueno abrirnos a la posibilidad de encontrarle sentido a lo que ocurre, aceptarlo e intentar sacarle provecho.

Entender que evitar ser tan predecibles en forma negativa  ante lo impredecible nos hace eternas víctimas de las circunstancias.  Enojarnos y despotricar contra quien sea cuando no logramos nuestros propósitos, hace que nos acostumbremos a actuar siempre así ante lo complejo y ante lo simple. ¡Qué terrible forma de ser predecible! 

Si los resultados de nuestras acciones son  predecibles, tengamos en cuenta que  siempre podremos elegir nuestras reacciones y que de entre toda la gama de posibilidades que existen, es predecible  escoger la de guardar la calma ante la adversidad; elegir lo que sí podemos hacer, en vez de irritarnos ante  lo que ya no se puede corregir. 

Abraza lo impredecible, recuerda que las piedritas en el camino o las desviaciones sólo alteran el proceso de llegar a la meta pero no la meta en sí, ánimo. Hasta la próxima.

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