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3 cosas que tienes que hacer por tus hijos aunque te duela. Es por su bien…

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO


“¡Lo hago por tu bien!”, sin duda escuchamos a nuestros padres decir esa frase varias veces, en ese momento sentimos que su decisión era injusta pero con el tiempo aprendimos que tenían la razón. Ahora que nosotros nos hemos convertido en padres ¿te has dado cuenta de qué tan seguido la utilizamos? En esta ocasión quiero compartirte la importancia de esta frase y sobre todo, invitarte a que no tengas miedo de usarla pues en un futuro, tus hijos entenderán el por qué.


Cuando una madre o un padre mencionan la frase: “¡Lo hago por tu bien!” me queda claro que es con el afán de quererse justificar por alguna decisión que puede ser tomada en su contra.  Es cuando los padres queremos convencernos de que muy a nuestro pesar, tenemos que actuar de determinada manera.  “Hijita, no te dejo ir y tu sabes que lo hago por tu bien”.  En forma inmediata la hija reclama vociferando: “¡no es justo! ¡A todas mis amigas las dejaron ir y a mí no!”



Recuerdo las veces que mis padres me dijeron esas palabras y estaba convencido de que esa decisión era, en ese momento, precisamente para mi mal.  Al paso del tiempo compruebo lo equivocado que yo estaba.

Por el bien de los hijos muchos padres tomamos conciencia del mal que les hacemos al querer facilitarles al cien por ciento la vida. Es tanto nuestro amor a ellos que en ocasiones tomamos decisiones que les favorecen en el momento, pero que con el paso del tiempo les afectará notablemente. Claro, es importante escuchar las razones de ellos, pero debes recordar que tú eres quien tiene la experiencia, que ya pasó por esa etapa y que tu juicio te llevará a decidir lo mejor para ellos. 

Hoy quiero compartir tres decisiones que son “por el bien de nuestros hijos” y que ojalá ellos nunca nos los reprochen : 

1.- Por el bien de nuestros hijos, no les demos todo lo que piden. 

Y evitemos la tentación de usar frases que ayuden a redimirnos como por ejemplo: “¡Quiero darles todas las cosas que yo no tuve!” Como si el no haber tenido nos hubiera afectado tanto. ¡Al contrario!  Puedo asegurar que en muchos casos el no haber tenido cosas materiales nos hace valorar y cuidar más lo que con tanto esfuerzo obtenemos. Le confieso que yo caí en  esa tentación de querer darles a mis hijos todo lo que me pedían,  ya que conocí en algún tiempo lo que es no tener. Hoy bendigo a Dios por darme esa lección y aprendí que cuando se desea mucho algo y se lucha por ello, se agradece y se valora mucho más. 

Si a esto agregamos el ganarse las cosas en base a un esfuerzo, mucho mejor. ¿Cómo es posible que premiemos constantemente con cosas materiales a nuestros hijos cuando no cumplen con lo mínimo indispensable en su etapa de formación? Incluyo en esto las calificaciones y la disciplina.  Estoy seguro que usted y yo conocemos casos de niños o jóvenes que se les da de más y no ponen el mínimo esfuerzo en sus obligaciones escolares o en el hogar. Y sumamos a esto, sus múltiples reclamos y faltas de respeto a sus padres. No cabe duda, entre más les damos, más exigentes los hacemos. 

2.- Por el bien de nuestros hijos, no les hagamos todo. 

Cuando digo no hacerles todo, me refiero a facilitarles la vida a tal grado, que apliquen la ley del mínimo esfuerzo. Les facilitamos la vida al extremo y los convertimos en personas dependientes e irresponsables.  El otorgarles actividades a los hijos les fomenta el sentido de la responsabilidad.  No sabemos qué les depare el futuro; los hijos crecen y desean independizarse y formar su propio hogar. 

Esos niños, al convertirse en adultos, buscan en sus matrimonios no una esposa o esposo, sino alguien que les dé constantemente y les cubra sus necesidades y muchos no están dispuestos a dar. El egocentrismo es una de las principales causas de fracasos matrimoniales. ¿Quiénes tienen responsabilidad en esto? Todos. Ellos, por no entender que el matrimonio es compartir, dar y recibir. Y nosotros los padres, quienes no enseñamos a nuestros hijos a ser responsables. Querer facilitarles la vida y sobreprotegerlos cobra tarde que temprano una factura y muchas veces muy dolorosa. 



3.- Por el bien de nuestros hijos, enseñémosles a tomar decisiones. 

No cabe duda que es muy real la frase que un gran amigo compartió hace años conmigo y que encontró en uno de los libros de Harry Potter: “No son tus habilidades las que definen lo que eres; son tus decisiones”. 

Desde que nuestros hijos empiezan su desarrollo tomamos las decisiones por ellos. Al paso del tiempo, tenemos la tentación de seguir haciéndolo y ocasionamos serios conflictos en ellos. Muchas decisiones que tomamos son siempre por su bien. ¿Pero cuántas veces los privamos de tomar sus propias decisiones? Sé que no es fácil y más por los riesgos que una mala decisión conlleva. Queremos ayudarlos y protegerlos pero en ocasiones desean hacer caso omiso a nuestras advertencias. Son probablemente las lecciones más dolorosas a lo que ellos se enfrentan, pero también son las que contienen más aprendizaje. 

La dependencia de un hijo para con sus padres se incrementa, cuando siempre decidimos por ellos y fomentamos la sobreprotección. Es tan fácil decidir por ellos y dar consejos que no nos piden. Por el bien de nuestros hijos, enseñémosles a tomar sus propias decisiones. 

Qué razón tenían mi padre y mi madre cuando me dijeron : “¡Hasta que tengas a tus propios hijos vas a entender lo que es amar verdaderamente a alguien!”  Lo he comprobado y es precisamente por ese amor desmedido, que los padres decimos: “Lo hago por tu bien…”

Sé que los hijos nos derriten con una mirada, que nos duele en el corazón ver su cara de molestia o escuchar sus palabras de reclamo, pero no le tengas miedo a eso, sé fuerte, sé paciente, toma este tipo de decisiones como una inversión para que tengan una vida mejor. Ánimo, hasta la próxima.

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