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4 pasos para sanar a tu niño interior y recuperar tu felicidad. Todos lo necesitamos

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO


Cuando somos niños tenemos muchos sueños por cumplir, ilusiones, creemos en la magia de nosotros mismos y es nuestro entorno, los comentarios de papá, mamá u otros familiares los que van lastimando esa identidad. Así llegamos a la adultez y en muchos casos, con un niño interior lastimado ¿cómo sanarle? Ese es el tema que quiero compartirte en esta ocasión. 


• ¡Eres un bueno para nada! 
• ¡Aprende de tu hermano, él sí es ordenado. Sus juguetes le duran más porque los cuida! 
• ¡No puedo creer que seas capaz de hacerme sufrir tanto a mi, que soy tu madre! 
• ¡Ya no te quiero por chiflado! 



Esas son frases que cualquier madre o padre expresa cuando sus hijos no son como desea, lo que no ven es que pueden lastimar al grado de provocar heridas que nunca sanan. Se piensa que como se le dicen a un niño lo olvidará pero no, y ya sea que las hayamos dicho a nuestros propios hijos o que las hayamos escuchado, son un daño. 

Quienes las escuchan pueden terminar como niños heridos con disfraz de adulto y expresan lo que no sanó en su momento con sentimientos de miedo, culpa, agresividad, indiferencia y problemas para relacionarnos con los demás. 

Después de leer el libro de Margarita Blanco titulado “Sanación emocional del niño interior”, sinceramente me conmovió. Me hizo reconocer y aceptar que el 99 por ciento de los adultos son niños heridos que aún no hacen las pases con su pasado ¿conoces a alguien con estas características? 

Cuando a un niño se le limita el afecto que merece y no le expresan palabras de reconocimiento y aprobación, se convierte en alguien tímido, llorón, enfermizo, agresivo, quizá rebelde y lo peor de todo es que crece como un adulto inseguro, triste, siente que no merece ser tratado con amabilidad y respeto. Por el otro lado, su los padres le demuestran a su hijo amor incondicional, lo tratan con respeto y evitan llamadas de atención constantes, optan por ser pacientes, por dialogar y por explicar las razones por las que las cosas no se pueden hacer, resulta un niño que crece con autoestima alta, sienten que merecen el amor de los demás y lo muestran logrando todo aquello que se proponen. 

Las impactantes investigaciones publicadas por la Dra. Stephanie Mines en su libro We are All in Shock demuestran la influencia de las emociones en el desarrollo saludable de un niño desde su etapa en el vientre materno. A sólo 27 días de iniciado el proceso de agrupación de células después de la fecundación y siendo el embrión del tamaño de un frijol, ya tiene formado su canal neuronal y el cerebro empieza a trabajar. Por lo tanto, la parte instintiva y la capacidad para sobrevivir ya está desarrollada desde el primer mes después de la fecundación del ovulo y el espermatozoide. El nuevo ser empieza a percibir lo que sucede a su alrededor. Si la situación de la madre es de constante tristeza o violencia, el cerebro del embrión siente la amenaza de no ser bien recibido y que su vida peligra por percibir las descargas de adrenalina y cortisol de la madre en estrés. Lo más triste es que esta huella quedará grabada en lo más profundo de la mente de ese ser y tendrá algún tipo de manifestaciones en los años por venir. 

Lo impactos en los niños en sus primeros años también son cruciales. Creemos que ellos no se dan cuenta de las discusiones y conflictos que hay en el hogar. Imaginamos que, como está jugando o se encuentra entretenido viendo la televisión,  no escucha ni entiende el dolor que puede tener su madre por diferentes circunstancias que le afectan y no es así. La evidencia más grande la puedes descubrir si te pido que en este momento tú, que estás leyendo este artículo, hagas un alto y recuerdes momentos dramáticos de tu infancia e identifiques la forma en la que pudo haberte afectado. Momentos que creíste haber olvidado y que, con el sólo hecho de hacer una introspección, afloran en tu mente. 



Ahora es más fácil entender que si no está en paz nuestro niño interior, manifestaremos aquello que hemos vivido con ira, miedos sin fundamentos, relaciones conflictivas y más.

La terapeuta Margarita Blanco hace recomendaciones claras y prácticas; unos ejercicios sencillos que, de preferencia, vale la pena realizar en un lugar tranquilo, sin interrupciones, con una música que te ayude a la concentración, aquí te los comparto :

1.- Reconoce tus conflictos

Identifica a ese niño interior viéndote en el espejo directamente a los ojos, esos nunca cambian. Recuerda que ese niño siempre estará contigo, habla con él. 

2.- Quiérelo

Comunícate con ese niño interior con afecto, amor, cariño, dile lo importante que es, dile que estás ahí para ayudarlo y recordarle lo mucho que vale. Exprésale todo el amor que merece y que quizá no recibió anteriormente. 

3.- Busca fotografías de tu infancia

Esto te ayudará a reconciliarte con tu pasado para mejorar tu presente.

4.- Recuerda momentos de tu niñez

Visualízalos, recuerda cómo olía tu casa, los lugares que frecuentabas, imagina que estás ahí y que buscas a ese niño que vive en ti y háblale con amor. 

Si tienes o te das la oportunidad de tomar un taller sobre el tema, será mucho mejor. Existen en la actualidad terapeutas preparados para la sanación de heridas provocadas voluntaria o involuntariamente en tu infancia y que están causando múltiples problemas en tu etapa adulta.

Es fácil imaginarnos las terribles secuelas que pueden causar los abusos físicos, verbales o emocionales en un niño y su manifestación en el futuro. Es necesario que empecemos hoy mismo a sanar, en la medida de lo posible, todas esas lesiones que están guardadas en lo más profundo de nuestro ser y buscar la forma de disfrutar este instante maravilloso llamado vida. 

El pasado no puede cambiarse pero sí podemos hacer las paces con él, podemos dejar de estar pensando en todo lo que aconteció en ese tiempo, tomar lo que aprendimos de cada experiencia y con esas piezas construir un mejor presente. Ánimo, hasta la próxima.

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