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6 consejos para que tus hijos aprendan a ser responsables. No volverás a castigarlos

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO


Como papás una de las tareas más difíciles es establecer límites a nuestros hijos y enseñarles la forma de afrontar la consecuencia de sus actos. Es por eso que pensé en compartir este tema contigo, hablarte sobre las diferencias entre castigos y consecuencias, pues quizá por querer disciplinar a tus hijos estás afectando el vínculo emocional. Vamos por partes ¿te parece? 


Hace tiempo mi hijita me comentó que una compañera de su colegio siempre estaba castigada. Que frecuentemente le decía a ella y a todas sus compañeras que sus padres la castigaban de diferentes formas:  No puede ver televisión, no puede salir, no puede recibir a nadie en su casa o que le quitaron su celular. Fueron tantas las ocasiones en que la niña expresó que se encontraba en ese estado, que le empezaron a llamar la castigada y me imagino que ella ya se acostumbró a esa situación.



Castigos que nadie deberíamos de juzgar porque  se supone que cada padre conoce el porqué de su proceder; sabe o cree saber cuál es la mejor manera de educar a sus hijos, incluyendo la aplicación de premios o castigos. 

¿En qué momento perdemos la paciencia y cordura quienes somos padres y castigamos a diestra y siniestra a nuestros hijos perdiendo la capacidad de dialogar o negociar?

El utilizar nuestro criterio para aplicar reprimendas es un gran dilema para quienes somos padres. Primero por el término que utilizamos : “¡Estás castigado!” Los castigadores suelen ser los malos del cuento, los villanos que quieren hacer sufrir al protagonista y estoy seguro de que eso es lo que menos queremos provocarle a los hijos. En sí, lo que buscamos es que los hijos entiendan las consecuencias de sus actos, de algo que ellos mismos decidieron hacer. 

En base a esa delgada línea, hay una serie de recomendaciones que me gustaría compartir contigo : 

1.- Convierte al diálogo en tu mejor aliado

Especialmente si tu hijo es pre-adolescente. Comunicarte con tus hijos será la mejor forma de enseñarles los pros y los contras de cualquier acción. Lo triste es que la falta de tiempo y/o paciencia nos lleva a recurrir a amenazas, castigos o reprimendas. 

2.- Cambia la palabra castigo por consecuencia

A final de cuentas eso es, el resultado de un acto indebido de su parte. 

3.- Aclara las consecuencias con tiempo

Porque en muchas ocasiones se aplican en forma sorpresiva causando frustración y tristeza por no conocer previamente cuáles son los límites. Es fundamental ser claros, precisos y concisos en aplicar esas consecuencias de sus actos, explicar claramente qué sucederá si no cumplen con lo que deseas. “Vas a ver que te va a pasar si no haces esto o aquello”. Solo se dice que “van a ver” pero no de aclara qué es lo que van a ver. 



4.- Cumple las amenazas

El amor nos puede cegar y esto provoca que los hijos nos tomen la medida. Si les dices que les vas a quitar el celular una semana por reprobar y te llegan con un cinco en matemáticas, cúmplelo, nada de que ya fue mucho y lo regresas antes de tiempo o se te olvida. Tampoco hagas amenazas que ni tú te las creas, aparecen como resultado de los arranques de ira pero frases como ¡¡Nunca más volverás a ver la televisión!! ¡Nunca jamás! ¿quedó claro? Por favor, ¿cómo se te ocurre aplicar ese castigo que de antemano sabes que es prácticamente imposible? Procura que las consecuencias puedan llevarse a cabo. 

5.- No caigas ante la insistencia de tus hijos 

Los niños pueden ser muy insistentes y si cedes estarás perdido. Nos gana el arrepentimiento y cedemos cuando nos hacen cara de “El gato con Botas” de la película “Shrek”. ¿Recuerdas esa película donde el gato, para evitar problemas, ponía una cara inocente, excesivamente tierna que hacía que todos los espectadores nos sintiéramos conmovidos? Pues esa misma sensación sentimos quienes no tenemos mano dura para respetar nuestras propias decisiones que se suponen es por el bien de quienes tanto queremos. 

6.- Evita exagerar en los límites que ya existen

Tanto las consecuencias como los premios deberían de ser analizados profundamente antes de expresarlos. Ya que de esta forma no sentiríamos esa sensación de culpabilidad que acompaña a muchos padres que deseamos fomentar una cultura basada en el amor y no en el miedo. Es mejor el diálogo claro que el castigo sorpresivo.  No olvides que lo que más nos cala cuando los hijos no hacen lo que deseamos es perder la autoridad, más que la causa en sí. 

Confío en que estas recomendaciones te ayudarán a tomar las mejores decisiones. Ánimo, hasta la próxima.

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