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Esta es la mejor enseñanza que le puedes dar a tus hijos. Siempre te lo agradecerán.

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO


Es normal que tengamos metas en la vida, que lleguen momentos donde sentimos que nos podemos comer el mundo y que todo lo podemos lograr. Lo que no debemos olvidar es que nada de eso ocurrirá sin humildad y sin apoyarnos en otras personas, apoyar, no lastimar, no pisar, no utilizar. ¿Cómo llevar un camino recto y tranquilo? Hoy quiero platicarte de ello, tener la cabeza en las estrellas y los pies en el suelo no es difícil cuando te lo propones.


Aunque pensamos que tenemos el control y que todo lo podemos lograr, llega un punto donde nos percatamos de que necesitamos unos de los otros. Si en algún momento recibimos un favor o una atención, más adelante devolveremos el gesto, la vida es como una rueda que gira y en ocasiones quien estaba abajo termina arriba o al revés, incluidos nosotros mismos. Por eso es bueno recordar que cosechamos lo que sembramos, “que arrieros somos, y en el camino andamos”. 



Hago este comentario por la gran cantidad de personas que perdieron un trabajo que parecía ser estable, bien remunerado, y que ahora, a raíz de la crisis, ya no lo tienen. Obviamente, quienes han demostrado su capacidad laboral y su sensibilidad en el trato con lo demás, tendrán más oportunidades de encontrar otro empleo. 

Nadie quiere incluir en su personal de trabajo a quienes tienen el antecedente de ser conflictivos y complicados en su forma de ser. A quienes se les dificulta el trabajo en equipo y han demostrado poca tolerancia y respeto por los demás. El poder puede corromper a quien lo ejerce.  Quien tiene gente a su cargo y toma las decisiones, puede caer en la soberbia, el despotismo y la falta de humildad. Cuidado con ser víctimas de ese pecado capital.

Recuerdo una anécdota que leí acerca de Charles Chaplin el mimo más famoso del mundo, quien dejó un legado artístico difícil de imitar y superar. 

Siendo ya famoso, iba con su esposa visitando como turista varias ciudades de los Estados Unidos. Llega a un pueblito y en la entrada de un teatro lee un anuncio que decía: “Hoy gran concurso. ¡Participa en búsqueda del doble de Charles Chaplin!”.  Al ver aquello la esposa voltea a verlo, él sonríe y ¿qué creen que hizo? ¡Se inscribió! Al igual que otros 30 hombres más. ¿Y adivinen qué pasó? ¡No ganó! Quedó en segundo lugar.



¿Qué actitud creen que tomó Charles Chaplin? Recibió su premio, fue hacia los jueces y agradeció que le hubieran permitido participar. Se dirigió al ganador y con gran humildad le dijo: “Lo hizo usted muy bien señor.  Me gustó mucho su actuación”. “¿Usted cree?” –respondió el afortunado. “¡Claro que sí! –asintió el mimo. ¡Lo hizo usted mucho mejor que el mismísimo Charles Chaplin!”. Se despidió amablemente y se fue. Nunca dijo quién era él. 

Esto muestra una faceta que probablemente no conocíamos de este gran mimo: su humildad ante una situación que pudiera haberse prestado para demostrar la ineptitud de los jueces, o el orgullo de Chaplin al aclarar públicamente que él era el verdadero. 

Lo mismo ocurre en las áreas de nuestra vida. No sabemos qué pasara en el futuro y por eso debemos tener los pies firmes en la tierra, evitar que el éxito nos nuble la visión, que la soberbia nos controle. La vida es curiosa y puede llevarnos a estar frente a quienes les debemos un favor, la situación fluirá según hayamos actuado en aquél comento, con sensibilidad, humildad, de forma agradable y positiva.

Podrán decir mucho de nosotros, que nos critiquen de estrictos y disciplinados, que digan que somos sumamente puntuales y ordenados, que piensen que somos demasiado exigentes, pero que nunca digan que somos déspotas, prepotentes, altaneros y “sangrones”. 

Es doloroso ver a quienes anteriormente gozaron de poder por un puesto clave y que ahora buscan desesperadamente un trabajo digno para cubrir las necesidades básicas de su familia. Extrañan su trabajo anterior, le dan el valor que realmente tenía y anhelan una oportunidad para demostrar su capacidad. 

La crisis nos está obligando a producir más y con mejor calidad. A tratar mejor al cliente para ganar su preferencia. A dar un valor agregado que haga la diferencia entre un servicio normal y uno excelente.   Nos obliga también la crisis, a ser más humildes de corazón. A evitar sembrar enemistades y dejar clientes insatisfechos. 

Siembra lo que desees cosechar en el futuro. Que tu presencia en cualquier parte sea motivo de crecimiento, paz y armonía. Vive la vida intensamente y de tal forma, que quienes tengan la fortuna de tratarte deseen seguir haciéndolo, y que la imagen que cultivaste sea motivo de orgullo y satisfacción para ti y los tuyos. 

Estos hábitos no solo te ayudarán a ti, inspirarán a quienes te rodean y te convertirás en un agente de cambio para una mejor sociedad. Ánimo, hasta la próxima.

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