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Este es el error que cometemos al buscar la felicidad. Hemos vivido engañados

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO


Desde pequeños fuimos educados de forma consciente o inconsciente para siempre ir en busca de la abundancia: “Desea la abundancia”, “Lucha por la prosperidad y la abundancia en tu vida” “Estás en tu mejor momento para que la abundancia llegue a ti” y ni hablar de esos famosos anuncios nocturnos que vemos por televisión en el que intentan convencernos de que lo mejor esta destinado para nosotros siempre y cuando compremos determinado talismán, piedra, o nos untemos esa milagrosa crema traída del Norte de la India. 

En mis vacaciones pasadas pude notar nuevamente esa abundancia al ver la exagerada cantidad de comida que las personas se sirven en los bufetes sin darse cuenta de los perjuicios que esto trae en su salud y por su puesto, en el desperdicio que muchas veces esto significa. Platos repletos de comida que se ingiere aun cuando el cuerpo dice “ya no”, algo que como imaginan, provoca un aumento en el tamaño del estómago, mismo que cada vez será más difícil llenar. 

Lo mismo sucede cuando se empieza a ganar dinero y la mente se encarga de convencernos que eso no es suficiente para ser felices. No conforme con eso, criticamos a quienes ponen límite en el tiempo que dedican a su trabajo para dedicarlo a su familia o incluso a sí mismos.


Tendemos a creer que nada es suficiente y estamos en una búsqueda constante de la abundancia en el dinero y en el amor. Llegamos a un punto en donde nos acostumbramos a lo que tenemos y caemos en la trampa de que nada es suficiente e inconscientemente deseamos experiencias extremas que pongan en movimiento la adrenalina, y muchas veces esas experiencias no son las más adecuadas o saludables para quienes las viven o para la relación de pareja.

Estoy seguro que conoces a quienes durante los períodos de crisis o vacíos afectivos, se refugian en las compras de cosas que no necesitan, pero que la carencia les hace creer que nada es suficiente para sentirse plenos y realizados. 

Suficiencia no es sinónimo de mediocridad. Suficiencia es un término que podría utilizarse para vivir en armonía con lo que se tiene y disfrutarlo al máximo. 

Recordé una frase, de quien desconozco su autoría, que dice: “No es lo que tenemos lo que da la felicidad, sino lo que verdaderamente disfrutamos”.  


Para explicarlo de forma más clara, suficiencia es servir agua y dejar un espacio en la parte superior del vaso para evitar derramarla.  Abundancia es llenarlo hasta el borde y no solo eso,  derramarla en la acción. 

Hoy comparto contigo algunas recomendaciones para evitar que la abundancia sea mal interpretada:

Pon en marcha tu capacidad de adaptación. 
Nos guste o no, hay situaciones que ya no son posibles modificar. Accidentes o enfermedades que se presentan en forma inesperada  y que nadie desea padecer; es precisamente en esos momentos en los que se hace presente  la necesidad de aplicar el mayor esfuerzo por mejorar la calidad de vida; pero tú y yo sabemos que existe un límite, el cual no es posible, por el momento, superar. 

Nos adaptamos al dolor que representa el que de un día a otro personas importantes en nuestra vida cambien su forma de ser hacia nosotros; su apatía e indiferencia se hacen presentes, sus silencios se hacen constantes y se convierte en una necesidad aceptar que es prácticamente imposible obligar a que la gente nos quiera o aprecie.  Se agradece y bendice el tiempo vivido y se sigue el camino recordando que “nada ni nadie es para siempre”. 

Aplica constantemente tu capacidad de asombro. 
No permitas que la rutina haga de las suyas y pierdas la capacidad de asombrarte por las cosas simples o que consideras intrascendentes en la vida. Aprecia frecuentemente todo  lo que la vida y las personas te aportan. Agradece una y otra vez por las bendiciones recibidas, merecidas o no, y sobre todo, llena tu vida de esa ilusión de creer que siempre lo bueno y lo mejor está destinado para ti. 

Aplica lo suficiente cuando el cuerpo te quiera convencer de que no lo es. Pon un límite en las raciones de comida que te sirves.  Aprende a escuchar a tu cuerpo cuando te dice “no más”, no solo en la comida, sino en la ingesta de productos que sabemos que, en exceso, son nocivos a nuestra salud. No más alcohol, no sobrecargues tu cuerpo con la adicción al ejercicio. Cuídate en lo posible y acepta el paso del tiempo con dignidad y agradecimiento; para quien no lo acepta, nada será suficiente para preservar el tesoro de la juventud y recurrirá a todo aquello que cree que es abundante para lograr su cometido.

Lo que más deseo es que sientas en tu corazón lo abundante que es el amor de Dios y que para Él nada será suficiente para manifestarte una y otra vez todas las bendiciones que tiene destinadas para ti. Ánimo y hasta la próxima. 
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