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Este es el veneno que está destruyendo tu relación. Aún estás a tiempo de salvarla

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO


Aunque para muchos pudiera parecer algo inofensivo, la indiferencia es sin lugar a duda, un veneno letal que acaba poco a poco con una relación al hacer sentir a quien lo sufre, que no te interesa opinar o bien, que te da igual lo que hagas, por eso, hoy te quiero hacer énfasis en dos tipos de indiferencia. 


Indiferencia como estrategia en el amor:

Cuando se trata de amor, la indiferencia es una estrategia comúnmente utilizada para llamar la atención, pues claro que no hay nada que cause más intriga que no saber qué es lo que sucede ¿por qué esa persona no me habla? ¿Qué es lo que le hice?… 



Mujeres y hombres suelen utilizarla cuando se trata de conquistar a alguien que realmente vale la pena, sin embargo, cuando la atracción es mutua, difícilmente te atreves a no contestar una llamada o rechazar una invitación de esa persona que te interesa. Tú y yo sabemos que funciona, porque la indiferencia, unida a la expectativa alta, forma un elixir ideal que incrementa el amor, pero ojo, en dosis altas puede alejar al ser querido por completo al interpretar que no te interesa. “Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre”, dicho popular que puede iluminarte sobre la cantidad de dosis a aplicar.  “Un toque de misterio que avive nuestro amor”, estrofa de una canción que puede también servirte de guía. Pero es solo un toque, no que seas totalmente misteriosa y francamente impredecible. 

Indiferencia como reacción en el enojo:

Terrible estrategia lo es también en el enojo. No contestar, no expresar tus sentimientos o, peor aún, hacer sentir que me da igual lo que pienses u opines en determinada situación o circunstancia puede ser interpretado como una desconsideración o causar un verdadero dolor.

Me decía una esposa desesperada que no había nada que le molestara más de su marido que su actitud de indiferencia cuando había un problema:

¡Imita a su padre cuando se enojaba con su mamá! Aplica la ley del hielo y me deja de hablar varios días. Su silencio ha perdurado en algunas ocasiones hasta tres meses y mis hijos son testigos de que su padre no me habla. Se convierten en emisarios temerosos o víctimas involuntarias que no saben como actuar. 

Cuando le pido que hablemos su respuesta es la misma: “Te hablaré cuando yo diga o crea conveniente”.  Y así se la pasa, hasta que yo me hago coparticipe de su juego indiferente que me tiene harta. –Palabras más, palabras menos, generalmente palabras menos. 



Para colmo, sus hijos han adoptado la misma costumbre obviamente imitando a su padre. Se pelean y se dejan de hablar, actitud que también han querido utilizar con su madre. 

Ejemplos nada dignos de imitarse pero sí de analizarse. Actitudes malamente aprendidas que dañan las relaciones por no hablar o expresar lo que se siente. Un látigo que desgarra no la piel, sino el amor causando heridas profundas difíciles de cicatrizar. No es saludable ni recomendable utilizar la indiferencia como estrategia en una relación consolidada. Pierde el diálogo y gana la ira. Pierde la cordura y gana la inmadurez. 

Mi recomendación es clara: 

En plena crisis no habrán palabras que logren hacer entender a quien por costumbre es así.  Pasando la crisis, dedica y busca el momento adecuado, las palabras indicadas y exprésale cuánto te duele esa actitud y que no estás dispuesto o dispuesta a soportar.  Dile cuán importante es aclarar las cosas al momento en que suceden porque para ti, la almohada y su silencio es el peor consejero.  Ánimo y hasta la próxima.

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