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¿Quieres que tu familia sea feliz? Esto es todo lo que ellos necesitan de ti…

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO



¿Conoces las diferencias entre oír y escuchar? Quizá te ha pasado que estás muy feliz contándole algo a un ser querido, pero cuando le preguntas al respecto no tiene idea de lo que estabas diciendo, la persona estaba ahí, oía lo que le platicabas pero no escuchó, es posible también que fueras tú quien no escuchó lo que alguien quería decirte. Para que este mal hábito no lastime a tus seres queridos y tus relaciones con los demás, hay una serie de recomendaciones que quiero hacerte.


“¡Mamá, pero óyeme con tus ojos!”  Esto lo escuché de un niño de cinco años que trataba de contarle a su mamá lo que le había sucedido en el jardín de niños, mientras ella, sin prestarle atención, se ocupaba de revisar su celular.



Hemos sentido en carne propia lo desagradable que es hablar y saber que no nos escuchan; es una situación que desencanta, que frustra las relaciones interpersonales y que ocasiona fastidio en la conversación.

Escuchar es un arte, un admirable arte; es una destreza que puede ser adquirida, por lo que la práctica será clave para dominarle. 

Durante el vuelo en uno de mis viajes, tuve como compañero de asiento a una persona que nunca antes había visto. Después de habernos presentado, entablamos conversación y durante más de 2 horas me contó gran parte de su historia. Me habló de lo inteligentes que eran sus tres hijos; de lo afortunado que era por haber encontrado a la compañera de su vida; me describió todos sus trabajos anteriores y la gran cantidad de obstáculos que había sorteado a lo largo de sus 48 años, para dar sentido a su vida. Me platicó acerca de sus sueños y aspiraciones; tocó el tema de la religión; se quejó de los gobernantes; renegó de los políticos y de medio mundo incluyendo la gran apatía que existe para evitar los problemas de contaminación.

El avión llegó a su destino sin que yo hubiera podido articular frase alguna sobre mi vida o sobre mi trabajo... nada (bueno, tampoco él me había preguntado nada). En la conversación me tocó actuar simplemente en calidad de oyente, y lo hice, eso sí, con mi mejor dedicación.

Al despedirnos, me regaló la siguiente frase con un caluroso apretón de mano: 

“En serio. Me caíste muy bien. Eres una gran persona. Me siento muy contento de habernos conocido, por cierto, ¿Cómo me dijiste que te llamas?”  ¿Habernos conocido? ¡Pero, si él no me conoció! Yo me enteré de casi todo su árbol genealógico y hasta de su tipo sanguíneo, ¡pero él no supo nada de mí!

Este encuentro me hizo reflexionar en dos cosas: la primera, la gran necesidad que tenemos todos de sentirnos escuchados; y, segunda, lo importante que es escuchar con el cuerpo.

¿Qué es escuchar con el cuerpo? Es incluir todo tu cuerpo al poner atención a lo que la otra persona dice y comprenderle; asentir con la cabeza; ver a los ojos; estar en sintonía con el tema que está tratando nuestro interlocutor; utilizar frases que lo estimulen a seguir con la conversación; hacer que la persona que nos habla se sienta importante.



Quienes desarrollan el arte de escuchar y la virtud de saber conversar poseen una especie de imán que atrae a las personas; su carisma se incrementa y se convierten en centros de cualquier conversación. Piensa en las personas que te agradan y cómo seguramente son buenas para escuchar lo que tú u otros les cuentan. 

Analiza tu capacidad de escucha y haz una sincera evaluación. Pregunta a quienes te conocen si han visto en ti esa virtud, ese arte. Acepta el veredicto y las sugerencias que te hagan.  Si quieres más seguridad evalúa tu capacidad de escucha en base a las siguientes cuatro preguntas breves:

1.- ¿Te es fácil mantener el contacto visual con la persona que hablas?

2.- ¿Haces movimientos o pronuncias palabras breves en señal de que estás entendiendo a tu interlocutor?

3.- ¿Evitas interrumpir o poner frases en la boca de la persona que te está hablando?

4.- ¿Demuestras sintonía o empatía con quien hablas imitando emociones o sentimientos que te comparten?

Este último punto es el más importante, hacer sentir a la otra persona que compartes al escucharlo su alegría, a través de una sonrisa o inclusive un sentimiento de tristeza o asombro durante la conversación. ¿Cómo puedes brindar un consejo si no entiendes lo que le ocurrió? ¿Cómo puedes compartir un sentimiento si no sabes lo que siente? 

Si procuras agregar a tu personalidad el maravilloso hábito de la capacidad de escuchar, tus relaciones humanas se verán multiplicadas.

En una ocasión escuché a alguien decir que Dios nunca se equivoca. Que escuchar es más importante que hablar. Por eso nos dio dos orejas y una sola boca; ¡para escuchar el doble de lo que hablamos! Un proverbio chino dice: “Quien mucho sabe, no habla; quien mucho habla, no sabe” ¿qué opinas?

Te invito a mejorar tu habilidad de escuchar. Ánimo, hasta la próxima. 

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