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3 grandes faltas que cometemos y dañan nuestro ser y a los que nos rodean. Mira cómo evitarlo

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO


He escuchado a muchas personas dejar de intentar cosas por el miedo, ese enemigo a veces forma parte de nuestra vida. El miedo paraliza, sin embargo debemos alejar esta sensación negativa de nuestra vida, pues podemos llegar a arrepentirnos más de lo que hemos dejado de hacer, que de todo aquello que hicimos. 


Aunque muchos lo nieguen, en nuestro paso por la vida todos hemos cometido “pecados”, no se trata de acusar a nadie, ni de darnos golpes de pecho negándolo, me refiero a otro tipo de actos y no en el sentido religioso, sino tal y como lo define el Dr. Miguel Ruiz, autor del libro Los cuatro acuerdos: 

“Pecado viene de la palabra en latín pecatus. Las religiones hablan de pecados y pecadores, pero entendamos qué significa realmente pecar. Un pecado es cualquier cosa que haces y va contra ti. Todo lo que sientas creas o digas que vaya contra ti es un pecado. Cuando hacemos daño a otra persona, verdaderamente nos estamos dañando a nosotros mismos; dañamos nuestra estabilidad y el amor que debemos manifestar”


Así que en realidad, el pecado es toda acción que dañe nuestro propio ser y a quienes nos rodean; siendo conscientes de esta definición, me gustaría compartir con ustedes los que considero como tres grandes faltas que cometemos al dejar de hacer lo siguiente: 

1. Primer pecado: Saber leer y no leer

La lectura es algo tan indispensable para nosotros, sin embargo para algunas personas resulta incluso una pérdida de tiempo y no un hábito que puede traernos grandes beneficios. El peor pecado que podemos cometer como seres pensantes es hacer a un lado nuestra cultura, el dejar de cultivar la mente y rechazar todo lo que hemos aprendido por pura flojera. Afrontémoslo ¿Cuántos jóvenes y adultos que han completado su formación educativa a nivel profesional dejan de leer cuando salen de la carrera? Yo he conocido a personas sumamente cultivadas que ni siquiera han completado estudios profesionales y aún así, tienen mucho conocimiento por ofrecer, y esto se debe a que jamás dejaron de leer e informarse. La lectura nos ofrece ampliar nuestro vocabulario, vivir mejor, aspirar a más, conocer lugares a los cuales solamente la imaginación nos puede transportar y sobre todo a tener una visión más amplia de este mundo. Dediquemos un poco de nuestro tiempo a la lectura, porque no hay regalo más grande y valioso que el conocimiento. 

2. Segundo pecado: No reconocer lo bueno

Otro pecado de omisión es el no reconocer lo bueno de alguien ¿Por qué nos cuesta tanto trabajo darle crédito a quien se lo merece? Debemos aprender a cultivar la humildad en nuestro corazón, pues no nos quitará nada el dar afecto y apoyo sincero a quien ha hecho logros importantes en su vida. Una palabra de reconocimiento expresada a tiempo, estimula a quien la recibe, le hace sentir aceptado, querido y con mucho bienestar; recuerda que en esta vida no nos encontramos solos, el trabajo en equipo en el campo laboral y saber darle a quien se ha esforzado esa palmadita en la espalda dando las gracias, da una enorme motivación

3. Tercer pecado: Haberse ido a dormir sin haber ayudado a alguien 

Ayudar a los demás deja una gran satisfacción para nosotros mismos, el ver que alguien cuyas dificultades son mayores a lo que enfrentamos a diario, nos hace tomar consciencia de lo afortunados que somos, y eso, nos inspira a ayudar a los demás. 

Siempre es posible estar atentos a las necesidades de nuestro prójimo para ayudarle y ser mejores personas. Durante el día se nos presentan cientos de oportunidades para brindar apoyo a los demás, puede comenzar con algo tan sencillo como ceder el paso a un peatón bajo la lluvia, o ceder el asiento a una persona mayor en el transporte público sin jugar la carta de “es que me quedé dormido, pero si lo hubiera visto…”

Facilitarle la vida a alguien, es también una manera de agradecerle a nuestra familia y al creador por lo maravillosa que ha sido la nuestra; ayudar es dar amor. No permitas que la flojera y la indiferencia te aleje del camino de la bondad, no te alejes del buen camino y verás que tu vida también será más agradable al saber que has podido apoyar a quien más lo necesita. 

Espero que tras esta reflexión, seas consciente de que siempre podemos empezar a mejorar nuestro actuar y ser mejores. No permitas que estos “pecados de omisión” se apoderen de tu vida, levántate de ese sueño tan pesado llamado insensibilidad se apodere de tu buen corazón. 

¡Ánimo, hasta la próxima! 

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