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Deja de lamentarte por lo que ya no puedes cambiar. Mira qué hacer para disfrutar el presente

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO


¿Cómo empleas tu tiempo? Te lo pregunto porque muchas veces he hablado de que eso es lo más importante que tiene cada ser humano, pero desafortunadamente es algo que podemos entender muy tarde, cuando los momentos más importantes se han ido. Nuestra vida va tan rápido que hacemos las cosas sin pensarlas y terminamos sobreviviendo en lugar de vivir. Hoy quiero compartirte cómo y porqué debemos disfrutar cada momento al máximo.

Permíteme compartirte mi experiencia personal. La semana pasada fui a un festival de baile de mi hija. Vieras cómo me sorprendí de verla tan grande. Quienes tenemos la dicha de ser padres podrán entender perfectamente a lo que me refiero.  El tiempo ha pasado tan rápido. 

Le dije a mí esposa algo que estoy seguro que tú también algún día has dicho: “¿En qué momento creció tan rápido? ¿Hace cuánto la traía cargando?” Tengo que reconocer que se me nublaron los ojos y deseé que el tiempo retrocediera por unos momentos para volver a jugar con la niña de los trastecitos y las muñecas. La niña que jugaba a maquillarse y que ahora lo hace frecuentemente. Pero recordé mi faceta de conferencista donde recomiendo una y otra vez aceptar la realidad y disfrutar el momento, así que disfruté su baile y aplaudí fuertemente su increíble actuación. 

Hay un dicho popular que dice: "La vida dura tres días y dos ya han pasado". 

Cuántas personas se quejan amargamente de no tener tiempo, y la realidad es que no valoramos tan grande tesoro. Destinamos más tiempo a lo que creemos que verdaderamente nos deja beneficios y generalmente son económicos buscando de esta forma cubrir las necesidades de quienes más amamos, lo cual no es malo, simplemente en este afán, olvidamos la calidad de tiempo en lo que recordarán por siempre. 

Recordando la infancia de mis hijos,  un día me di a la tarea de organizar un domingo donde pudiera convivir más con ellos. Por la mañana los llevaría a desayunar, al mediodía los llevaría a una función de teatro, después a comer y luego al circo y como terminó la función a las seis de la tarde decidí llevarlos un rato al parque que está frente a la casa donde les conté dos historias. Por la noche les pregunté qué fue lo que más habían disfrutado y enorme fue mi sorpresa cuando el mayor me contestó: “lo que más me gustó fue platicar en el parque contigo”. “¿¡Pero cómo?! ¿y todo lo demás?”, pregunté.  “También me gustó” –dijo- “Pero más ese momento”. (Si hubiera sabido me ahorraba el pago de desayuno, comidas, teatro y circo).

Aprendí que los momentos que verdaderamente importan y se valoran son precisamente los que se entregan íntegros a través de la convivencia directa. 

El tiempo pasa tan deprisa a nuestro alrededor que tan sólo nos damos oportunidad de "sobrevivir". Nos convertimos en esclavos de la rutina y pasamos cada uno de nuestros días sumergidos en un mar de problemas y situaciones triviales que pocos momentos libres dejan.

Vivimos en un mundo en el cual es más importante saber cómo cerró la bolsa hoy, que cómo amaneció nuestra madre, o bien, enterarnos sobre todos los detalles del caso político de moda, a preguntar cómo estará ese amigo que tenemos tiempo sin ver. Con esto quiero decir que en muchas ocasiones ponemos en segundo plano a las personas que verdaderamente le dan sentido a nuestra vida y sin querer nos volvemos frívolos y egoístas. 

Hemos olvidado que somos las personas las que movemos al mundo y no al revés. Olvidamos el placer de vivir para pasar tan sólo a sobrevivir en un mundo regido por el caos, el estrés y la complejidad. 

Cuantificamos nuestro tiempo en dinero, no nos importa pasar algunas horas extras en nuestro trabajo para ganar más o una mejor posición en la empresa y sentir que así podemos ganar al mundo, pero nunca nos percatamos de que al hacer eso estamos perdiendo cosas tan grandes como la infancia de nuestros hijos, la oportunidad de disfrutar a nuestros padres, de construir momentos con nuestra pareja o de visitar a algún amigo. Lo más irónico de esto es que estas cosas que alimentan y engrandecen al ser humano son gratuitas y tan sólo nos cuestan un poco de nuestro tiempo.

La gran diferencia entre vivir y sobrevivir está en la calidad de vida que tenemos, en las vidas que cambiamos para bien y en la felicidad que obtenemos con nuestro diario caminar. 

He decidido disfrutar más mi trabajo, aún y con las adversidades que se presentan. He decidido no dejar pasar un solo día sin dejar de reconocer y apreciar a quienes tanto amo. No quiero que al final de mis días me arrepienta de haberme olvidado de que lo que verdaderamente me hace trascender es el amor que he recibido y he otorgado. 

Hay un antiguo dictado oriental que dice: “Dios mueve el cielo entero de aquello que el ser humano es incapaz de hacer. Mas no mueve una paja en aquello que la capacidad humana pueda resolver”. Esta frase me llegó en un momento crucial en mi vida y fue precisamente cuando entré en la rutina de sobrevivir y me olvidé de disfrutar. 

Es una decisión personal hacer consciente lo que hacemos y encontrarle sentido a nuestro esfuerzo. No es una iluminación o un don que solamente Dios otorga a unos pocos, vivir en el aquí y en el ahora es una decisión personal que se toma probablemente en momentos de introspección o en momentos de dolor, cuando creemos que la vida se está yendo como agua entre las manos.

Estoy convencido que la vida es un maravilloso regalo y que es responsabilidad individual estar más presentes, más dispuestos a detectar los momentos que nos hacen felices y a las personas que verdaderamente importan. Estoy convencido que nacimos para vivir y no para sobrevivir. 

Quiero pedirte que no te lamentes por lo que ya pasó, que simplemente tomes esas experiencias como lecciones para poder cambiar de hoy en adelante, valora tu tiempo y úsalo en lo que realmente vale la pena. Ánimo, hasta la próxima.
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