Badabun te recomienda

El perdón es un regalo que te das a ti mismo. 3 pasos para lograrlo y sanar tu alma

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO


¿Qué tan difícil te es perdonar? Quizá hay cosas que te resultan sencillas pero otras que jamás tolerarías. La vida es curiosa y suele ponernos ante circunstancias inimaginables, el perdón no es la excepción. Por esto decidí hablar contigo en esta ocasión sobre lo difícil que puede ser perdonar. A pesar de las circunstancias, estoy convencido de que el perdón es la clave para liberarte de cualquier problema y alcanzar la felicidad.


● “Nunca perdonaría esto…”

● “Jamás te perdonaría si …”

● “El que me la hace me la paga…”



¿Te suenan estas frases? Son de personas a las que les respetamos su opinión. Claro que también hay otras que nos dan el gran ejemplo de lo bueno que es vivir sin cargar rencores. Guardar todo eso hace que con el paso de los años, cuando preguntas cuál fue el problema, quizá ya ni lo recuerdan, cargan un rencor que sólo puede liberarse con perdón.

¿No te parece una gran pérdida de tiempo pensar en lo que nos hicieron una y otra vez sin superarlo? Pésima inversión es recordar una y otra vez las ofensas recibidas sintiendo el dolor, como si en cada recuerdo reviviera. Tú mandas en tu mente, nadie más, y no puedes permitir el libre tránsito de pensamientos desgastantes y lastimeros que destruyen tu valioso presente.

Es imposible regresar el tiempo para evitar lo sucedido, y más imposible es cambiar a quien no tuvo la mínima consideración contigo y, por más que pienses en los porqués, jamás encontrarás las respuestas a todas esas preguntas, ya que cada cabeza es un mundo y el resultado de su historia personal.

Así que entre más pronto puedas cambiar la pésima calidad de los pensamientos que te atormentan, más pronto podrás salir de este círculo de dolor que proporciona un mal ejemplo a quienes te rodean y, tal vez, te tienen como ejemplo a seguir.

No conozco a nadie que haya dicho que ha sido muy feliz con el rencor a cuestas, y sí he conocido a mucha gente que disfruta su vida gracias al proceso de perdón que inicia. No se vale decir que no estás diseñado para perdonar ofensas, porque el mundo está lleno de quienes sí lo hicieron y viven en un estado de felicidad envidiable.

De entre tantas historias que he conocido, una de las que más me ha impactado, que por cierto puedes encontrar en YouTube, es la de Ricky Jackson, quien a finales de 2014 dejó su vida como preso, después de estar encerrado durante 39 años. Pero lo más impactante de esta historia es que su confinamiento ¡fue por un crimen que no había cometido!

Desde los dieciocho años hasta ahora, que tiene 59, estuvo recluido más tiempo que cualquiera que haya sido liberado por una condena equivocada. Lo anterior, según el Registro Nacional de Liberaciones en Estados Unidos. Lo pusieron en libertad después de que el testigo Eddie Vernon confesara que había mentido ante el juez sobre el asesinato de Harold Franks, al decir que el causante de la muerte había sido Ricky Jackson en la ciudad de Ohio, Cleveland. En aquel entonces, cuando lo acusó, Vernon tenía tan sólo doce años. Finalmente, Vernon dijo la verdad, él nunca vio nada, y ahora que lo hizo, se siente muy aliviado. El ministro de Justicia no condenó a Vernon por sus mentiras.

Lo más impactante y digno de ser compartido es que Jackson tampoco sintió deseo de venganza. Al salir en libertad sus palabras fueron: “No lo odio. Ahora es un hombre; antes era sólo un niño y fue cuando todo esto sucedió.” El ex presidiario desea lo mejor para Vernon y enfatiza: “Es muy valiente lo que ha hecho y le deseo una larga vida. Estoy muy feliz de estar libre... ha sido una montaña rusa emocional.” Y continúa: “No encuentro palabras para expresar lo que siento ahora.”

Al ver el video de su liberación por un momento imaginé qué podría estar pasando por la mente de ese hombre al escuchar que es libre después de tantos años de privación por algo que nunca hizo. ¿Cuántos más estarán en prisiones de manera injustificada? Y después de tanto sufrimiento, reciben un “usted disculpe…”  ¡Treinta y nueve años de su vida preso por un asesinato que no cometió! Y sale justificando de alguna manera al acusador por su poca madurez y al final enaltece su valentía por hablar con la verdad. ¿Cómo perdonar algo así? Y, sin embargo, lo hizo y de corazón.

Cuántas personas existen que por situaciones que para nada se comparan con el caso expuesto no perdonan un daño, o lo que creen que lo es, y se envuelven en su rencor y orgullo. Se estancan en su papel de víctima incomprendida y siguen así por el resto de su vida, recordando una y otra vez lo injustos que fueron con ellos.

No podemos seguir enganchados a la falta de perdón, son más las secuelas que los beneficios que tiene. Por supuesto hay de ofensas a ofensas, y no podemos generalizar el impacto del daño y mucho menos juzgar el proceso tan personal del perdón. Amado Nervo escribió: “Lo que nos hace sufrir nunca es una tontería, puesto que nos hace sufrir.”

Te comparto tres pasos que serán un buen inicio para avanzar en este benéfico camino del perdón. Los he titulado el ABC, para evitar de una vez por todas engancharte más al resentimiento:

A. ¿Deseo aclarar algo de lo vivido?

Si existe la posibilidad y sientes la imperiosa necesidad de hablar con el agresor, hazlo, si así te lo dicta tu voz interior. En muchas ocasiones detectar el firme arrepentimiento o percibir la misma postura cínica te hace tomar las riendas de tu vida y aceptar que no puedes modificar los hechos y te enfrentas a la duda de seguir cargando este terrible peso o soltar amarras para llegar a un mejor puerto. Si no es posible y no deseas un encuentro con quien sientes que te lastimó, continúa con los pasos que te recomiendo a continuación.

B. Decide perdonar.

Es el paso más importante y significativo; es el primer nivel en la escala del proceso gratificante que representa perdonar. Probablemente no sabes cómo lo harás, pero ya lo decidiste y representa el 50 por ciento de tu propia terapia de sanación.

C. Empieza actuando y terminarás creyendo.

Ya decidiste perdonar, ahora di, aunque sea de dientes para afuera, que perdonas y liberas. Es posible que no lo sientas de corazón, pero a costa de la repetición –al igual que la mentira– terminará por ser una realidad. Por varios días, cuando te ataque la ansiedad por lo vivido, di que ya iniciaste el proceso del perdón. Empieza a sentir conforme pase el tiempo cómo empiezan a cambiar tus emociones o sentimientos respecto a la situación vivida. Cuando por alguna razón alguien te recuerde o desee indagar más sobre el asunto que deseas superar, procura no repetir la cantaleta que tal vez memorizaste de tanto expresarla, sólo di que es algo que deseas superar y que no vale la pena continuar con este argumento.

Este ABC me ha funcionado y lo compruebo con cada ataque que de repente recibo o tomo como tal. No puedo permitir que mi presente se amargue con cuestiones de mi pasado. ¡Día vivido, cartucho quemado!, y no voy a malgastar los días que me quedan por revivir los peores momentos, así que para atrás ¡ni para agarrar vuelo! 

Prefiero aprender de lo vivido y no dejar que el recuerdo se vaya esfumando poco a poco por la poca importancia que le dé. Sé que perdonar no es olvidar, pero también sé que conforme deje de ser prioridad en mi mente, el recuerdo pasará a los últimos planos de mi memoria.

¿Estás listo para perdonar? Ánimo, hasta la próxima.

Recomendados
Recomendados