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¿Esposa o esclava? ¿Qué hacer si tu esposo NO te valora? no aceptes menos de lo que mereces

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO


Estoy impactado por la enorme cantidad de parejas que veo juntas y que no reflejan amor o felicidad. Es cierto que todos podemos pasar por momentos difíciles, pero algunas personas llegan al punto de conformarse con lo que no querían, aceptan malos tratos y creen que deben vivir con tristeza por el amor que alguna vez sintieron. Hoy quiero hablarte sobre el amor y servilismo, recuerda que todos tenemos derecho a ser felices. 

Hace unos días estaba viendo por tercera vez la película “La oveja negra” con Pedro Infante, donde interpretaba a un hijo obediente, bueno y trabajador. Su padre,  Don Cruz Treviño, interpretado por Fernando Soler, autoritario, insensible, mujeriego, golpeador, borracho. La esposa, sufrida y abnegada. Después de múltiples muestras de desprecio, el hijo quiere revelarse contra su padre y la mujer, enferma le dice: ¡Es tu padre! Tienes que quererlo y respetarlo.


Va y lo saca de una cantina donde estaba besuqueándose con varias mujeres y el hijo no lo juzga, lo respeta hasta el final, aún y que la madre muere me supongo yo, de tristeza por tantos desprecios y humillaciones.

“Hasta que la muerte nos separe” –Me dijeron en misa cuando me casé. Pero ¿cuántas muertes se adelantan por el cúmulo de desprecios, malos tratos y humillaciones? ¡La cultura del sacrificio por amor debe de quedar en el pasado! Y aclaro, la muerte no tiene que ser física, sino que puede acabar también con todo lo que la persona era, sus anhelos, ilusiones, amor, entre otras cuestiones.

Se nota cuando un matrimonio es feliz. Se nota la armonía y la comunicación fluida cuando existe entendimiento y se percibe también cuando en lugar de quererse, “se soportan”.

Esta semana en una reunión me tocó presenciar lo siguiente:

Un matrimonio de más de 30 años de casados. La mujer sumisa, con cara de abnegación y un dejo de tristeza. Él, un hombre con facciones duras, amargas y mandón a más no poder.

-Tráeme una cerveza. ¡Pero bien fría, no como la que me trajiste ahorita!
-¡Dile a los niños que no griten!

Esas fueron algunas de las “órdenes” que escuché, más las que no escuché y las “sutiles correcciones” como: “Así no fue… fue así…” “No, no, lo que pasó fue esto… tú ni sabes...” “Mira, si no sabes, mejor cállate”.

¡Pero qué momento tan incómodo para todos los que estábamos ahí! La mujer a todo decía que sí pero con señales de sufrimiento, de abnegación.

Esa pareja me hizo pensar en que existe un momento crítico en el que por “exceso de amor” hay quienes dejan de ser como son,  por ser la persona que los demás quieren que sea. La cultura del sufrimiento por amor es algo que en miles de parejas en México siguen padeciendo y es responsable de muchísimos problemas, pues es lo que los hijos de estas parejas aprenden y forman un ciclo muy triste. 

Cuando iniciamos una relación todo es “miel sobre hojuelas”. La necesidad de agradar a la pareja es mutua porque queremos sorprender, enamorar, cautivar y hacernos prácticamente indispensables. Te sirvo, me sirves. Te ayudo, me ayudas. Te demuestro que te amo, me demuestras lo mismo. Esa reciprocidad está presente y se procura.

Pero hay un momento en la relación, en la cual uno empieza a servir más que el otro; empieza a tener excesos de atenciones, aunque la pareja no lo merezca y psicológicamente ocurre un efecto que podría considerarse increíble, similar al Síndrome de Estocolmo.  En lugar de agradecer las atenciones inmerecidas aún y que se ha portado indiferente o agresivo,  empieza a exigir más y a tratar cada vez peor a quien todo lo da. Y esa persona lo permite con tal de recibir su aprobación y las miserias de amor.

Si en ese momento, no se pone un alto, puede continuar esa relación desgastante por mucho tiempo. Ocurre un proceso de “adaptación” donde la pareja siente que es parte de la vida y que pues “así es” y ni modo, olvida que está en este mundo para ser una persona feliz y plena. 


Se pierde la dignidad, el amor propio y el amor que se caracterizaba por servicio mutuo, se convierte en servilismo, que se define como: sumisión ciega.

Estoy consciente que puede tener alguna base cultural. Probablemente tanto tú como yo recordaremos a amigos o familiares que vivieron este tipo de relaciones tormentosas y aun así se “soportaron” hasta el final de sus días.

No puedo afirmar que la víctima sea solamente la mujer, porque también conocemos casos de hombres casados con mujeres autoritarias que tratan al marido con faltas de respeto inconcebibles.

Si crees que tú estás cayendo en el servilismo o que el trato a tu pareja no ha sido el mejor, te recomiendo que lean el libro “Lo que él necesita, lo que ella necesita”, escrito por Willard F. Harley. Es un texto excelente que les ayudará a re-encender y mantener la chispa del amor. 

Para finalizar, te comparto esta frase de mi autoría:

“Te di lo que quisiste, cambié lo que pediste, te amé como nunca imaginaste y no lo valoraste, no mereces tiempo, ni mente ni espacio.” 

Siempre habrá tiempo para retomar nuestro plan de vida, hacer aquello que nos llegue y nos haga felices, ánimo. Hasta la próxima. 

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