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Esto es lo más difícil de ser padre. Mira el mejor regalo que le puedes dejar a tus hijos

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO


¿Cuánto has aprendido de tus hijos? Seguramente cuando llegaron al mundo estabas muy nervioso pensando en cómo ibas a hacer para cuidarle toda la vida, hoy ves que el tiempo ha pasado y aún te preguntas si estás haciendo un buen trabajo, lo que no cambia es que tus hijos te enseñan más de los que imaginabas. En esta ocasión quiero hablarte de cómo es que los padres nunca terminamos de aprender. 


¿Te suenan conocidas estas frases? : 
“Papá, me das permiso para…”
“Papá, qué opinas de…”
“Papá, ¿por qué no?”
“Papá, ¿por qué yo?”
“Papá, no estoy de acuerdo…”



Por supuesto que nunca terminamos de aprender, los hijos se convierten en grandes maestros y cada día nos enseñan y ponen a prueba nuestra paciencia,  nuestra prudencia y, sobre todo, nuestra capacidad de adaptación.

Lo comento porque es importante estar conscientes de que los tiempos cambian y los hijos también, nosotros no enfrentaremos los mismos retos que le tocaron a nuestros padres. Personalmente me sorprende la capacidad de amar que tengo como padre y que sin duda alguna, cada día crece ¡sin manual de procedimiento! 

Sé muy bien que tú al igual que yo, te preguntas sobre las decisiones que tomamos, si son las correctas, si los límites que aplicamos son suficientes o innecesarios y sobre todo, si nuestra labor como guías será adecuada.

La madre Teresa de Calcuta, cuyo nombre verdadero fue Agnes Gonxha Bojax-hiu, fundadora de la Congregación de Misioneras de la Caridad en Calcuta y que durante más de 45 años atendió a pobres, enfermos, huérfanos y moribundos, dijo lo siguiente:

“El día a día está formado por cientos de actos cotidianos que pasan desapercibidos para la mayoría de nosotros, pero que contribuyen de manera insospechada a que el mundo mejore o empeore. Pequeñas decisiones en todos los ámbitos de nuestro día que van configurando de manera silenciosa el futuro de la sociedad. No podemos hacer grandes cosas, pero sí cosas pequeñas con un gran amor”.

Lo que quiero decir es que precisamente, estos pequeños actos van moldeando el futuro de nuestros hijos. Siempre están observando nuestras reacciones, nuestros reclamos, nuestros enojos y nuestras alegrías. 

Nuestros hijos analizan silenciosamente cómo reaccionamos ante lo inesperado, también cómo tratamos a nuestros seres queridos y a quienes no soportamos. 

Estudios del cerebro humano recientes han revelado que las neuronas se pueden multiplicar y que podemos aprender constantemente nuevas formas de hacer las cosas e incluso aprender o re-aprender a tener paciencia, bondad e inteligencia en el control de todas las emociones que poco a poco nos separan de los demás. 

Dejemos de lado la teoría que sin excepciones decía : “árbol que nace torcido jamás su tronco endereza”. Para quienes han experimentado dolor y violencia, quizá será más difícil enderezarse, pero para quienes toman la firme determinación, sí es posible. 

La realidad es que aprendemos y tomamos la decisión de cambiar como padres por varios motivos, algunos son : 



1. Porque han sido tantos los errores que hemos cometido, que al voltear hacia atrás, decidimos tomar acciones para cambiar. No estamos de acuerdo con lo que ha pasado o con la forma en la que hemos tratado a nuestros hijos, por los pésimos resultados que hemos obtenido. Como lo dijo Albert Einstein: “Si buscas resultados distintos ¿por qué seguir haciendo lo mismo?” O como lo dijo Shakespeare: “El pasado es sólo un prólogo. Tu pasado no es tu futuro, tu presente es tu futuro”.

2. Aprendemos y cambiamos cuando conocemos o admiramos a quienes queremos imitar, igualar e incluso superar. Bertrand Russell dijo: “La mejor prueba de que algo puede hacerse es que antes alguien ya lo hizo”. Las personas verdaderamente inteligentes tienen la humildad de aprender de la experiencia de los demás.

Incluyo aquí a quienes se llenan de la sabiduría que los libros aportan o películas con historias donde los protagonistas han sido los padres que logran sacar la casta y la actitud positiva ante las adversidades. ¿Quién no recuerda la maravillosa película “La vida es bella”, escrita, dirigida y protagonizada por Roberto Benigni?, quien en forma conmovedora nos transmitió el mensaje de fortaleza que un padre tiene hasta el final de su vida, haciendo hasta lo imposible por evitar el sufrimiento de su pequeño hijo en un campo de concentración.

3. También existen quienes cambiamos para bien cuando simplemente lo decidimos. Tomamos la rienda de nuestra vida para mejorarla. Por simple convicción, por amor y por esas ganas que todos tenemos en el fondo de nuestro corazón de querer trascender.

Mención aparte merecen todas esas mujeres que, ante la ausencia de un padre por diferentes razones, toman la firme determinación de educar, formar y amar a sus hijos.

Lo que más he aprendido en esta maravillosa experiencia de ser padre es que no se ven los mejores resultados en forma inmediata. Recordemos papás, que se plantan las semillas hoy y se recogen los frutos mañana y que la paciencia, la prudencia y la inteligencia pueden hacer milagros.

El segundo regalo más grande que le podemos dar a nuestros hijos es la disciplina, el primero es el amor, no lo olvides.

Ánimo, hasta la próxima.

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