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Mira cómo identificar lo que realmente nos motiva. Esto cambió mi vida

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO


¿Les ha pasado que tienen una idea muy clara, la comparten, la platican, la aplican en su vida, luego algo ocurre y la cambian? Algo así me pasó al leer un libro sobre las motivaciones del ser humano, me hizo pensar en que si hacemos las cosas por ganas o por miedo. Suena un poco extraño, pero permíteme compartir el tema contigo ¿sabes qué te mueve a hacer las cosas?


Khaled Hosseini, uno de mis autores favoritos, en su libro titulado “Y las montañas hablaron”, escribió una frase que me impactó y que quiero compartirte: “La gente tiene una idea muy equivocada de sí misma. Creen que viven en función de lo que desean, cuando en el fondo lo que les guía es aquello que temen. Aquello que no desean”.  



Por supuesto que cuando la leí de primera instancia no estuve de acuerdo con tan fuerte declaración, porque siempre he creído y lo he comentado en mis artículos, que a todos nos mueven básicamente tres cosas:  quién, qué y para qué. 

1.- El quién son todas aquellas personas que le dan sentido a nuestra vida, quienes están cerca de nosotros y nos impulsan a cumplir todo aquello que deseamos.

2.- El qué es lo todo lo material, aquello que creemos que importa pero que en ocasiones sobrevaloramos, olvidamos que nada de eso se irá con nosotros al más allá. A pesar de eso, buscamos un mejor futuro y luchamos por obtener comodidades como el dinero, la casa, el auto, la ropa, entre otros.

3.- El para qué es lo que le da sentido a todo lo que hacemos. Por este motivo nuestras acciones impactan en otros y en nosotros mismos. Es el conjunto de valores que tenemos para que todo en esta vida tenga un significado. 

Quizá pareciera que la frase de Khaled Hosseini está muy alejada de mi filosofía personal, pero al releerle, en donde expresa que lo que más nos motiva no es precisamente lo que tanto anhelamos sino evitar las consecuencias de no hacer eso que anhelamos (el miedo), identifiqué una realidad que todos en algún momento vivimos.  Acepto que tiene razón y lo explico con los siguientes ejemplos, en los cuales, obviamente, no podemos ni debemos generalizar: 

Anhelamos fervientemente tener una pareja con quien compartir nuestra felicidad, -que sería lo más conveniente- porque hay quienes siguen creyendo que es necesario buscar una pareja que  nos de la felicidad que tanto deseamos, lo cual es el peor espejismo, ya que mientras no aprendamos a estar solos con nosotros mismos y aprendamos a ser felices nadie vendrá a darnos esa felicidad que tanto deseamos. 

¿No será que es más el temor a la soledad lo que mueve a mucha gente a buscar a alguien con quien compartir la vida? ¿El miedo a que el tiempo avance y disminuya la posibilidad de ser padre o madre y cumplir con lo que nos han inculcado de tener una familia para dejar descendencia y ser felices? 



Estoy seguro que tú al igual que yo conocemos varios casos similares en los que su motivación más grande no ha sido tener por amor a alguien a su lado, sino evitar la soledad. Recuerdo algunos casos: 

¿En serio lo quieres, Sandra? -Bueno, tanto como quererlo y amarlo inmensamente no. Porque tú sabes que eso no existe. Digamos que me la paso muy bien y ya. Además es tiempo de sentar cabeza”. 

O este otro diálogo que recientemente escuché: “Mira, ella es la mujer ideal para que sea la madre de mis hijos, tenemos nuestras diferencias, pero sí la quiero, no tanto como quería a mi ex, pero estoy seguro que con el tiempo la querré mucho”.

¿Cuál crees que sea la mayor motivación de estas personas? Ni para qué hablar de la presión social de la soltería por elección, situación tan personal en la cual no deberíamos de interferir nadie. 

Luchamos por tener una carrera profesional “para ser alguien”, por cierto, obvio no estoy de acuerdo con esa expresión; como si no fuéramos alguien con o sin carrera. Sin embargo, puede ser más el temor por no lograr obtener un buen puesto a futuro, o agradar a nuestros padres o la imitación social, que el amor por la carrera que elegimos. 

Acudir a misa los domingos. Sería bueno hacer una encuesta para analizar quién verdaderamente va por gusto y plena convicción  o por temor a ciertas “represalias” que creemos que nuestro Dios tendrá con nosotros por no haber cumplido con ese mandamiento de la Iglesia. 

Otro ejemplo es el respetar las reglas de tránsito. ¿Lo hacemos por conciencia o por miedo a ser infraccionados? ¿Si tuviéramos la plena convicción de que en la carretera no encontraremos un federal de caminos, cuidaríamos la velocidad constantemente al manejar?  Sabemos el significado y el gran valor que tiene nuestra vida y la vida de quienes van en nuestro vehículo y en otros automóviles, sin embargo, no siempre estamos conscientes de ello. 

Pagamos nuestros impuestos con la consciencia de que significa bienestar para nosotros y progreso para nuestra ciudad y país ¿o lo hacemos por temor a la Secretaría de Hacienda? Puedo seguir enumerando más ejemplos que certifican que en ciertas ocasiones nos motiva más el miedo que verdaderamente lo que deseamos. 

Siempre he creído que el amor de un padre y una madre es incondicional; amamos infinitamente a nuestros hijos y expresamos de una y mil formas que no esperamos nada a cambio, pero en el fondo sí esperamos alguna retribución a ese amor, con respeto, disfrutar de su presencia, desear que nuestras recomendaciones sean aceptadas y sobre todo que al paso de los años no olviden todo el amor y esfuerzo que hemos invertido para que sean personas de bien. Claro que nos mueve precisamente esto último, pero también el temor a fallar como padres ¿no crees tú? 

Te invito a analizar tus motivaciones, si el miedo es la raíz de ellas piensa en el otro, en el bien común y en el cómo las buenas acciones siempre vuelven haciendo nuestra vida mejor, no dejes que el miedo te domine. 

Ánimo, hasta la próxima. 

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