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No dejes que las mentiras destruyan tu vida. Mira cómo eliminar este mal hábito

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO


¿Cuántas veces has dicho o escuchado una mentira? Seguro muchas, lo pregunto porque hay momentos donde el mentir se convierte en un terrible hábito que da pie a la infelicidad y a la soledad. Si este es tu caso o conoces a alguien con ese problema, te invito a que le compartas este texto pues hoy te diré cómo acabar con esa mala costumbre. 


“-Llamé a tu celular pero no contestaste…”

“-Mañana te envío la información…”

“-Sin falta, mañana te pago…”

“-Te quiero muchísimo, y siempre te seré fiel hasta con el pensamiento…” 

“-Señor, si me ayudas en esto te prometo que seré honesto para siempre…” 

“¡Acabaré con la corrupción y la impunidad!”



Esas son sólo algunas de las mentiras más comunes que muchas veces se dicen sin la mínima intención de que sean verdad. Tristemente la costumbre de mentir puede nacer en cualquiera de nosotros, yo no conozco a nadie que jamás haya dicho o apoyado una mentira. De forma ocasional o por costumbre, desde que somos niños surgen las ocasiones perfectas para mentir. Si nos ponemos a observar, veremos que los niños mienten cuando inventan algo o imaginan cosas para llamar la atención y/o ser atendidos. Los jóvenes lo hacen para obtener algo y los adultos porque les conviene. 

Se supone que este hábito debería desaparecer cuando vamos creciendo, pero en algunas personas se estimula al grado de que se convierten en mentirosos crónicos y lo peor, creen sus propias mentiras. 

Un mentiroso es una persona que tiene un desajuste en la personalidad, su carácter está desordenado y por lo tanto se siente inseguro de sí mismo, por lo que se refugia en las apariencias. 

Para no caer en ese juego de mentiras, lo primero que debemos hacer es reconocer lo que estamos haciendo mal. Por lo tanto, quiero compartirte una clasificación de mentirosos para que puedas hacer un examen de conciencia. 

1.- Mentiras parciales

También se conocen como verdades a medias. Ocurren cuando se oculta parcialmente la realidad con el fin de llegar a un objetivo. 

2.- Mentiras simuladoras

Por ejemplo: Atropello a una persona y huyo del lugar sin ser identificado. Al rato regreso y me mezclo con los curiosos fingiendo indignación por lo ocurrido. Estoy "mintiendo" gravemente a todos aquellos ante quienes simulo o finjo inocencia.



3.- Mentiras Piadosas

Son aquéllas que decimos para tratar de hacer más digerible una verdad tratando de causar el menor daño posible. Son mentiras  aderezadas con un toque de bondad. Suelen ser utilizadas simplemente para evitar fricciones innecesarias que pueden ser desagradables para alguien. Aunque “Vale más una verdad sutil que una mentira piadosa”.

4.- Mentiras por puro gusto

Son las mentiras propias de quienes viven en una  fantasía y quieren evadir la realidad mintiendo y mintiéndose a sí mismos. Gozan mintiendo. Pueden llegar a convertirse en mitómanos que no pueden controlar el impulso desmedido de mentir con tal de  construirse una mejor imagen frente a la sociedad o para conseguir lo que desean. 

Santo Tomás de Aquino, distingue tres tipos de mentiras: La útil, la humorística y la maliciosa y a  los tres tipos los clasifica como pecados. A propósito del tema quiero compartir contigo la fábula china de “El  príncipe y la semilla”: 

Se cuenta que allá por el año 250 A.C., en la China antigua, un príncipe de la región norte del país estaba por ser coronado emperador, pero para serlo,  de acuerdo con la ley,  debía casarse. Sabiendo esto,  decidió hacer una competencia entre las muchachas de la corte para ver quién sería digna de ser su esposa. 

Al día siguiente, el príncipe anunció que recibiría en una celebración especial a todas las pretendientes, y lanzaría un desafío. Una anciana que servía en el palacio hacía muchos años, escuchó los comentarios sobre los preparativos del evento. Sintió una leve tristeza porque sabía que su joven hija tenía un sentimiento profundo de amor por el príncipe.

Al llegar a su casa y contar los hechos a la joven, se asombró al saber que ella quería ir a la celebración. Sin poder creerlo le preguntó: "-¿Hija mía, qué vas a hacer allá? Todas las muchachas más bellas y ricas de la corte estarán allí. Sácate esa idea insensata de la cabeza”. 

Y la hija respondió: “-Yo sé que jamás seré escogida, pero es mi oportunidad para estar por lo menos por algunos momentos cerca del príncipe. Eso me hará feliz".

En la noche señalada, la joven llegó al palacio. Allí estaban todas las muchachas más bellas, con las más finas ropas, con las más preciosas joyas y  sus bien determinadas intenciones.

Al final del evento, el príncipe anunció el desafío:

 "-Daré a cada una de ustedes una semilla. Deberán cultivarla con amor y hacerla crecer. Aquella que me traiga la flor más bella dentro de seis meses, será escogida por mí para ser mi  esposa y futura emperatriz de China".
La dulce joven, que  no tenía mucha habilidad en las artes de la jardinería, sembró con mucha paciencia y ternura  su semilla, pues sabía que si germinaba,  y la belleza de la flor  surgía  como su amor, no tendría qué preocuparse por el resultado.

Pasaron los seis meses y vio que nada había brotado. Consciente de su esfuerzo y dedicación,  la muchacha le comunicó a su madre que sin importar las circunstancias,  ella regresaría al palacio en la fecha y hora acordadas,  sólo para volver a estar cerca del príncipe por unos momentos.

Ese día, a la hora señalada estaba ella allí, con su vaso vacío. Todas las otras pretendientes tenían una flor, cada una más bella que la otra; flores de las más variadas formas y colores. Ella estaba admirada. Nunca había visto una escena tan bella.

Finalmente, llegó el momento esperado. El príncipe observó a cada una de las pretendientes con mucho cuidado y atención. Después de pasar ante todas y cada una, anunció su resultado: “-Aquella bella joven, la del vaso vacío, será mi futura esposa”. 

Todos los presentes tuvieron las más inesperadas reacciones. Nadie entendía por qué,  el príncipe había escogido justamente a aquella que no había cultivado nada; que no llevaba flor alguna.

Entonces, con toda calma el príncipe explicó: "-Esta joven fue la única que cultivó la flor que la hizo digna de convertirse en emperatriz: la flor de la honestidad.
¡Todas las semillas que entregué eran estériles!".

El castigo de mentir siempre, con un propósito determinado, y hasta sin necesidad de hacerlo, sino simplemente por costumbre,  es que el mentiroso  pierde credibilidad y  pone en juego su honestidad. Decía Cicerón que “-Al embustero no se le da crédito, ni siquiera cuando dice la verdad”. Te invito a reflexionar sobre el tema antes de decir una mentira o apoyarla, ánimo. Hasta la próxima.

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