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Nunca pierdas la fe. Mira cómo aprender a confiar para ser feliz

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO


¿Alguna vez has pensado en la gran responsabilidad que implica ganarte la confianza de alguien? Tanto de quienes nos rodean, como la de nosotros mismos y por supuesto, la de esa energía superior en la que varios de nosotros creemos, el saber confiar y ser confiables es lo que nos hace animarnos a crecer, ese es el tema que compartiré contigo en esta ocasión.


Hay una frase que siempre me hace reflexionar en este tema, desconozco quién la dijo pero quiero que reflexiones sobre ella, dice así : “Confiar plenamente es un acto de valentía y amor; pero ganarte la confianza de alguien es la más grande responsabilidad”.



Sin duda es un gran tesoro tener amigos y familiares en los que podemos confiar plenamente, pero la responsabilidad que adquirimos cuando alguien decide confiar en nosotros es algo mayor pues nos comparten algo que no es del interés de otros, no necesariamente porque se ve mal sino porque ha marcado a esa otra persona de alguna manera.

Y así como me asombra la gran capacidad que tienen ciertas personas de convertirse en “paños de lágrimas” al recibir emociones y sentimientos que no fácilmente se comparten, más me asombra quienes tienen fe ciega en un poder supremo que puede llegar a convertir en posible lo imposible. Me refiero por ejemplo a un Dios misericordioso siempre dispuesto a escucharnos, pero que por la duda no creemos que los milagros suceden. Dudar de ese poder es poner límites a que lo bueno y lo mejor llegue; es poner un límite a recibir todo lo que por naturaleza está destinado a nosotros. 

Una vez se estaba incendiando un edificio de nueve pisos en el centro de una ciudad muy importante. Los inquilinos, al enterarse de que el edificio estaba en llamas, rápidamente salieron de sus departamentos, a excepción de un niño de ocho años de edad que dormía en uno de ellos, pues su papá había salido al súper y su mamá estaba de viaje.  El fuego crecía cada vez más e iba subiendo piso por piso. Los bomberos intentaban apagarlo pero sus esfuerzos no eran suficientes.  El edificio estaba totalmente en llamas y los bomberos pidieron refuerzos a otras unidades de la ciudad.  El drama aumentó cuando los bomberos se dieron cuenta de que el niño estaba en uno de los pisos.

De repente apareció el padre del niño preocupado y muy desesperado pidiendo ayuda.  Viendo este cuadro, los bomberos hicieron un último intento, pero las escaleras no podían llegar hasta las paredes del edificio por haber fuego en todas ellas, entonces se escuchó el llanto del niño gritando “¡Papá! ¡Tengo miedo!” El padre lo escuchó y llorando le dijo: “¡Hijo! No tengas miedo yo estoy aquí abajo. No tengas miedo”. Pero el niño no lograba verlo: “Papi, no te veo, solo veo humo y fuego”. El padre sabía que estaba ahí en la ventana porque el fuego lo iluminaba. “Pero yo sí te veo” -le gritó el padre.  “Hijo, ¿sabes qué debes de hacer? Tírate, que aquí te agarramos todos los que estamos abajo, ¡TÍRATE!”



El hijo le respondió: “Pero yo no te veo”. El padre contestó: “Sabes cómo lo debes de hacer, cierra los ojos y ¡lánzate!” A lo que el niño respondió: “Papá, no te veo, pero ¡allá voy!” Y cuando el niño se lanzó abajo, lo rescataron.  Entonces el padre lo abrazó y lloró con su hijo, estaban asustados pero muy contentos.  El hijo comprendió que hay veces que al Padre no se le ve, pero sus palabras son suficientes para confiar en él.

Así es nuestra vida, muchas veces hay incendios, tenemos problemas parecidos a este niño y ese poder divino nos dice: “¡Tírate! CONFÍA EN MÍ”, y nosotros tenemos que lanzarnos aunque no veamos nada, ni sintamos nada, con FE tenemos que salir adelante ¡Porque sólo su palabra nos basta!

Vale la pena vivir confiando en alguien, con la precaución de nunca idealizar porque los hombres o las mujeres pueden fallar, pero quien nunca falla es Dios, siempre dispuesto a escucharnos. ¿Sientes que estás confiando en las personas correctas? Si ellas o ellos te han salvado de tus incendios emocionales, estás rodeado de las personas correctas, pero si crees que te dejarían morir en ese lugar, no merecen que compartas con ellos ese tesoro.

Ánimo, hasta la próxima.

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