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¿Por qué yo, por qué a mi? La vida no está en contra tuya, mira cómo sacar lo mejor de cada situación

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO


¿Cuántas veces te has preguntado “por qué a mí”? Seguramente muchas, yo también lo he hecho y es producto de la desesperación que sentimos al estar en una situación difícil. Quisiéramos que todo nos saliera bien pero no, siempre hay algo, como dicen por ahí, es “una piedrita en el zapato” y hoy quiero compartir cómo hacer de ese momento algo bueno para tu vida.


Por naturaleza, todos sentimos la necesidad de ser felices; Casi puedo asegurar que ése debe ser nuestro estado normal, nuestra forma de vida. Ésa debe ser nuestra aspiración máxima: ser felices y anunciarlo a los cuatro vientos, demostrarlo ante todos los que nos rodean. Sin embargo, debemos estar conscientes de que por el sólo hecho de ser humanos, nuestra vida puede verse afectada de diversas maneras, ya sea por causas naturales o por ser parte de una sociedad que, en el ejercicio de sus libertades, puede influir en nuestra vida para bien o para mal.



De la misma forma en que aceptamos la anterior conclusión, debemos tener presente que corresponde a cada uno de nosotros, decidir nuestras reacciones ante cualquier circunstancia; la forma cómo reaccionamos ante una ofensa; el modo cómo enfrentamos algún peligro; la manera cómo sufrimos alguna pena, eso depende de cada quien.  

Dios nos da libre albedrío; Dios no quiere que ocurran algunos hechos que nos suceden y nos dañan. Desde que nacemos nos da la libertad para elegir entre el mal o el bien; desea que escojamos el bien, el amor, la bondad y el entendimiento; sin embargo, hay quienes escogen el mal y con sus acciones dañan a gente buena que, sin deberla ni temerla, sufren las consecuencias de actos que pueden causar mucho dolor. Esto lo digo por ese afán de cuestionarnos por qué Dios ha permitido tanto dolor.

Hay leyes de la naturaleza que pueden causar muchos daños y hacer que miles de personas pierdan la vida. No es que Dios lo quiera o lo permita, son leyes de la naturaleza que siempre han existido. ¿Por qué hay huracanes que devastan ciertas ciudades y otras no? ¿Habría más gente que merecía morir en una ciudad que otra? Por supuesto que no. Son leyes de la naturaleza que nos afectan y nos seguirán afectando y no es que Dios lo quiera o lo permita. 

Nosotros decidimos construir nuestras casas en determinados lugares que desde siempre han sido zonas de riesgo. Nuevamente te exhorto a que en lugar de decir: “¿Por qué Dios me envía esto o permite esto?”. Digamos: “Dios, ¿qué puedo hacer con esto que me ocurrió?, dame fortaleza y sabiduría para superarlo”. Esto puedes aplicarlo con cualquier energía superior en la que creas. 

La madurez de las personas se pone a prueba cuando al enfrentarse a una ocasión difícil, reaccionan con prudencia, con entereza y pueden conservarse tranquilos, cuando los demás pierden la compostura. Sufren los que se desesperan, los que no tienen la capacidad de aceptar lo inevitable.  Eso podemos verlo hasta en las situaciones comunes, cotidianas, simples y que habrán de repetirse muchas veces. 

Por ejemplo: vamos en el automóvil con la prisa ocasionada por nuestra mala planeación del tiempo y, para colmo, todos los semáforos nos tocan en luz roja. Podemos decidir por tirar maldiciones hacia todos lados, hacer un tremendo berrinche, insultar a los que planean la vialidad citadina, o esperar a que cambie el semáforo en el tiempo que tiene programado, no en el que traemos nosotros, y seguir nuestro camino.

Cómo reaccionar ante lo que nos pasa depende exclusivamente de nosotros mismos. A veces, nuestras reacciones no sólo nos afectan a nosotros, también afectan a quienes nos rodean, a quienes amamos, y luego, cuando reflexionamos, nos damos cuenta que situaciones simples las hacemos grandes por no haber reaccionado correctamente, nos sentimos malhumorados, apenados por haber explotado irracionalmente.

Siempre he pensado y espero que estés de acuerdo conmigo, que nosotros influimos en algo para que pasaran 90% de las cosas que nos ocurren durante el día, esto quiere decir que de lo que nos pasa, sólo 10% se debe a situaciones que no dependen de nosotros.

Hay autores que han escrito acerca del desarrollo humano, que afirman que el proceso de adaptabilidad en una adversidad, inicia desde el momento mismo en que afrontamos nuestra responsabilidad en un hecho por simple que parezca, y esos autores afirman que, en todo lo que nos sucede, nosotros hicimos “algo” para que sucediera.

Yo prefiero ser más cauteloso. En lo que nos ocurre, 90% de la causa la aportamos nosotros: “nos aceleramos”, no pensamos en las consecuencias, no nos cuidamos, no usamos las palabras adecuadas, no llegamos a tiempo, simplemente no teníamos la preparación necesaria para enfrentar tal o cual situación, etc.

No se trata tampoco de lamentarnos para hacernos sentir culpables y no poder sobrellevar las situaciones que nos incomodan y nos molestan. Simplemente deseo que tengamos en cuenta que de lo que nos pasa, nosotros aportamos 90% de los ingredientes para que suceda lo que no hubiéramos deseado que pasara; el otro 10% depende de otras personas, de otras circunstancias o acontecimientos, y espero que no caigamos en la tentación de querer acomodar en ese 10% todo lo que nos ocurra.

Lo que intento expresar es que hay circunstancias que no dependen de nosotros y otras que nosotros mismos construimos. Hablo, desde luego, de esas circunstancias simples, no de las que de ninguna forma está en nosotros evitar, sin embargo, debemos reaccionar aceptándolas, asimilándolas con resignación y entereza.

Siempre que algo nos suceda, porque de seguro algo nos sucederá aunque no nos guste, tendremos la tentación de preguntarnos ¿por qué a mí?, ¿por qué yo? Pero con el constante repaso de esas incógnitas no lograremos nada.  Si nos hacemos conscientes de nuestra responsabilidad y cambiamos el ¿por qué?, por un ¿para qué?, esa reflexión nos ayudará en forma efectiva en la superación de la adversidad. Un ¿por qué? nos permitirá sólo tratar de analizar hechos. Un ¿para qué? Nos llevará a comprender y a darle un sentido al por qué.

La vida sigue. Los accidentes, las adversidades y los malos momentos seguirán presentándose a lo largo de nuestra vida; corresponde a nosotros mismos decidir cómo reaccionar ante esos acontecimientos: lamentarnos de lo que nos ocurre o enfrentar el hecho, asimilarlo y seguir adelante.

Es mejor pensar en para qué sucedió tal cosa, qué es lo que vamos a obtener de lo sucedido, en qué nos puede ayudar a nuestro crecimiento, en vez de lamentarnos y tratar de entender por qué sucedió.

La vida es una gran aventura en la cual debemos promover la fortaleza necesaria para afrontar y superar exitosamente cuanta adversidad que amenace  nuestra felicidad. Ánimo, hasta la próxima.

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