Badabun te recomienda

Ser padre, el trabajo más difícil y bello del mundo. 3 cosas que NUNCA debes olvidar…

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO



¿Alguna vez te has sentido enfadado por tu mamá? No lo digo de una forma grosera, me refiero a esos momentos donde tu mamá opina sobre lo que comes, tu arreglo personal, tus horarios de trabajo o de la escuela, si se te va a hacer tarde o no. Hay momentos donde sentimos que la paciencia se nos ha terminado y quizá aunque no lo digamos, sí pensamos que mamá se ha pasado de la raya. Hoy quiero hablarte sobre esas situaciones donde simplemente quisieras decirle “¡No te metas en mi vida!”.


¿Cómo es posible que mamá siempre nos esté diciendo lo que tenemos o no qué hacer? Quizá varios de ustedes han recurrido a la frase “Mamá, por favor, no te metas en mi vida ¿quieres?”. 



Confieso que hace ya varios años le solté esa frase a quien me dio la vida. Hay momentos donde una vez que soltamos la piedra ya no se puede evitar su impacto, lo mismo ocurre con nuestras declaraciones. Jamás olvidaré las lágrimas que brotaron de sus ojos y el silencio que reinó en la habitación después de haberme escuchado. No me reprochó; no me reclamó ni ejerció siquiera su autoridad; simplemente me miró con más compasión que enojo y luego me dijo calmadamente : “Dios quiera que nunca, fíjate bien, nunca, un hijo tuyo te diga algo como lo que tú acabas de decirme. No te imaginas cómo duele.”

Al parecer no me había sido suficiente porque todavía le repliqué : “Mamá ¡no lo hagas tan grande! Es mi vida y yo soy el que tengo que decidir lo que hago y lo que no hago”. 

Dicen por ahí - y por algo será -, que en esta vida todo se nos regresa, que todo aquello que sembramos es lo que cosechamos, y mucho hay de verdad en ello. El caso es que hace algunos meses, mi hijo estaba muy ocupado queriendo armar uno de esos aviones que vienen en piezas que hay que ensamblar cuidadosamente para que todo tome forma. Al ver que estaba batallando decidí involucrarme sin pedirle permiso, casi le arrebaté el juguete y le dije : “¡Así no se arma esto; esta pieza debe de ir aquí y ésta acá!”. Después de varios intentos míos por arreglar el juguete, todo quedó peor. Las piezas parecían que no ensamblaban y lucía todo mal hecho. 

Mi hijo entre enojado y apenado, soltó la frase : “Papi, ¿te pido un favor? No te metas ¿quieres?”. Como habrán imaginado, rápidamente recordé la imagen de mi madre y las palabras que en aquella ocasión me había dicho casi como una sentencia. 

Una madre quiere lo mejor para sus hijos, las excepciones son pocas. Por lo general se ama a los hijos y se busca para ellos todo lo mejor del mundo y de la vida.

Cuando somos más pequeños no entendemos esto. Tienen que pasar los años y convertirnos en padres para estar del otro lado y conocer ese sentimiento. Al ser niños, adolescentes y jóvenes, creemos que tenemos la madurez necesaria para ignorar consejos y advertencias. Nos sentimos llenos de sabiduría y creemos que podemos tomar cualquier decisión, es por esto que nos desespera la actitud de nuestros padres a la hora de aconsejarnos.

Por naturaleza una madre quiere saber todo lo que involucra a sus hijos simplemente porque son parte de ella. Son carne de su carne y sienten un amor que no tiene comparación, ella se alegra con sus éxitos, con su felicidad; sufre con sus fracasos y su dolor. 

Hacerles ver que no les importa lo que hacemos, tratar de evitar que conozcan lo que pensamos; actuar con egoísmo y egolatría cuando lo que tratan es guiarnos, aconsejarnos, mostrarnos su amor y su cuidado con el escopetazo de un “¡No te metas en mi vida, yo sé lo que hago!”, es como arrancarles un pedazo del corazón y despreciar la oferta de su amor.



Los invito a reflexionar y ejercitar tres cualidades que podemos ofrecer a nuestras madres : 

1.- Paciencia

Es para entender que los años han pasado y que ellas no tienen la misma vitalidad que cuando éramos niños. Esta paciencia también nos ayudará a estar atentos a sus intereses constantes y hasta exagerados tal vez, por darnos lo mejor para nuestra felicidad, aunque nosotros pensemos que no tienen la razón.

2.- Prudencia 

Esta cualidad será para no herirla con frases o acciones que les provoquen sufrimiento. Tenemos que aprender a decirles lo que sentimos cuando creamos que ellas no tienen la razón. Debemos recordar que ellas merecen todo nuestro respeto por el hecho de que nos dieron la vida.

3.- Entendimiento 

Me refiero a tener la claridad de pensamiento para aceptar por qué nuestras madres quieren estar en todo, saber, opinar de todo lo que ocurre en nuestras vidas. Hay que entender también que así como ellas comparten sus consejos y preocupaciones, mañana seremos nosotros quienes anhelaremos ser tomados en cuenta por nuestros hijos. 

Amen a sus madres, demuestren todo su amor con hechos ahora, mañana, siempre; díganles que las aman, díganles ¡madre te amo! ¡te agradezco la vida!

Denle gracias a Dios y pídanle que ¡siempre se metan en sus vidas! Recuerden que madre sólo hay una. Ánimo, hasta la próxima.

Recomendados
Recomendados