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¿Tus palabras crean o destruyen? Mira cómo lo que dices impacta la vida de tu familia

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO


Me sorprende mucho el cómo pareciera que no somos conscientes de lo que decimos, la infinidad de ocasiones donde decimos algo de lo que después nos arrepentimos o cuando no medimos las consecuencias de aquello que sale de nuestra boca. Hoy quiero invitarte a que reflexiones sobre el poder de tus palabras ¡tú puedes hacer una gran diferencia!  



Por lo visto, no hemos aprendido la lección sobre el daño que ocasionamos  al expresar  palabras hirientes, a las personas que tratamos, a quienes amamos, con quienes convivimos o a quienes dirigimos. Las excusas del por qué nos desesperamos y decimos lo que sentimos sobran, pero el daño que ocasionamos al decirlas es enorme.  Déjame compartirte algo que me conmovió mucho en estos días: 


Conversé con una joven radioescucha, que académicamente le había ido “como en feria”. Calificaciones que distaban mucho de lo que, según palabras de ella, merecía por el tiempo y esfuerzo que había dedicado a estudiar. No entendía por qué no “le entraba” la información a su cabeza. Sentía que tenía una coraza en su cabeza que le impedía aprender. Después agregó: “Mi papá tenía razón.   -Un día me dijo: ¡pero qué torpe eres! ¡Pero que bruta eres! ¡No puede ser que no te aprendas nada! ¿Estás descerebrada o qué?”.  Me duele cómo una afirmación dicha en un mal momento, puede causar tanto daño a futuro. 

Estoy seguro, que esta joven, en aquel tiempo niña, aceptó ese decreto donde se ponía en juego su capacidad de retención y, por venir de la figura paterna, alguien a quien ella ama y respeta, lo tomó como un hecho, casi creo como una orden. 

Es fácil imaginar qué diferente sería, si ese padre hubiera tenido la paciencia y la prudencia para decir palabras que construyan: “¡yo sé que tu puedes!”,  “Tengo fe en ti”,  “No dudes de tu capacidad”,  “A veces las cosas no salen bien, pero estoy seguro que te va a ir mejor”.  Quienes hayamos tenido la gran fortuna de haber recibido esos estímulos positivos, sabemos lo que ocasionan en nuestro interior. 

El poder de las palabras es tremendo y más si vienen de alguien importante para nosotros; alguien que represente una figura significativa en nuestra vida. 

Miguel Ruiz en su libro “Los Cuatro Acuerdos”, recalca la importancia de ser impecable con las palabras. Impecable, viene del latín “sin pecado”, y expresa lo que para él es la mejor definición de pecado: lo que hacemos en contra de alguien o en contra de uno mismo. 

Cuando herimos con la palabra, estamos cometiendo un daño, el cual es imposible medir; sólo con el tiempo veremos los estragos. 

Imaginemos la repercusión que puede tener una palabra hiriente de un profesor hacia su alumno. Un decreto que le puede causar grandes daños a futuro y que inclusive le impida desarrollarse adecuadamente. 

Considero que la paciencia y la prudencia son valores que tenemos que alimentar y fortalecer continuamente. Es mejor decidirlo por convicción que por necesidad.

Hablar por convicción sería lo ideal. Hacer el día de hoy un alto en nuestro andar y verificar si nuestras palabras construyen o destruyen. ¿Utilizamos la fuerza de las palabras para hacer sentir bien y motivar a quienes nos rodean, o son para apabullar, destruir o bajar la autoestima? 

Cambiamos por necesidad cuando por dañar tanto a la gente que nos rodea, empezamos a sentir los estragos de la soledad, así como resentimiento por parte de ellos.  Es cuando, a costa del dolor que cosechamos con nuestras acciones decidimos cambiar, pero en ocasiones es muy tarde y no es fácil reparar el daño. 

¡Claro que podemos modificar los mensajes que enviamos a través de las palabras! Por supuesto que los más agradecidos con esto serán las personas que nos aman. Sin embargo, no podemos evitar que alguien utilice sus palabras para ofendernos de alguna manera. Siempre aparecerán a nuestro lado personas que deseen dañarnos, ya sea por envidia, por costumbre, por necesidad o sabrá Dios por qué razones. 

En esos momentos es fundamental poner en marcha nuestra capacidad de razonar y controlar la ira tomando las palabras de quien vienen, recordar que detrás de una persona difícil siempre hay una historia difícil. Muchas personas pasan la mayor parte de sus vidas sintiéndose ofendidas por lo que alguien les dijo. Lo cierto es que no tenemos por que tomar todo lo que nos ofrecen, nadie nos obliga a aceptar esos “obsequios” u  ofensas y a sentirnos mal por eso. 

Utilicemos la palabra para construir no para destruir. Para hacer sentir bien e importante a la gente que nos rodea. Un líder que motiva con la palabra logra muchos más éxitos en su vida por el ambiente de amabilidad y cordialidad que se respira en su entorno, de lo contrario, el rendimiento de su equipo será pésimo y hasta podría perder su posición de liderazgo. 

El libro “¡Bien Hecho!” de Ken Blanchard, me abrió los ojos sobre la importancia de utilizar las palabras para lograr que la gente haga lo que quieres que haga.  El reconocer la capacidad que las personas tienen, antes y después de hacer las cosas, hace la gran diferencia.


Este libro hace una comparación sumamente interesante acerca de este tema:   El autor investigó cómo le hacen los entrenadores de ballenas orca para lograr que estos animales brinquen, hagan giros en el agua y otras gracias más.  ¿Crees que fue a costa de gritos o golpes? ¡Por supuesto que no! Y si lo hacieran, te aseguro que la ballena no sólo no haría nada, sino que lograría  que el entrenador hiciera esos mismos giros en el aire pero contra las gradas del lugar del espectáculo. 

Las palabras que reconozcan y hagan sentir bien a las personas siempre serán bien recibidas. Un hijo que recibe estímulos verbales positivos, logra más cosas que quien recibe gritos y reclamos.  Psicológicamente está comprobado que cuando los padres nos armamos de paciencia y expresamos nuestro descontento con palabras constructivas y positivas, los hijos hacen más lo posible por modificar sus actos.

Hagamos ese gran esfuerzo para hacer que las cosas buenas sucedan. Quiero asegurarte que el esfuerzo valdrá la pena y que las palabras  constructivas harán milagros en quien las reciba. ¡Ánimo! Hasta la próxima.
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