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Es más fácil construir niños fuertes que reparar adultos rotos. Mira cómo lidiar con las reacciones negativas de tus hijos

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO


Es complicado lidiar con los hijos, sobre todo cuando están en la adolescencia, ya que es una edad bastante extraña, donde los jóvenes tratan de buscar su independencia, por lo que su carácter se vuelve sumamente difícil de manejar. 

Para evitar engancharse en una pelea con mis hijos en una edad tan llena de cambios, un día decidí poner en práctica el “Voy a hacer de cuenta…” En seguida te explicaré de qué trata esta sencilla técnica, la cual me ha funcionado bastante: 

Era un día del padre y mi familia me invitó a comer para celebrarlo; mi hijo estaba desvelado, pareciera que quien celebró la noche anterior fue él, y yo como adivino, le dije claramente:  


-Se que cuando estás desvelado, tu carácter cambia; andas más… sensible por no decir malhumorado, mal encarado o de “mírame y no me toques”... y no quiero que me amargues mi día. 

-No, papi, voy a andar muy bien- fue su respuesta

Pero… obviamente eso no ocurrió, al contrario, mi hijo estuvo serio durante toda la comida en el restaurante, tenía cara de “pocos amigos”; cuando se le preguntaba algo respondía solo con un “sí” o “no”, no quería convivir armoniosamente con toda la familia, y en un momento determinado, ante cierto comentario de su hermana, reaccionó diciendo palabras hirientes: “¡Ya! ¡Me tienes harto! ¿Para qué naciste?”

Mi esposa, ofendida y decepcionada estaba a punto de reaccionar, con todo el dolor que una madre abnegada y amorosa siente ante palabras tan ofensivas. Yo, sujetando por debajo de la mesa su pierna solamente le dije: “Tranquila” Y viendo fijamente a mi hijo le hablé con voz calmada, guardando la seriedad en todo momento, así que lentamente y sin alterarme le dije: “Hijito, voy a hacer de cuenta que no dijiste eso. Voy a hacer de cuenta que no escuché. Hablamos en la noche”

Tomé mi copa y con una sonrisa dije “Salud” para después cambiar de tema rápidamente y continuar con la bella celebración. Esa no es la reacción que normalmente hubiera tenido, pues antes me dejaba llevar por la ira y la negatividad, usando frases como las siguientes:  

-¡Te vas al auto y te esperas ahí!

-¡Y ni creas que vamos al cine!

-¡Tenías que amargar mi Día del Padre, sabía que bien ibas a salir con tu trastada, pero bueno! 

Y después de algunas de esas, seguiría el victimismo de mi parte, “¿Pero qué puedo esperar de ti? Sólo eso, que el único día que celebramos los papás, me lo amargues…” Lo cual solamente hubiera provocado un ambiente tenso, lleno de culpabilidad, tanto mi hija como mi esposa hubieran sufrido las consecuencias de un comentario lastimero como el anterior, y lo peor es que en ese caso, la plática sobre el incidente hubiera continuado: 

-¿En qué momento se hizo así? 

-¿Tenemos que tomar medidas más estrictas?

-Voy a quitarle el auto unos días…

-Mejor pido la cuenta y nos vamos a la casa.

Y se acabó la celebración…

Decidí no engancharme. Decidí la estrategia de creer o convencerme de que no quiso decir lo que dijo y sobre todo no permití que sus palabras hicieran olas tipo tsunami en el mar de la celebración. Decidí ser más paciente y prudente. Saliendo fuimos al cine y ¡hasta le compartí de mis palomitas! Al rato él estaba muy platicador y contento. Yo igual. 

Por supuesto que no dejé las cosas así. Al llegar a mi casa y antes de irse a dormir fui a su cuarto y le pregunté: 

-Ahora sí, dime, ¿Qué quisiste decir con eso de que ojalá no hubiera nacido tu hermana?

-No papi, no quise decir eso ¡Perdón! 

-¿Ah sí? Entonces vaya y pida perdón a su hermana y a su mamá. 

Regresó, platicamos de la importancia de no reaccionar impulsivamente y, sobre todo, del tema que más deberíamos de tener en cuenta: el de la tolerancia. Escuchó con atención, dijo sus argumentos y fin. Lo hecho, hecho está y es mucho mejor estrategia enfocarnos en alternativas de solución, que en el pasado que no podemos cambiar. 

Después de este episodio que se desarrolló con cierto éxito en la película de mi vida, decidí aplicarlo en otros momentos. Cuando escucho que en mi casa o en el trabajo se hace cierto comentario hiriente en contra de quien no está, digo la misma frase con el fin de no seguir el tema: “Voy a hacer de cuenta que no escuché eso”, lo cual sutilmente quiere decir cambiemos de tema. 

Tengo que reconocer que a veces me sale el tiro por la culata, porque en dos o tres ocasiones mi hijita me dijo: “Papi, voy a hacer de cuenta que no dijiste eso. Innecesario tu comentario”. ¡Zas! Ni modo, así es esto y lo positivo y gratificante de expresar esa frase, pues puede ayudar a no tomar personalmente los comentarios ni los agravios; dichos muchas veces sin pensar. Ayuda a no engancharte en ciertas situaciones que no valen la pena y que si se continúan, se complican por las emociones negativas. 

Vale la pena evitar situaciones complicadas y poco gratas con una simple frase, por supuesto que hay que dominar la virtud de la paciencia, ser asertivos y por supuesto, no dejar que los malos comentarios amarguen tu día, sobre todo cuando se trata de la familia, ya que son las personas con las que convivimos a diario. 

¡No te enganches en discusiones! Ni con tus hijos, ni con nadie, recuerda que a veces las reacciones pueden herir mucho más que las palabras pronunciadas por quien comete la ofensa. Vale la pena evitar a toda costa caer en la ira de los demás. Cuando alguien está enojado suele decir cosas que no quiere o de las que luego se arrepiente, así que esa es mi recomendación de hoy. 

“Voy a hacer de cuenta que no escuché eso…”

“Voy a hacer de cuenta que no quisiste decir eso…”

Mantén la calma y deja que el tiempo haga lo suyo.
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