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Mira cómo ver la vida de una forma positiva. Tú tienes el poder de ser feliz con lo que tienes…

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO


El pesimismo y el optimismo nos pueden llevar a infinidad de lugares en la vida, pero está en nosotros el decidir qué tipo de camino seguir para cumplir nuestras metas. ¿Es nuestra educación? ¿Es el ejemplo que vemos en casa? Permíteme explicártelo. 

En una ocasión escuché cómo una madre de familia platicaba a una dama que la acompañaba, acerca de las cualidades y defectos de sus dos hijos. 

“-El mayor de ellos –le explicaba-, se caracteriza por ser muy estudioso, muy dedicado a su superación, estudiante de buenas calificaciones y muy ordenado en todas sus cosas, sí, pero desgraciadamente es muy pesimista. A todo le encuentra un lado negativo; siempre piensa en que lo que hace no le saldrá bien o que algo malo va a sucederle. Se siente inseguro de sí mismo.

En cambio el otro, el menor, ¡es una chispa! Siempre anda alegre, es un excelente deportista, amiguero, noble, es capaz de quitarse la camisa para dársela a otro, a todo le haya el lado bueno, pero tratándose de la escuela… ¡Ah qué batallar! Qué difícil se le hace presentar examen; si las matemáticas resuelven problemas, él tiene un gran problema para entenderlas, pero no se rinde”.

Claro, quizá conoces a personas así en tu familia, pero si consideramos cuál de estas posturas lleva hacia un mejor futuro sería fantasear. Es imposible basar el futuro de alguien en su nivel académico, el optimismo o el pesimismo que muestran. 

Hay personas que son excelentes estudiantes, pero cuando se enfrentan al mundo y llega la hora de aplicar sus conocimientos, parecen inseguros, temerosos y se esfuma esa brillantez que vimos tiempo atrás. También están aquellos que quién sabe cómo pasaban las materias, lo hacían “de panzazo” y ahora resultan unos verdaderos triunfadores ¿en qué se dio el cambio?

Los pesimistas tropiezan con una piedra, caen, se lastiman y no dejan de hablar de la situación, reparten culpa, a todos le cuentan su experiencia, con todos se quejan. El optimista por su parte cae, se levanta y agradece que el daño no fue mayor.

Quiero compartirte las principales diferencias entre un optimista y un pesimista: 

1.- El optimista encuentra oportunidades donde los demás no. Analiza las fortalezas, las aprovecha e ignora las debilidades, encuentra luz en la oscuridad, hasta aprecia las espinas porque sabe que protegen las flores, siempre ven la manera de sacar lo mejor de cada situación, se enfocan en el para qué y no el por qué. Sabe que las cosas no serán siempre como uno quiere pero saben que hay soluciones, para ellos la fuerza se mide en los tiempos difíciles y no en los de paz.

Este punto me recuerda a una frase del primer ministro inglés Winston Churchill, escribió: “El optimista descubre una oportunidad en cada desastre. Para el pesimista, en cambio, toda oportunidad es un potencial desastre”.

2.- El optimista siempre buscará soluciones en lugar de culpables. El pesimista usa a los culpables para evadir su responsabilidad y retrasar soluciones. Quizá se es culpable de algo pero si se buscan soluciones y el cómo salir adelante, eso marcará la diferencia. 

3.- El optimista habla de eventos alegres, siempre con un  leguaje positivo aderezado con risas y sentido del humor,   pensando en un futuro alentador. El pesimista se muestra siempre derrotado, su plática es de penas, achaques, sufrimiento, incomprensión, dudas, temores, enfermedades y cuadros clínicos que a nadie interesan. El futuro podrá parecer incierto, es obvio, pero si aplicamos la ley de la atracción y la fe, nos conviene visualizarlo siempre en forma positiva, pues las oportunidades prosperan para quien las desea y las espera con fe. 

Y ¿acaso un pesimista puede transformarse en un optimista? Puede ser una labor dura, especialmente si se ha tomado esa actitud por mucho tiempo, cambiar costumbres es difícil pero no imposible. Lo triste es que el pesimista sólo verá este cambio como el resultado de varias fallas.

Hay ocasiones donde la vida da una segunda oportunidad, si somos de los afortunados en recibirla no debemos dejarla pasar. Hay que esforzarnos en mejorar nuestra actitud, si tenemos la voluntad necesaria para enfrentar la vida con ánimo, claro que dejaremos el pesimismo atrás. 

Esto no solo afectará al pesimista, también a quienes le rodean y para bien. La vida será placentera, amable y digna para todos. Quien brinque la zanja mental para arribar a la orilla del entusiasmo, el amor por la vida, el deseo de triunfar y el optimismo, llegará a la misma conclusión a la que han llegado muchos pensadores e investigadores de la conducta humana: “-Si piensas bien o piensas mal, es lo mismo. Las dos cosas dependen de ti, pero las consecuencias suelen ser muy diferentes” ¿cuáles quieres para tu vida? Ánimo, hasta la próxima.
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