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¿Cómo alcanzar el éxito en la vida? 3 claves para lograrlo y ser completamente feliz

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO


¿Cuántas veces has sentido que te encuentras ante un problema que no puedes vencer? ¿Que estabas cerca de la meta y de repente todo se vino abajo? La historia está llena de ejemplos que demuestran la importancia de no darse por vencido, y si aprendes a hacerlo tu vida cambiará por completo. Permíteme compartirte cómo hacerlo.

–¡No digas no puedo! –me gritó un día mi madre, enojada–. Mejor di: ¿me ayudas?


¿Cuánta gente echa por la borda sus planes o sus ilusiones, porque un día escuchó a alguien decir que ese sueño o ese proyecto era algo imposible, fuera de la realidad y de sus posibilidades? Y esa persona lo creyó o lo aceptó. Lo bueno cuesta, y cuesta mucho. Si todos supiéramos la influencia que tienen las palabras, los decretos y los pensamientos sobre cada uno de nosotros, entenderíamos por qué nos cuesta tanto trabajo superar las dificultades. Entre más repitas “no puedo”, más se fortalecen los obstáculos que te impiden lograr lo que te propongas. 




Llegó a mi mente el recuerdo de una maestra de mi escuela primaria, cuyo nombre omito por razones obvias. Al finalizar un trabajo para el concurso de oratoria, que solicitó a cada uno de nosotros con tres días de anticipación, y que por cierto se me hicieron eternos porque tuve que estudiar horas y horas. Lo peor de todo es que lo dije en forma verdaderamente espantosa. La profesora se acercó y me dijo al oído: “Cesarito, cuando crezcas dedícate a lo que quieras, menos a hablar en público”. Por muchos años, pasar al frente de un grupo era para mí un verdadero martirio. Rezaba para que nunca me preguntaran en clase y pedía a Dios que jamás tuviera que pasar el trago amargo de hablar en público. Las palabras de la maestra ejercieron todo su poder, creí ese decreto por años y se convirtió en mandato. Difícil de creer que ese es mi modo de vida en la actualidad y que lo disfruto inmensamente. 


Permíteme platicarte lo que ocurrió en el año 1976, durante una entrevista que el reportero de deportes y motivador Steve Chandler  hizo a un fisicoculturista y aspirante a actor llamado Arnold Schwarzenegger. Chandler recuerda que le preguntó: ¿Hacia dónde te diriges y cuál es una de tus metas? Con voz calmada Schwarzenegger respondió: “Camino hacia la meta de ser el actor número uno de Hollywood”. Para ese entonces su imagen no prometía mucho. Su acento australiano y su figura monstruosa no dejaban pensar que sería bien aceptado por audiencias futuras. 


Steve intentó decírselo, y Arnold le respondió: “Para llegar a esa meta estoy usando el mismo método que usé en el fisicoculturismo, y consiste en crear una visión de uno mismo y de lo que quiere ser, y entonces comenzar a vivir dentro de esa pintura mental como si fuera verdad”. Esto suena ridículamente sencillo, pero dentro de esa simpleza, Schwarzenegger caminó y llegó a ser no sólo un actor reconocido en todo el mundo sino también gobernador de California y, claro, con algunas de las consecuencias que trae la fama, como los escándalos en los que se ha visto envuelto. 


Después este mismo personaje, en una conferencia exhortó a estudiantes universitarios a luchar por sus sueños, y a no dejar que las adversidades cortaran esa pintura mental que habían diseñado de su persona.  

En 1894 en Harrow, Inglaterra, un joven de 16 años encontró junto a su boleta de calificaciones esta nota de su maestro de oratoria: “Eres pésimo en oratoria”. El joven siguió tratando de expresar sus ideas y llegó a convertirse en uno de los oradores más famosos del siglo XX. Su nombre fue Winston Churchill.


En 1905 la Universidad de Bern calificó un discurso de doctorado como “muy elaborado e irrelevante”. El joven estudiante de física que lo escribió siguió esforzándose, y llegó a desarrollar algunas de sus ideas como teorías aceptadas en todo el mundo. Se llamaba Albert Einstein.


Si investigas la historia de los triunfadores verás que en su pasado tuvieron múltiples obstáculos, los vencieron y nunca perdieron la esperanza. Si ellos pudieron, ¿tú por qué no?

Hay tres ingredientes clave para lograr cualquier objetivo: conocimiento, pasión y disciplina. Esto es lo que implica cada uno de ellos: 

1.- Conocimiento


Da seguridad y nos permite encontrar diversas formas para llegar a lo que deseamos. Si no conoces sobre el tema investiga, pregunta, analiza y agrega tu estilo, ese toque maestro hará la diferencia.

2.- Pasión


Es ir más allá del esfuerzo y la intención; se trata de poner el alma en lo que se hace. Nunca olvidaré la recomendación que años atrás me hicieron para elegir de manera asertiva a qué dedicarme. “Trabaja en aquello que disfrutes tanto, que estarías dispuesto a hacerlo sin pago alguno”. ¡Bendito consejo! 

3.- La disciplina 


Es dedicar el tiempo que sea necesario a fortalecer los hábitos que nos ayuden a lograr nuestros objetivos. Este punto me recuerda el libro “El Cerebro y la Música”, del neurólogo Daniel Levitin, que expresa lo siguiente: “Se requieren diez mil horas de práctica para alcanzar el nivel de dominio propio de un experto de categoría mundial en el campo que fuere. Estudio tras estudio, trátese de compositores, jugadores de baloncesto, escritores de ficción, patinadores sobre hielo, concertistas de piano, jugadores de ajedrez, delincuentes de altos vuelos o de lo que sea, este número se repite una y otra vez.” 

Desde luego esto no explica por qué algunas personas aprovechan mejor sus sesiones de práctica que otras. Pero nadie ha encontrado todavía un caso en el que se lograra verdadera maestría de categoría mundial en menos tiempo. Parece que el cerebro requiere todo ese tiempo para asimilar cuanto necesita conocer para alcanzar un dominio verdadero. ¿A cuánto equivalen esas 10,000 horas? ¡A unos diez años!

Lo bueno cuesta, y mucho; lo correcto no siempre será lo fácil, y esa suerte que tanto buscan algunas personas es simplemente prepararnos a conciencia, tener fe y aprovechar las oportunidades que llegan a nuestra vida. Por cierto, algunas sólo lo harán una vez. 

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