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No siempre lo que queremos es lo que necesitamos. Mira cómo identificar lo verdaderamente importante

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO


Alguna vez escuché decir que “no necesariamente lo que queremos es lo que necesitamos”. La frase me impactó muchísimo porque me recordó esa idea que a todos nos ha sido grabada de que “el que persevera, alcanza”. Me hizo pensar en la gran cantidad de oportunidades que se nos van por pensar sólo en nuestra meta, que quizá dejamos ir algo bueno por aferrarnos a algo que podría lastimarnos. Permíteme explicarte con este texto. 

Una creencia es una serie de ideas que nos fueron inculcadas en diferentes etapas de la vida y las convertimos en realidad o en estilo de vida.  Durante años recibimos diferentes informaciones sobre la forma en la que deberíamos de ser, creer y actuar ante diversas situaciones, es así como nos conducimos en la vida. 



Nuestras creencias dependen del lugar en el que nacemos, la cultura que nos rodea, la información que nos dan nuestros padres y/o familiares directos, la gente con la que nos juntamos y la predisposición que tenemos a ser influenciables. 



Muchas creencias que traemos están sumamente arraigadas y pueden ser dañinas, pero no comprobamos su alcance hasta que los resultados que obtenemos nos despiertan de ese sueño, o la presencia de alguien que influye fuertemente en nosotros nos hace cuestionarnos si vale la pena o no seguir creyendo en eso. Recuerda: no porque hemos aprendido algo quiere decir que lo vamos a creer toda la vida, siempre podemos aprender cosas nuevas y mejores. 


Como mencioné anteriormente, la frase “el que persevera, alcanza” es una creencia que he considerado positiva en mi vida. Me ha hecho luchar sin descanso por lo que quiero para convertir mis sueños en realidad. ¿Estás de acuerdo con la idea? 

Si contestaste sí, igual que yo que, te quiero manifestar lo que un especialista en el tema de las creencias me dijo en una entrevista en mi programa de radio. Se llama Fernando Malkun y tiene muchos años escribiendo, dirigiendo y realizando “Crealidad”, taller para recrear tu mente y cambiar tu realidad.  Él ha pregonado su teoría relacionada con la sabiduría sobre la evolución de la conciencia, a través de videos y conferencias que dicta en diferentes países.  Es  experto en diferentes civilizaciones y su relación con Dios. Estudioso de mayas, egipcios, hindúes, tibetanos, nepalíes y budistas, entre otros. 


En la entrevista cuestionó fuertemente la creencia de que "el que persevera, alcanza". Y desde luego yo expresé mis objeciones ante la duda en relación con algo que siempre he considerado que es fuente de inspiración: luchar sin descanso por lo que queremos y creemos. Perseverar es un valor que puede marcar favorablemente a la gente y hacerlo es motivante para lograr lo que se proponga, ¿o no? Y su respuesta me dejó en extremo impactado. 

Él cuestionó cuántas veces nos cegamos ante lo que creemos que es lo mejor y luchamos sin pausa para lograrlo, sin ver ni analizar otras posibilidades. La vida nos pone obstáculos para darnos a entender que en ocasiones no es por ahí, y creemos y afirmamos que eso es lo que en realidad deseamos y hasta consideramos que es la fuente de nuestra felicidad, aun con todo lo que tenemos que superar, sin ver o no querer ver la gran gama de posibilidades que se pueden abrir en el camino. Asumimos la idea de que “por luchar por lo que creo que es mejor, me olvido de lo que puede darme más satisfacción”. La vida siempre nos sorprende con otras opciones y ser “cuadrado” o de plano inflexible puede ser un riesgo cuando se trata de perseverar. 


Recordé mis tiempos de estudiante de medicina, cuando deseaba con firmeza ser director de un importante hospital. Cuando alguien me preguntaba sobre mi futuro yo decía que iba a luchar con todas mis fuerzas para lograr mi tan anhelado sueño de dirigir un hospital que proporcionara servicio 100 por ciento de calidad.  Sabía lo que quería y estaba dispuesto a perseverar en mi sueño. Mis estudios de postgrado iban orientados a eso: administración de hospitales, productividad y calidad en servicios de salud, y demás.  Pero en el camino se abrieron muchas otras posibilidades como fue empezar a impartir conferencias y seminarios sobre temas que había aprendido a lo largo de mi vida. Mis ganas de ser director de un importante hospital poco a poco se fueron desvaneciendo por la gran pasión que sentía al impartir temas con públicos variados. 

Llegaron a mis manos invitaciones de diversos seminarios internacionales relacionados con actitud, servicio, relaciones humanas, liderazgo y demás, e hicieron que mi interés fuera en aumento. Para cuando me di cuenta mi vida había dado un giro de 180 grados y me convertí en conferencista, conductor de radio, televisión y escritor. Si hubiera estado cegado y perseverado en el tema de la dirección de hospitales no hubiera tenido ni vivido tantas satisfacciones como me ha dado esta maravillosa profesión. Nunca hubiera conocido tantas partes del mundo a las que he llegado con mis mensajes, ni probablemente hubiera conocido a la que hoy es mi esposa y con quien he formado una maravillosa familia. 


Claro que jamás dudaré de la importancia de tener objetivos en la vida. Hacer un plan y seguirlo para cumplir nuestras metas nos hace reducir el margen de error, pero también debemos recordar que el camino puede llevarnos a nuevas posibilidades por las opciones que se van abriendo, mismas que nos pueden llevar a nuestra verdadera vocación y que nos causarán mayor felicidad. 

Lo mismo sucede cuando nos aferramos a una persona que creemos idónea para compartir nuestra vida. Alguien con quien se viven múltiples conflictos y sinsabores, agresiones directas o indirectas, indiferencias o desprecios, pero por creer fielmente en la frase ‘‘el que persevera, alcanza’’, no miramos la posibilidad ni nos damos oportunidad de ver otras opciones.  Optamos por frases de autolavado de cerebro y que nos lastiman, como: “Yo lo voy a cambiar”, “Yo sé que con el amor que le dé cambiará su forma de actuar”, “Si es así, es porque ha sufrido mucho y sé que Dios puso a ese ser en mi camino para ayudarle”. 

¿Cuántos casos conoces así? La propuesta es clara y certera: lucha por lo que quieres pero nunca te aferres a creer que es tu única opción.  ¿Qué opinas? ¡Ánimo, y hasta la próxima!

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