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AUTOR DR. CÉSAR LOZANO


¿Conoces las diferencias entre oír y escuchar? El primer término se refiere a esos momentos en que por el oído nos llegan palabras pero no razonamos qué significan; el segundo se utiliza para los momentos en que nos damos el tiempo de analizar su significado, para brindar un consejo o realizar una acción. Teniendo esto en claro, seguro llegaron a tu memoria ocasiones en que has empleado o te han aplicado ambos términos, lo que podría llevar a un mal hábito. Con la intención de que estas acciones no lastimen a tus seres queridos y tus relaciones con los demás, quiero hacerte algunas recomendaciones.

Hemos sentido en carne propia lo desagradable que es hablar y saber que no nos escuchan; es una situación que desencanta, que frustra las relaciones interpersonales y que ocasiona fastidio en la conversación. Escuchar es un arte, un admirable arte; es una destreza que puede ser adquirida, por lo que la práctica es clave para dominarla. 



Durante el vuelo, en uno de mis viajes, tuve como compañero de asiento a una persona a la que nunca antes había visto. Después de presentarnos empezamos a platicar y durante más de 2 horas me contó gran parte de su historia. Me habló de lo inteligentes que eran sus tres hijos, de lo afortunado que era por haber encontrado a la compañera de su vida; me describió todos sus trabajos anteriores y la gran cantidad de obstáculos que había sorteado a lo largo de sus 48 años, para dar sentido a su vida. Me platicó de sus sueños y sus aspiraciones, tocó el tema de la religión, se quejó de los gobernantes, renegó de los políticos y de medio mundo, incluyendo la gran apatía que existe para evitar los problemas de contaminación.



El avión llegó a su destino sin que yo hubiera podido articular frase alguna sobre mi vida o sobre mi trabajo... nada (bueno, tampoco él me había preguntado). En la conversación me tocó actuar simplemente en calidad de oyente, y lo hice, eso sí, con mi mejor dedicación.

Al despedirnos me regaló la siguiente frase con un caluroso apretón de manos: 

En serio. Me caíste muy bien. Eres una gran persona. Me siento muy contento de habernos conocido... Por cierto, ¿cómo me dijiste que te llamas?”.  ¿Habernos conocido? ¡Pero si él no me conoció! Yo me enteré de casi todo su árbol genealógico y hasta de su tipo sanguíneo, ¡pero él no supo nada de mí!


Este encuentro me hizo reflexionar sobre dos cosas: la primera, la gran necesidad que tenemos todos de sentirnos escuchados; y la segunda, lo importante que es escuchar con el cuerpo.

¿Qué es escuchar con el cuerpo? Es incluir todo tu organismo al poner atención a lo que la otra persona dice, y comprenderle; asentir con la cabeza, ver a los ojos, estar en sintonía con el tema que trata nuestro interlocutor, utilizar frases que lo estimulen a seguir con la conversación, y hacer que quien nos habla se sienta importante.

Quienes desarrollan el arte de escuchar y la virtud de saber conversar poseen una especie de imán que atrae a los demás; su carisma se incrementa y se convierten en centro de cualquier conversación. Piensa en las personas que te agradan, y cómo seguramente son buenas para escuchar lo que tú u otros les cuentan. 


Analiza tu capacidad de escuchar y haz una sincera evaluación. Pregunta a quienes te conocen si ven en ti esa virtud, acepta el veredicto y las sugerencias que te hagan.  Si quieres más seguridad evalúa tu capacidad de escucha con base en las siguientes cuatro preguntas breves:

1.- ¿Te es fácil mantener el contacto visual con quien hablas?

2.- ¿Haces movimientos o pronuncias palabras breves, en señal de que entiendes a tu interlocutor?

3.- ¿Evitas interrumpir a las personas que te hablan, y poner frases en boca de ellas?

4.- ¿Muestras sintonía o empatía con quien hablas, imitando las emociones o los sentimientos que te comparten?

Este último punto es el más importante: hacer sentir a la otra persona que compartes escuchar su alegría, a través de una sonrisa, o inclusive un sentimiento de tristeza o asombro durante la conversación. ¿Cómo puedes brindar un consejo si no entiendes qué le ocurrió? ¿Cómo puedes compartir un sentimiento si no sabes lo que siente? Si procuras agregar a tu personalidad el maravilloso hábito de la capacidad de escuchar, tus relaciones humanas se verán multiplicadas.


En una ocasión escuché a alguien decir que Dios nunca se equivoca, que escuchar es más importante que hablar y por eso nos dio dos orejas y una sola boca, ¡para escuchar el doble de lo que hablamos! Un proverbio chino dice: “Quien mucho sabe no habla; quien mucho habla, no sabe”. ¿Qué opinas?

Te invito a mejorar tu habilidad para escuchar.¡ Ánimo, y hasta la próxima!
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