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Ya no dejes que el pasado te atormente, esto es lo que debes hacer para sanar tu alma

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO


A veces me cuesta trabajo creer que el ser humano tenga una mente tan maravillosa y que la use para lastimarse. Quizá dirás que son palabras fuertes, pero te pregunto: ¿cuánto tiempo has perdido preocupándote por cosas sin sentido, o por algo que ya pasó y no puedes cambiar? Hoy quiero invitarte a reflexionar sobre si realmente recordar es volver a vivir.

Somos los únicos seres de la creación dotados con un cerebro maravilloso e incomparable. Un cerebro que nos permite guardar y expresar emociones y sentimientos a través del lenguaje. Un cerebro capaz de evocar al día hasta 70,000 pensamientos, buenos y malos, y muchos de ellos pueden ser almacenados durante tiempo indefinido.



Nuestro cerebro está dispuesto para recibir información que nos desarrolle la inteligencia, y con un coeficiente intelectual que dependerá de la alimentación que reciba en los primeros años de vida. Recientemente se ha comprobado que si esa alimentación es con leche materna el desarrollo será mejor. La inteligencia se incrementa también por la cantidad de estudios y enseñanzas que recibimos, la capacidad de ejercitar la mente y otros factores, como la herencia genética.




Ese desarrollo de la inteligencia, desafortunadamente, no siempre es proporcional a la felicidad, ya que las cifras son alarmantes en relación con los índices de depresión y estrés. Los números van en aumento. Es una gran incongruencia, pero es la realidad. Utilizamos la mente para evocar un pasado que nos recuerda momentos difíciles o errores que cometimos, en lugar de vivir el presente y emplearla para hacer recuerdos positivos, que nos ayuden a sentirnos mejor. 


Dicen por ahí que “tener la conciencia limpia es síntoma de mala memoria”.  En ocasiones sentimos que la preocupación es algo natural, y hasta podemos volverla un hábito destructor, un estilo de vida. Nos preocupamos a tal grado, que si pasamos días sin inquietarnos creemos que es síntoma de que viene algo malo y pensamos: ¡Me preocupa que no me preocupe nada! ¿No opinas tú también que es una gran incongruencia, considerando tantos avances que hemos desarrollado en la inteligencia? 


En realidad eliminar los malos recuerdos no es tan difícil; algunas personas lo consiguen con meditación, oración y estrategias de psicología positiva. 

Todos tenemos recuerdos que nos motivan a evocar sensaciones que nos permitan sentirnos mejor, o recuerdos que nos hacen sentir mal en el presente. 

Es importante recordar que la mejor manera de saber si esos pensamientos son negativos o positivos, es la forma como nos sentimos. Si con frecuencia te sientes bien es porque evocas pensamientos positivos. Si regularmente estás triste o decaído, y al estar en soledad tu diálogo interior no te hace sentir bien, quizás tus pensamientos y tus recuerdos son negativos.


Envejecer es un proceso natural y los estudios revelan que en esa etapa, a la cual quiero llegar, cambia la parte del cerebro dedicada a los recuerdos negativos. Esto significa que la gente de la tercera edad tiene más éxito en controlar las emociones por la información negativa recibida. 


En conclusión: no hay, por el momento, ninguna sustancia que elimine los recuerdos negativos; pero tenemos la libertad de decidir el tipo de pensamientos que queremos atraer. Un pensamiento causa un sentimiento y un sentimiento, provoca una acción. Por lo tanto, todo esfuerzo que hagas por mejorar la calidad de tus pensamientos se traducirá en beneficio de tus acciones y tu estado de ánimo. 

Hay tres pasos que funcionan muy bien para lograr este cambio: 


1.- Analiza los recuerdos que traes a tu presente

¿Son buenos? ¿Son malos? Haz conciencia de ellos y de cómo te hacen sentir. 


2.- Decide los pensamientos a los que les darás lugar

¿Son malos? Entonces no les permitas anidarse en tu mente ni en tu corazón. Siempre que te sea posible llama únicamente lo que te haga sentir bien. 


3.- Cierra los ciclos de tu pasado 

Si hay algo que puedas hacer para sentirte mejor, como perdonar o pedir perdón, hazlo; acércate a quien sea necesario, haz lo posible por estar en paz. Si es un suceso que ya no se puede cambiar, analiza lo que aprendiste con esa experiencia; nada es fracaso si te enseñó algo. 

Verás cómo cambia tu vida. ¡Ánimo, y hasta la próxima!

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