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Algunos finales son felices, otros solo necesarios. Mira cómo alejarte de lo que ya NO te hace feliz

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO


La pregunta que recibo con mayor frecuencia en mis conferencias, programa de radio y redes sociales, es: ¿Cómo hacer para superar una ruptura amorosa? 

Así que hoy he querido hablarte sobre este solicitado tema. ¿Cómo es el proceso de superación al dar el adiós a una pareja? Sé que no es fácil, pero tampoco imposible.



Hay quienes después del adiós se recuperan rápidamente, pero también hay quienes sienten que el el mundo se les viene encima y este proceso se convierte en un verdadero calvario. Las causas de estos extremos son muchas y variadas: la intensidad del amor vivido, el apoyo de familiares y amigos e inclusive la intervención de un terapeuta. Hay que considerar también los valores inculcados desde la infancia, así como la habilidad personal para resolver las crisis de vida; la autoestima que se tiene, los daños ocasionados durante la relación y la actitud con la que el afectado enfrenta el dolor.



Quien sufre una ruptura sentimental frecuentemente pasa por todas las etapas de duelo que se viven ante la muerte de un ser querido: negación, enojo, negociación, tristeza o depresión y aceptación. Es entonces un proceso que a continuación explico:


En la etapa de negación la persona cree que el rompimiento no está sucediendo, recurre a frases como: “¡Regresará y me pedirá perdón!”, “¡Ya verás; estará aquí hincado pidiéndome que volvamos!”; y pasa el tiempo… y nada. Evidentemente no acepta lo que ha ocurrido, entonces se dice cosas como: “Di tanto amor, me entregué tanto, que no puedo creer que me haga esto”, “No sé por qué creí en sus palabras”... Frases más, frases menos, el hecho es que negamos lo sucedido. Buscamos culpables y nos sentimos víctimas de las circunstancias, pero debemos reconocer nuestra parte de responsabilidad. 

Lo que sigue es la etapa del enojo; puede aparecer un gran resentimiento que nos lleva a cometer locuras, por lo tanto esta etapa es peligrosa. La “ayuda” de las amigas puede empeorar el asunto, porque si vivieron algo parecido insisten en que todos los hombres son iguales, cosa que no es cierta. Los sentimientos de esta etapa pueden hacer que digamos cosas que no sentimos y que aumentemos el daño.


Cuando la ruptura ya se dio, lo mejor que podemos hacer es rescatar lo que nos quede de dignidad, evitar caer en el juego de la provocación y demostrar de qué estamos hechos. La gente siempre recordará dos momentos sobre nosotros: cuando llegamos y cuando nos vamos.

Después pasamos a la etapa de negociación, y vaya que es importante. Aquí es donde hacemos el recuento de los daños y analizamos los motivos por los que la relación fracasó. Es común que busquemos la forma de comprobar que la ruptura fue lo mejor que nos pudo pasar, y quizá hasta nos mentimos nosotros mismos. Lo que estamos haciendo es negociar la forma de salir del hoyo, algunos salen de la crisis en esta etapa, pero otros no. 

La siguiente etapa es la tristeza, que puede convertirse en algo más serio como es la depresión. Por lo general se valora lo que hemos perdido y anhelamos lo que ya no volverá. Esta fase puede durar mucho si no se busca ayuda.


No debemos minimizar lo que sufre quien ha pasado por una ruptura amorosa, así que si conoces a alguien que está viviendo esto, ofrécele ayuda en la medida de lo posible. Si no te consideras apto para ello puedes sugerirle a quien sí lo sea. 

En esta etapa hay que estar atentos a los siguientes focos rojos, los cuales nos indicarán que la situación puede ser grave. 

1.- Aislamiento

No quiere ver a nadie, evita el contacto físico con amigos y familiares, prefiere estar solo. 

2.- Baja productividad en el trabajo o la escuela

Su rendimiento se ve afectado seriamente por lo que ha vivido.

3.- Problemas de salud

Pérdida o aumento desmedido de apetito, mal humor, alteraciones en la piel y en su organismo, vicios.


4.- Pérdida de interés en lo que antes disfrutaba

Pasatiempos, “hobbies”, nada le satisface o le hace sonreír. 

5.- Guarda sus sentimientos

No quiere hablar del tema, ni siquiera con las personas en las que siempre ha confiado. 

Por último aparece la etapa de la aceptación. El tiempo es el mejor aliado de las rupturas, porque reduce el dolor y nos permite volver a nuestras actividades poco a poco, nos hace aprender sobre lo que hemos vivido y saber que en efecto podemos continuar nuestro camino sin esa persona. Podemos afirmar que hemos llegado a la etapa de aceptación cuando nos sentimos emocionalmente estables, cuando aumentamos nuestras relaciones con los demás y volvemos a la vida productiva. 

Quienes hemos vivido el adiós a una pareja a la que verdaderamente amamos, sabemos que no es nada fácil. Lo más rescatable de esta experiencia es que la madurez se hace presente y la vida no se percibe igual. Aprendemos a consolar a quien lo sufre porque conocemos la intensidad de ese dolor.

¡Ánimo, y hasta la próxima!


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