Badabun te recomienda

¿Conoces a alguien que piensa que nunca se equivoca? Mira cómo lidiar con ellos sin perder la calma

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO


- “Yo no fui…” “La que empezó fuiste tú”...- “La verdad… no sé por qué eres así. Yo nunca te digo nada. Jamás te provoco”...- “¿Yo? ¿Qué hice?”

¡Don Perfecto! ¡Doña Perfecta! Dios los hizo a mano y resultaron un producto único, sin defectos ni fallas. Todos están mal, menos ellos o ellas. Buscan culpables y no soportan las críticas. Si las cosas salen bien es por ellos, si salieron mal ¿quién es el responsable?  En cualquier ámbito -profesional, social y familiar- estos “seres únicos” existen y son detectados con facilidad por lo insoportables que se vuelven.


¿En qué momento alguien carece de sensibilidad para aceptar sus fallas y sus errores? ¿Cuáles factores hacen de la soberbia un hábito?




Regresemos un poco en el tiempo, situémonos en la infancia. Durante los primeros años de vida los padres cometemos el error de reconocer sólo los éxitos deportivos y académicos de nuestros hijos, y nos olvidamos por completo de sus cualidades personales. No damos valor al esfuerzo, únicamente al resultado. Les atribuimos etiquetas como “inteligente”, si tiene el primer lugar en su clase; “guapo” o “hermosa” cuando se visten de fiesta; “el o la mejor” cuando destacan en deportes. Enfocamos tanto nuestra atención en alabar sus éxitos que pasamos por alto la importancia de admirarlos como realmente son, en cualquier momento, a cualquier hora, en cualquier lugar y en cualquier situación. Nuestros hijos son valiosos e importantes.  

Decirles que siempre pueden mejorar o que siempre hay que poner el máximo esfuerzo podría considerarse algo saludable pero, como en todo, los excesos son nocivos, y la línea entre motivar y presionar puede ser muy delgada y fácil de cruzar.


Sin darnos cuenta con el tiempo les exigimos mayores logros, y al no conseguirlos tendemos a criticarlos con dureza o simplemente les restamos atención. Les mandamos el mensaje inconsciente de que para figurar en nuestra vida tienen que ganar, siempre. Los hijos se exigen demasiado intentando satisfacer primero a los padres, y posteriormente a otras personas que ocupen roles importantes en su vida adulta, haciendo las cosas siempre bien o lo mejor posible, sin permitirse errores, pues eso implicaría fracaso o pérdida de aceptación. En resumen, crecen sintiéndose insuficientes y/o invisibles.

Se exigen demasiado a sí mismos y evitan las críticas a toda costa. La justificación de sus actos está presente y rechazan responsabilidad en los errores: siempre encontrarán culpables directos o indirectos. No se pueden dar el lujo de cometer o aceptar sus fallas, inconscientemente esto implicaría perder el amor de aquellos a quienes desean complacer a toda costa: sus padres.


La gente que se cree perfecta tiene estrecha relación con la soberbia y la vanidad. 

El escritor y catedrático de psicología Enrique Rojas, dice que la soberbia es la trampa del amor propio: estimarse muy por encima de lo que uno en realidad vale, lo cual incluye falta de humildad para aceptar la propia imperfección. 

Por otro lado, la palabra vanidad procede del latín vanitas, y significa “falto de sustancia, hueco, sin solidez”. Se dice también de algunos frutos cuyo interior está vacío y sólo hay apariencia. En la vanidad, la estimación exagerada procede de fuera y se alimenta del elogio, la adulación y el halago.

Soberbia y vanidad exigen reconocimiento para alimentar el amor propio. Y aunque ambas son muy dañinas, la soberbia es la más grave, pues muestra dificultad para descubrir los defectos personales y aceptar las virtudes de los demás, entorpeciendo así cualquier relación amorosa, llámese de pareja, paternidad, fraternal, etcétera. La convivencia se vuelve casi imposible y se promueve en los demás el servilismo. No hay forma de estar bien con los otros si no estás primero bien contigo mismo. 


Ahora bien, te propongo algunas consideraciones para sobrellevar a estas personas:

1. Es “perfecto” porque alguien le alimentó el ego y se lo creyó.

2. Emplea una dosis de “ubicatex” para hacerle ver sus defectos naturales, mostrándole sus exageraciones al hablar y recordando que todos nos equivocamos; la perfección sólo la tiene Dios. Complementa el tratamiento con dos tabletas de amor y un té de apapacho. Ten en cuenta que los recibe el niño interior al que le hizo falta sentirse amado por quien es, incluyendo sus defectos y desatinos.


3. Al no aceptar su responsabilidad es saludable comentar que detectas cosas que él o ella no ve, pero evitando el conflicto. Cuida tu lenguaje y tu tono de voz. Comenta una a una las razones por las cuales crees que debería aceptar su error. Si al final escuchas un rotundo “no es así” o un “yo no fui”, termina tu diálogo con una mirada y un silencio que exprese más que tus palabras. Habrás hecho lo que estaba a tu alcance.

4. Pedir la opinión de alguien más puede ayudar, siempre y cuando se cuiden modo y contenido, pues de lo contrario parecerá complot. Busca un momento tranquilo y un lugar neutral para hacer la intervención.


Como padres tenemos el deber de enseñar a nuestros hijos la importancia de la humildad, enseñarles que aunque no pueden ir por la vida tropiezo tras tropiezo, los errores son parte de la vida. Impulsarlos a conseguir sus sueños sin la exigencia de acumular logros y éxitos. 

Aquí te dejo algunas ideas para trabajar con tus pequeños:

1. Amplia tu vocabulario. Hay mil y una palabras para describir las mil y una virtudes y cualidades de tus hijos: amable, importante, cordial, agradable, soñador, creativo, feliz, respetuoso, valioso, sereno, impetuoso… ¡la lista no terminaría! 

2. Reconoce su esfuerzo, su camino, no sólo el resultado.

3. No lo compares con nadie. Sus avances se miden a partir de él mismo, no de lo que los demás esperan de él o lo que otros ya alcanzaron.

4. No pienses “qué será cuando crezca”; tu hijo ya ES, hoy, aquí y ahora, un gran ser.

5. Acompáñalo en sus malos momentos, cuando cometa errores, evita juicios y ayúdale a obtener aprendizaje de la experiencia. Hazle saber que sigue siendo amado y respetado, no importa qué pase.


¡Ánimo, y hasta la próxima!

Recomendados
Recomendados