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Deja de solo preocuparte por los demás. Haz esto por ti, lo necesitas

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO



“Quisiera, pero no puedo…”
“Me encantaría conocer otros lugares, pero hay otras prioridades…”
“Por supuesto que quisiera vivir en una casa más grande, pero me es imposible”.

¿Te suenan familiares estas frases? Son comunes en personas con alto sentido de responsabilidad y amor desmedido por el trabajo. Sencillamente no trabajan para vivir, sino que viven para trabajar. 



Está claro que antes de darnos nuestros merecidos gustitos siempre habrá otras prioridades, y en muchas ocasiones tendremos que anteponer las necesidades de otros a las nuestras. Me imagino que por el culto al sacrificio y a ese famoso impulso a la culpabilidad con la que muchos fuimos formados, nos volvemos incapaces de consentirnos como deberíamos. Se nos graban en el subconsciente palabras que nos dijeron con la mejor intención en ciertas etapas de nuestra vida, y lamentablemente pueden tener efecto contraproducente cuando se trata de permitirnos obtener lo que deseamos:




“Trabaja arduamente para que mañana no te falte…”
“No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”.

O la que más recuerdo, que decía doña Pola, mi abuela, al pedirle que descansara o tomara reposo por alguna gripe: “¡Ya descansaré cuando me muera! ¡Tengo mucho quehacer!” Y a ella, hacendosa a más no poder, era imposible verla acostada, disfrutando de una siesta cuando llegábamos por la tarde; siempre estaba limpiando, cocinando, remendando o bordando una prenda para el nuevo nieto que pronto llegaría. Fue educada para el trabajo y el servicio de sus hijos, con abnegación y sufrimiento. Y ni qué decir de la forma de llevar nuestra espiritualidad, en muchas religiones se nos incita al sacrificio desmedido.


Y la verdad es que consentirnos después de una dura jornada de trabajo es una acción que todos deberíamos disfrutar sin remordimientos. ¿Sabes por qué? Porque te lo mereces y siempre haces el máximo esfuerzo, tanto para tu beneficio como para el de los tuyos.

Tengo que reconocer que aún siento cierta inquietud cuando decido no hacer literalmente nada. Cuando quiero disfrutar de una tarde sin actividades, y me abstengo de contestar mensajes de la gente que me hace el honor de seguirme como escritor o conductor de radio o televisión, o cuando decido no llevar a mi familia a ningún lado; estoy seguro que en el subconsciente eso es interpretado como pérdida de tiempo o desconsideración.  


Qué valor tan grande representa consentir tu cuerpo y tu mente con momentos diseñados especialmente para ti. Un sueño largo y reparador después de una larga jornada laboral.  Consentir a nuestro organismo con alimentos que le proporcionen energía y bienestar, eliminando el pésimo hábito de darle lo que se le antoje sin miramientos ni limitaciones, identificando que somos seres de hábitos y costumbres, los cuales te aseguro que pueden ser erradicados con constancia y dedicación. 


Consentirnos decidiendo a conciencia qué es lo que verdaderamente queremos hacer, pero eso sí, sin caer en la libertad extrema o el libertinaje que nos haga olvidar que somos seres en sociedad y miembros de una familia de la cual decidimos ser parte. Asimismo como padres queremos lo mejor para nuestros hijos, pero frecuentemente por error caemos en el chantaje emocional y cedemos a exigencias, sin darnos cuenta de que con eso nos olvidamos del bienestar que también nosotros merecemos.


Disfrutar y estar conscientes de que lo que hacemos es lo que da sentido a la vida. Disfrutar el aquí y el ahora, controlando ese deseo de urgencia que nos consume cada día por cosas que etiquetamos como ‘‘urgentes’’, y que en realidad no lo son, o bien que son reflejo de nuestra desorganización. 

Consentirnos es demostrarnos lo que valemos y que merecemos lo mejor, que tenemos derecho a momentos exclusivos para nosotros, que nos recuerden que estamos vivos y que la vida es mucho más que cumplir con trabajar incansablemente, para esperarnos a gozar de la vida siempre en el futuro. Qué costo tan elevado es olvidarnos de los instantes que podríamos disfrutar, por tener un futuro mejor. 


Buen momento para analizar qué tanto te consientes y de qué forma puedes convertir en algo trascendente actividades tan simples, como comer, convivir, descansar, observar y  admirar. 

¡Consiéntete! Te lo mereces. ¡Ánimo, y hasta la próxima!
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