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Es más fácil construir niños fuertes que reparar adultos rotos. Mira cómo lidiar con las reacciones negativas de tus hijos

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO


Es complicado lidiar con los hijos, particularmente cuando están en la adolescencia, ya que es una etapa en la que tratan de buscar su independencia; su carácter se vuelve difícil de manejar y la convivencia puede ser pesada. En esta fase, además, ocurren cambios hormonales que hacen que su estado de ánimo sea muy cambiante. De acuerdo con el teórico del desarrollo Erik Erikson, en este periodo el individuo desarrolla conciencia de lo bueno y lo malo, y va moldeando su conducta, idealmente, para convertirse en una persona aceptable en sociedad, a partir de la construcción de su identidad, o bien, todo lo contrario. Desde luego que lo anterior no se da de forma fácil o rápida, el muchacho enfrenta diversas crisis, prueba diferentes formas de vestir, explora distintos “hobbies”, se identifica con diferentes grupos sociales, etcétera. Muchas veces todo ello conlleva conflictos con los padres.



Cuando mis hijos atravesaron esta etapa de desarrollo puse en práctica una estrategia personal, para evitar engancharme en peleas constantes. Esa técnica la titulé “Voy a hacer de cuenta…”, y fue de gran utilidad para que la paz reinara en nuestro hogar. En seguida te explicaré de qué trata: 



Era un Día del Padre y mi familia me invitó a comer para celebrarlo; mi hijo estaba desvelado; por lo visto él comenzó el festejo sin mí desde la noche anterior. Me acerqué a él y le dije claramente:  

-Sé que cuando estás desvelado tu carácter cambia; andas más… sensible, por no decir malhumorado... Pero, por favor, no quiero que amargues mi día. 

-No, papi; voy a andar bien -me respondió.

Eso no ocurrió, desafortunadamente. Por el contrario, estuvo serio durante toda la comida en el restaurante, tenía cara de “pocos amigos”; cuando se le preguntaba algo respondía sólo “sí” o “no”; no quería convivir en armonía con toda la familia, y en un momento, ante cierto comentario de su hermana, estalló diciendo palabras hirientes: “¡Ya! ¡Me tienes harto! ¿Para qué naciste?”


Mi esposa, ofendida, estaba a punto de reaccionar, con todo el dolor que una madre protectora y amorosa siente ante frases tan ofensivas hacia uno de sus críos. Yo, sujetando su pierna por debajo de la mesa, le dije: “tranquila”; para después dirigirme a mi hijo, viéndole fijamente a los ojos, con seriedad, despacio y sin alterarme le dije: “Hijito, voy a hacer de cuenta que no dijiste eso. Voy a hacer de cuenta que no escuché. Hablaremos en la noche”

Tomé mi copa y con una sonrisa dije: “¡Salud!”, después cambié de tema y continuamos la bella celebración. Esa no es la reacción que normalmente hubiera tenido, pues antes me dejaba llevar por la ira y la negatividad, usando frases como las siguientes:  

-¡Te vas al auto y esperas ahí!

-¡Y ni creas que vamos al cine!

-¡Tenías que amargar mi Día del Padre! 

Lo anterior hubiera provocado un ambiente tenso, lleno de culpabilidad; tanto mi hija como mi esposa hubieran sufrido consecuencias aún más graves del comentario ofensivo y la plática sobre el incidente hubiera continuado: 

-¿En qué momento se hizo así? 

-¿Tenemos que tomar medidas más estrictas?

-Voy a quitarle el auto unos días…

-Mejor pido la cuenta y nos vamos a casa.
Y se acaba la celebración…


Preferí no engancharme. Opté por aplicar la estrategia de convencerme de que no quiso decir lo que dijo y, sobre todo, no permití que sus palabras hicieran olas tipo tsunami en el mar de la celebración. Decidí ser más paciente y prudente. Después fuimos al cine y ¡hasta le compartí de mis palomitas! Al cabo de un rato él estaba muy platicador y contento. Yo igual. 

Por supuesto que no dejé las cosas así. Al llegar a casa, antes de dormir, fui a su cuarto y abordé el tema: 

-Ahora sí, explícame: ¿qué quisiste decir con eso de que ojalá no hubiera nacido tu hermana?

-No, papi, no quise decir eso. ¡Perdón! 

-¿Ah, sí? Entonces vaya y pida perdón a su hermana y a su mamá. 

Regresó, platicamos de la importancia de no reaccionar impulsivamente y, sobre todo, del tema central en todo este asunto: trabajar en la tolerancia. Escuchó con atención, dijo sus argumentos y fin. Lo hecho, hecho está y es mucho mejor estrategia enfocarnos en opciones de solución, que en el pasado que no podemos cambiar y los aspectos negativos de ello. 

Ese es nuestro papel como padres en esa retadora etapa. De lo contrario podríamos generar resentimientos mayores, y en esta fase tan vulnerable es un riesgo que no podemos tomar pues, recuerden, es una etapa en la que los adolescentes toman decisiones que pueden marcar su vida, y si hacemos distancia y no apoyamos un manejo positivo de las emociones, el muchacho en cuestión andará por la vida malhumorado, despechado... ¿Qué tipo de decisiones creen que pueda tomar un jovencito en este estado?: manejar a alta velocidad, incurrir en vicios, conductas delictivas... y la lista no acaba.


Después de este episodio que se desarrolló con cierto éxito en la película de mi vida, resolví aplicarlo en otros momentos. Cuando escucho que en mi casa o en el trabajo se hace cierto comentario hiriente, digo la misma frase con el fin de no dar rienda suelta al tema: “Voy a hacer de cuenta que no escuché eso”, lo cual sutilmente quiere decir que repruebo dicho comentario y que cambiemos el rumbo de la conversación. 

Tengo que reconocer que a veces me sale el tiro por la culata, porque en dos o tres ocasiones mi hija me dijo: “Papi, voy a hacer de cuenta que no dijiste eso. Innecesario tu comentario”. ¡Zas! Ni modo, así es esto. En realidad me da gusto que mi hija comience a expresar esa frase, pues puede ayudarle a no tomar como personales los comentarios negativos, dichos muchas veces sin pensar. Esta estrategia ayuda a no engancharte en situaciones que no valen la pena, y que se complican por las emociones que imperan al calor del momento. 

Por supuesto que hay que dominar la virtud de la paciencia y ser asertivos, para no dejar que los malos comentarios amarguen tu día, sobre todo cuando se trata de la familia, ya que son las personas con las que convivimos a diario.


¡No te enganches en discusiones! Ni con tus hijos ni con nadie. Recuerda que a veces las reacciones pueden herir mucho más que las palabras pronunciadas por quien comete la ofensa. Vale la pena evitar a toda costa caer en la ira de los demás. Cuando alguien está enojado suele decir cosas sin pensar, de las que luego se arrepiente. Así que esa es mi recomendación de hoy. 

“Voy a hacer de cuenta que no escuché eso…”

“Voy a hacer de cuenta que no quisiste decir eso…”

Mantén la calma y deja que el tiempo haga su trabajo.

¡Ánimo, y hasta la próxima!
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