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Esta es la forma correcta de educar a tus hijos. Tú eres su mejor ejemplo:

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO


"Pasé el examen, aunque copié tantito…"
"Logré el puesto, aunque exageré con lo de la experiencia…"
"Batallé para vender el auto, lo bueno fue que el comprador no se dio cuenta de que modifiqué los kilómetros recorridos… ¡Qué suerte!, ¿verdad?"
"Con una «mordida» todo quedó arreglado. Así son las cosas… ¿o no?"



La “tranza”, desafortunadamente, es una estrategia utilizada por muchos para lograr lo que se proponen. Habrá quienes se arrepientan con el paso del tiempo y habrá quienes no sientan remordimiento alguno, todo depende de la escala de valores que sus padres les inculcaron durante las primeras etapas de su vida.




En la actualidad, honestidad y congruencia se han convertido en un verdadero reto, sin embargo ambas son un desafío que vale la pena vivir. 

Por lo general quienes tenemos la bendición de ser padres, quienes son maestros o religiosos, o quienes tenemos el honor de compartir estrategias para disfrutar más la vida, somos cuestionados en relación con la congruencia entre lo que pensamos, decimos y hacemos, así como sobre la dignidad que imprimimos a nuestro estilo de vida.


Según el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, dignidad es seriedad y decoro en la forma en la que nos comportamos. Persona digna es aquella que inspira respeto. Lo contrario serían, obviamente, las personas indignas, esas que actúan de manera vergonzosa.


Mi madre me decía frecuentemente que lo que la podría hacer sentir peor, es que alguna acción o actitud indigna de sus hijos hiciera que ella agachara la cabeza en señal de vergüenza. Robar o tomar algo que no es tuyo, ¡jamás! Y a todos mis hermanos y hermanas nos quedó clarísimo el mensaje, el cual intento transmitir a mis hijos y espero que ellos lo hagan con los suyos. 

Los padres de familia también somos cuestionados frecuentemente por nuestros hijos.


-“Por favor, no tomes ni fumes. -¿Qué? ¡Pero si tú fumas, papá!
¡Sí, pero soy tu papá y hago lo que me da la gana!” (Incongruencia)

-“Trata bien a tu hermano; no me gusta que estén peleados. -Por favor, mamá, tú no le hablas a mi tío desde hace varios meses”. (Incongruencia) 

-“¡No coman mugrero!” Y el padre o la madre comen lo que les viene en gana. (Incongruencia)

Ejemplos como estos son el pan de cada día. La incongruencia se hace presente y evita que los mensajes sean aceptados, por el poco peso que los sustenta. 

Ser congruente es exigir, pero con el ejemplo. Es pedir lo que deseamos, pero que nuestras acciones demuestren el interés y, sobre todo, la convicción.


Algunas preguntas para evaluar nuestra congruencia: 

1. ¿Procuro vivir lo que exijo? Cuando pido, suplico o exijo algo, ¿procuro analizar mis propias acciones para que sustenten la petición?

2. ¿Juzgo con dureza a los demás, sin analizar previamente la acción que me desagrada en mi persona?

3. ¿Analizo de tiempo en tiempo mis palabras y mis acciones, para identificar si actué correctamente o si pude haberlo hecho mejor? 

4. ¿Acepto mis errores y procuro evitarlos en el futuro, o utilizo mil y una justificaciones para evitar la culpabilidad?


Quienes eligen llevar una vida congruente, digna y honesta, saben el peso que eso representa; sobre todo si son duramente juzgados por su inflexibilidad por quienes ven normal que de vez en cuando el fin justifique los medios. A pesar de eso al paso del tiempo pueden llevar la frente en alto y esto los hace sentirse orgullo por su actuar. 

¿No crees que vale la pena analizar lo anterior? ¡Ánimo, y hasta la próxima!
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