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Esto es lo más difícil de ser padre. Mira el mejor regalo que le puedes dejar a tus hijos

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO


¿Cuánto has aprendido de tus hijos? Seguramente cuando llegaron al mundo estabas muy nervioso, pensando en cómo ibas a hacer para cuidar y guiar a esos seres que te fueron confiados como hijos. Hoy ves que el tiempo ha pasado y aún te preguntas si estás haciendo un buen trabajo; lo que no cambia es que tus hijos te enseñan más de lo que imaginabas. En esta ocasión quiero hablarte de cómo es que los padres nunca terminamos de aprender. 

Los hijos se convierten en grandes maestros; cada día nos enseñan y ponen a prueba nuestra paciencia, nuestra prudencia y, sobre todo, nuestra capacidad de adaptación. Además, nos dan verdaderos ejemplos de amor, de compasión, y con su inocencia nos recuerdan que para disfrutar la vida no se requieren grandes cosas o grandes sucesos; su capacidad de asombro es algo que deslumbra.




Es importante estar conscientes de que los tiempos cambian y los hijos también; nosotros no enfrentaremos los mismos retos que tuvieron nuestros padres. En lo personal me sorprende la capacidad de amar que como padre he tenido, y que sin duda cada día crece ¡sin manual de procedimiento! Sé muy bien que tú, igual que yo, te preguntas si son o no correctas las decisiones que tomamos como padres, si los límites que aplicamos son suficientes o innecesarios y, sobre todo, si nuestra labor como guía es la adecuada.

La madre Teresa de Calcuta, cuyo nombre verdadero fue Agnes Gonxha Bojax-hiu, fundadora de la Congregación de Misioneras de la Caridad, y que durante más de 45 años atendió a pobres, enfermos, huérfanos y moribundos, dijo lo siguiente:


“El día a día está formado por cientos de actos cotidianos que pasan inadvertidos para la mayoría de nosotros, pero que contribuyen de manera insospechada a que el mundo mejore o empeore. Pequeñas decisiones en todos los ámbitos de nuestro día, que van configurando de manera silenciosa el futuro de la sociedad. No podemos hacer grandes cosas, pero sí cosas pequeñas con gran amor”.

Lo que quiero decir es que precisamente, estos pequeños actos van moldeando el futuro de nuestros hijos. Siempre están observando nuestras reacciones, nuestros reclamos, nuestros enojos y nuestras alegrías. Nuestros hijos analizan en silencio cómo reaccionamos ante lo inesperado, también cómo tratamos a nuestros seres queridos y a quienes no soportamos. 

Estudios recientes del cerebro humano han revelado que las neuronas se pueden multiplicar y que podemos aprender constantemente nuevas formas de hacer las cosas; podemos aprender o re-aprender a tener paciencia, bondad e inteligencia en el control de las emociones que poco a poco nos separan de los demás.

  
Olvidemos la teoría que sin excepciones decía: “árbol que nace torcido, jamás su tronco endereza”. Para quienes han experimentado dolor y violencia quizá será más difícil, pero para quienes toman la firme determinación de cambiar, sí es posible. 

La realidad es que aprendemos y tomamos la decisión de cambiar como padres por varios motivos. Algunos son: 

1. Porque son tantos los errores que hemos cometido, que al mirar atrás tomamos acciones para cambiar. No estamos de acuerdo con lo que ha pasado o con la forma en la que hemos tratado a nuestros hijos, por los pésimos resultados que obtuvimos. Como dijo Albert Einstein: “Si buscas resultados distintos, ¿por qué seguir haciendo lo mismo?”, y como pensaba Shakespeare: “El pasado es sólo un prólogo. Tu pasado no es tu futuro, tu presente es tu futuro”.


2. Aprendemos y cambiamos cuando conocemos o admiramos a quienes queremos imitar, igualar e incluso, superar. Bertrand Russell señaló: “La mejor prueba de que algo puede hacerse es que alguien ya lo hizo antes”. Las personas en verdad inteligentes tienen la humildad de aprender de la experiencia de los demás.

Incluyo aquí a quienes se llenan de la sabiduría que aportan los libros, o de películas con historias en que los protagonistas han sido padres que sacan la casta con una actitud positiva ante las adversidades. ¿Quién no recuerda la maravillosa película “La Vida es Bella”, escrita, dirigida y protagonizada por Roberto Benigni? En forma conmovedora nos transmitió el mensaje de fortaleza que un padre tiene hasta el final de su vida, haciendo hasta lo imposible por evitar el sufrimiento de su pequeño hijo en un campo de concentración.

3. También estamos quienes cambiamos para bien cuando simplemente lo quisimos. Tomamos la rienda de nuestra vida para mejorarla. Por simple convicción, por amor y por esas ganas de querer trascender que todos tenemos en el fondo del corazón.


Mención aparte merecen todas esas mujeres que, ante la ausencia de un padre -por diferentes razones- toman la firme determinación de educar, formar y amar a sus hijos.

Lo que más he aprendido en esta maravillosa experiencia de ser padre, es que no se ven los mejores resultados en forma inmediata. Recordemos, papás, que se plantan las semillas hoy y se recogen los frutos mañana, y que la paciencia, la prudencia y la inteligencia pueden hacer milagros.

El segundo regalo más grande que podemos dar a nuestros hijos es la disciplina; el primero es el amor. No lo olvides.

¡Ánimo, y hasta la próxima!
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