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Hablar mal de la gente. Mira por qué lo hacemos y el grave daño que nos ocasiona

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO


¿Han dicho chismes sobre ti? ¿Has dicho chismes sobre algún conocido? Hoy quiero hablarte sobre ese terrible mal que lastima el alma. 

Hay quien ignora esos rumores, los escucha y -como dicen por ahí- le entran por un oído y le salen por el otro. Eso sólo quiere decir que se trata de una persona con gran madurez y autoestima, ya que no se dejan afectar por lo que la gente piense, opine, crea o suponga de él o ella. Es digno de admirarse porque vive con más armonía. Pero la realidad es que a la mayoría le importa en gran medida la opinión de los demás. 




Poseer un ego enorme por aparentar lo que no somos o lo que quisiéramos ser, se eleva al grado de tener necesidad de ser aceptado y/o admirado por quienes nos rodean. Es aquí donde los chismes lastiman, pues dañan la imagen que queremos dar.

En el diccionario encontré la siguiente definición de chisme: “Noticia o comentario, verdadero o falso, sobre vidas ajenas, que tiene como fin hablar mal de alguien o dañar la relación que existe entre algunas personas”

Todos tenemos intenciones buenas y malas; al buscar lo mejor para nosotros podemos caer en la trampa de hablar mal de alguien, ya sea conocido o desconocido. Un ejemplo podría ser quien, por obtener un mejor puesto de trabajo, habla mal de quien considera su competencia. 


Algunas de las razones para participar en chismes son: 

1. Temor a enfrentar su propia realidad

Siempre será más fácil detectar los errores de otros y criticarlos, que conocer los nuestros y trabajar para arreglarlos. Es cuando por ver lo que ocurre a otros, se sienten mejor porque ellos no viven lo mismo; en realidad eso NO nos hace mejores personas. 

Me recuerda la historia de aquella mujer que todos los días desde la ventana de su cocina criticaba a la vecina porque tenía la ropa muy gris y percudida. Le decía a su esposo que no era posible que no supiera lavar correctamente la ropa. ¿Cómo era posible que fuera tan cochina y descuidada? Y así, día tras día se la pasaba juzgándola con dureza Hasta que un día el marido, harto de escuchar el mismo chisme, la misma crítica, tomó un trapo y limpió con fuerza el vidrio de la ventana, hasta dejarlo totalmente limpio. Entonces le dijo: “¡Ésta es la razón por la cual ves tan sucia la ropa de la vecina!” No cabe duda, lo que más criticamos es de lo que más carecemos.


2. Por la satisfacción que produce

Está científicamente comprobado que hablar mal de otras personas hace bien porque reduce la ansiedad. Estudios realizados por el doctor Robin Dubar llegaron a la conclusión de que esta actividad produce endorfinas, las hormonas de la felicidad, relacionadas con la disminución del estrés. Es el mismo efecto que resulta al reír a carcajadas o con la práctica de ejercicio. Chismear calma la ansiedad. ¿Pero no sería mejor obtener esas sustancias de manera más saludable y menos dañina para los demás? Lo mejor es ocuparse en algo de provecho que también nos haga sentir bienestar. 

3.- Porque no tienen algo mejor qué hacer 

Son personas sin oficio ni beneficio. Les sobra tiempo y en lugar de ocuparse de ellas mismas se preocupan por la vida de los demás. Así que suelen inventar historias falsas que no sirven más que para lastimar a otros. Sin duda la ociosidad es la madre de todos los vicios.

Todos hemos sido víctimas de esta negativa actividad. La hemos practicado directa o indirectamente, anteponiendo frases como: “Te voy a platicar algo, pero te pido por favor que no lo cuentes”, situación que desde luego da más fuerza al chisme y produce cierto grado de intimidad y confianza entre las personas que comparten esa historia real o imaginaria. Quien divulga chismes se convierte en alguien que nos da entretenimiento momentáneo, pero también sabemos que no debemos confiar en el o ella, pues en cualquier momento podríamos ser los protagonistas de sus enredos. 


Por supuesto que ignorar los comentarios infundados que hagan sobre uno es y será siempre la mejor estrategia. Recordemos la frase: “A explicación no pedida, acusación manifiesta”. Por lo tanto, no des explicaciones ni justificaciones de más a quien te expresa rumores que no tienen nada que ver con tu realidad. Una sonrisa con una respuesta simple puede ser muy buena salida. 

Recordé una de mis frases “matonas”:

“La mejor forma de desmentir un rumor será la poca importancia que le des. Que tu seguridad y tu confianza se encarguen de desmentirlo”.

Ojalá que recordemos que todo lo mal que hacemos o decimos de alguien, tarde o temprano se revierte en contra nuestra. Llámale karma o ley de causa y efecto, pero siempre el victimario se convierte en víctima de sus propias acciones o palabras. ¿Ahora entiendes por qué el chisme lastima a todos los que participan en él? No caigas en su trampa. 

¡Ánimo, y hasta la próxima!


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