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La indiferencia está matando nuestra relación. Mira los daños que causa y cómo evitarlos

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO


¿Recuerdas que de pequeño una de las peores cosas que te podían hacer era aplicarte “la ley del hielo”? Alguna persona especial te ignoraba; simplemente hacía como que no estabas ahí, no te hablaba ni tenía ningún contacto contigo, y eso era peor que cualquier ofensa que pudiera decirte.



Con esa práctica aprendimos lo dolorosa que es la indiferencia y hoy, como adultos, sigue siendo algo terrible. “¡No me castigues con el látigo de tu indiferencia!”; esta frase de uso popular fortalece aún más la creencia de que muchas veces duele más ignorar a alguien que herirlo con palabras. Una prudencia excesiva puede interpretarse como falta de interés. Es un veneno letal que daña poco a poco una relación.




En nuestro entorno podemos encontrar diferentes tipos de indiferencia. Aquí te comparto los principales:

1.- Indiferencia por amor en la etapa de conquista

Es muy común. Algunos la emplean como estrategia para llamar la atención. El ser humano es curioso por naturaleza, y nada le intriga más que no saber qué ocurre con su ser amado. Tanto hombres como mujeres usan este recurso cuando quieren conquistar a alguien, especialmente si esa persona siempre ha obtenido de manera fácil todo lo que quiere.

Tú y yo sabemos que la indiferencia funciona porque, unida a la expectación, forma un elíxir ideal que incrementa el interés; pero en dosis mayores puede alejar a la persona por completo, al interpretarse como desinterés total. “Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre”, es un dicho popular que puede iluminarte sobre la dosis correcta. “Un toque de misterio que avive nuestro amor”, es la estrofa de una canción que también puede servirte de guía. Pero es sólo “un toque”.


2.- Indiferencia laboral

Me refiero a esos casos en los que tratas con personas a las que parece no importarles si estás conforme con el servicio o el producto que te han brindado. Es horrible ver cómo algunas empresas cierran por culpa de quienes atienden el negocio, todo por no saber cómo elegir a su personal y cómo capacitarlo. Yo les llamo “personas insípidas”: por error fueron contratadas para formar parte de empresas -pequeñas o grandes- dedicadas a atender a la clientela. Tengan en cuenta que un cliente satisfecho cuenta su experiencia a seis personas, un cliente insatisfecho se la cuenta a quince.

Aceptémoslo de una vez: pocos nacen con espíritu de servicio y no a todos les importa tratar bien a la gente. Por personalidad, temperamento o porque no les da la gana, no saben o no les interesa hacer sentir bien a los clientes.

Si tú diriges una empresa la recomendación es clara: elige a personas con espíritu de servicio, que se les note el interés por tratar con gusto a los demás. No permitas que la calidad del servicio sea afectada por gente nociva sin intención de superar la indiferencia.


3.- Indiferencia como reacción en el enojo 

Ésta es clásica. ¿Has visto que la mayoría de las parejas dejan de hablarse cuando se enojan? Sienten que callando lastimarán y manipularán al otro, en lugar de hablar o llegar a acuerdos. El orgullo y la indiferencia son armas que destruyen el amor. Cuando actitudes como estas son constantes puede haber daños profundos en la relación, se crean resentimientos y se explota con agresividad o desencanto. Es diferente cuando solicitas a tu pareja un tiempo breve para reflexionar o estar más tranquilo antes de hablar.

No contestar o no expresar lo que sentimos es horrible, peor aún si hacemos sentir a la otra persona que no nos interesa lo que piense, opine o sienta en determinada situación. Esto causa mucho dolor. No es saludable ni recomendable esta estrategia en una relación. Pierde el diálogo y gana la ira. Pierde la cordura y gana la inmadurez.


Mi recomendación es: en plena crisis no habrá palabra que haga entender a quien por costumbre es así. Pasada la crisis, busca el momento y las palabras adecuadas, exprésale cuánto te duele esa actitud. Dile cuán importante es aclarar las cosas, porque para ti la almohada y su silencio son los peores consejeros.

4.- Indiferencia por personalidad

Piensa en tu pareja; tal vez desde su infancia esto ha sido parte de su personalidad, así lo conociste y así te enamoraste. Esta característica de su personalidad se puede ver reflejada en detalles como no dar importancia a las fechas memorables, no recordar aniversarios o no expresar su cariño como muchas otras personas. Es difícil que diga lo que siente o desea. Pero así lo aceptaste en tu vida, expresabas que te gustaba o creías ingenuamente que lo cambiarías “con tu amor”

¿Por qué tantos hombres o mujeres se quejan de quien siempre ha sido indiferente? Porque las necesidades y los estados de ánimo cambian, pero llega el momento en que la voz, los gestos y los detalles se hacen necesarios. Es peligroso interpretar como carente de amor a quien siempre ha actuado de la misma manera, pero tu estado de ánimo y tus necesidades de afecto han cambiado. El resultado: podrá cambiar un poco por conservarte o podrás desencantarte si aún deseas pedir “peras al olmo”.


¿Y cómo reaccionamos ante la indiferencia? A continuación te comparto dos opciones de reacción ante la indiferencia:

1. Entramos en ese juego en el que ninguno de los dos gana y surge el dolor de perder lo que con tanto esfuerzo se construyó. Esta es la peor opción, así que evítala a toda costa.

2. Hablamos de nuestros sentimientos pero sin discutir. Te sugiero que busques acuerdos en los que ambas partes alimenten la relación. Cuando uno de los dos siempre da el primer paso demuestra más amor e interés; puede ser que el otro tal vez se canse y se aleje. Trata de que no seas siempre tú o siempre tu pareja quien da el primer paso.


Como recomendación adicional puedo decirte lo siguiente: ten siempre un nuevo proyecto de vida. Planear a largo plazo hace que una relación tenga un porqué y un para qué. Desde que tengo uso de razón procuro incluir en mi vida un sueño aún no cumplido, un lugar por visitar, un desafío o un aprendizaje por alcanzar. Esto evitará que a tu relación llegue el fantasma de la indiferencia y la rutina, que ocasiona la mayoría de las separaciones. No permitas que haga de las suyas en tu vida y con los tuyos.

Hay situaciones que no podemos cambiar y otras en las que podemos influir. Tu actitud hacia quienes quieres depende única y exclusivamente de ti. Está en ti avivar la llama o apagarla para siempre, en el amor, en la amistad, con la familia, en el trabajo o la escuela.

¡Ánimo, y hasta la próxima!
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