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Llenarte de cosas materiales te vacía de lo más importante. Esto es lo único que necesitas para ser feliz

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO


¿Cuántas veces has ido a comprar algo al súper y terminas con el carrito lleno? Otro escenario común es cuando pasas por una zapatería y no puedes resistir un modelo, que no sabes ni con qué te vas a poner, pero está en oferta; o compras más ropa a pesar de que tienes alguna sin estrenar en el clóset. Tal vez te presionas por nuevos productos en el mercado, aunque lo que tienes te funciona bien. ¿Alguna de estas ideas te resulta familiar? Entonces quiero invitarte a reflexionar sobre todo lo que compras pero NO necesitas.



Quienes compran sin control recurren a frases como éstas : 

“Es que está en oferta…”



“Mejor lo compro ahora, porque se puede necesitar…”

“Y qué, ¿no vas a comprar nada? ¡Está todo baratísimo!”

Por lo general cuando compramos en exceso tratamos de sustituir una carencia emocional; la compra nos da satisfacción temporal pero a la larga seguimos sintiendo ese vacío. Te invito a que reflexiones sobre el tema, con una pequeña historia y las sugerencias que te compartiré en las siguientes líneas.

Tengo la gran fortuna de conocer a Paloma y Arturo, una pareja a la que aprecio mucho y que actualmente vive en Puerto Rico. Para ambos es su segundo matrimonio. Ella es budista y él, católico. A pesar de la diferencia en sus creencias religiosas, para mí son una familia ejemplar, en la que el amor y el respeto se perciben de forma inmediata.

Arturo es uno de los empresarios más prósperos y exitosos de la isla; dueño de varias compañías, forjó su fortuna gracias a su esfuerzo, tenacidad y constancia, pero conserva una humildad que no cualquiera tendría en circunstancias parecidas.


Me invitaron a dar una conferencia con motivo del cumpleaños de mi querida amiga Paloma; deseaban invitar a sus íntimos para escucharme. El evento fue un éxito y al día siguiente nos llevaron, a mi asistente y a mí, a dar un paseo en helicóptero, lo cual resultó ser una experiencia inolvidable. Conocer Puerto Rico desde el aire fue algo muy especial que jamás borraré de mi mente. 

Pero la sorpresa más grande me la llevé cuando hicimos una escala en su casa. Yo imaginaba una mansión de lujo… pero no. Viven en un sencillo y a la vez cómodo departamento con maravillosa vista a los jardines del lugar. Al entrar se aprecia un hermoso altar en honor a Buda y a otras deidades. Una amplia estancia y tres o cuatro habitaciones de tamaño regular, además de sala, comedor y cocina. Mi admiración era evidente y mis anfitriones lo detectaron.

Paloma me dijo: “Sé que te asombra la forma sencilla en que vivimos, pero he convencido a mi esposo de no tener cosas que no utilizamos. El budismo me ha enseñado que llenarte de cosas te vacía de lo más importante”.


Me mostró cajones vacíos, clósets de ambos con pocas prendas, sólo las necesarias, las que utilizan a diario; sin afán de presumir, pero nada comparado con mi guardarropa, que en ese tiempo literalmente se caía por tanta que no usaba, de la que me era difícil desprenderme con la típica excusa de muchos: “Por si después se me antoja usarlo”, “Por si después me queda”, “La moda siempre vuelve”...

Gracias a Paloma y a Arturo regresé de ese viaje con un gran aprendizaje, cuestionándome sobre mis posesiones y mi forma de comprar. La idea me daba vueltas en la cabeza: comprar sin medida puede ser signo de carencia o de vacío. Era una práctica que se me estaba haciendo costumbre; identifiqué su procedencia y te puedo asegurar que he avanzado a pasos agigantados para no comprar por impulso cosas que no necesito. Por supuesto que caigo ocasionalmente, pero nunca como antes. Te pido que en este momento hagas un breve análisis de las cosas que has adquirido y que olvidaste en un cajón, o que ya ni recuerdas.


El presidente de una asociación de compradores compulsivos me decía que tanto él, en periodo de abstinencia, como toda la gente que cae en las garras del consumismo, tienen un común denominador: un vacío emocional que intentan suplir con cosas. Mientras no dediques el tiempo a enfrentar y analizar esas carencias, difícilmente frenarás el impulso de engancharte a lo que no necesitas y crees o intentas convencerte de que te da felicidad. Esto es un círculo vicioso, pues en el momento de la compra te sientes feliz, pero al poco tiempo esa falsa felicidad se esfuma y pronto te encuentras comprando de nuevo.

Hoy puedo reconocer que durante dos o tres años de mi vida, cuando sentía que algo no sucedía como yo quería, me gustaba ir a comprarme una corbata o una camisa. Así es precisamente como inicia el problema de comprar lo que no necesitamos, sólo por sustituir una carencia. Cuando el 
problema crece, te conviertes en comprador compulsivo y el sentimiento es parecido a la euforia que provocan el alcohol y otros estimulantes y, al igual que quienes padecen una adicción, es difícil mantenerse alejado de esa sensación de bienestar.


A veces la gente adquiere objetos como una forma de lidiar con su descontrol, ya que cuando compra siente que retoma el mando. Pero, sin lugar a dudas, mucho tiene que ver con la infancia. Es el caso de padres y/o madres que sustituyen el tiempo con cosas, para encubrir la culpabilidad que les produce no estar con los hijos.

Los psicólogos lo ven como un problema de control de los impulsos y no como una señal del trastorno obsesivo-compulsivo (TOC). Los medicamentos para este trastorno no suelen funcionar para los problemas de compras.

No existe una línea definida entre consentirte con un par de zapatos tras un mal día y ser un comprador compulsivo. La mercadotecnia y la publicidad actual contribuyen a propagar un mensaje de falsa felicidad al adquirir objetos. 


El problema surge cuando ir de compras es un escape para evitar los problemas o los sentimientos sobre alguna situación. “No pensar, mejor comprar”. Hay algunos puntos importantes que te podrán ayudar a controlar tu forma de comprar: 

1.- Olvídate de tarjetas de crédito o débito y paga en efectivo. 

Esto hará que compres de forma consciente.


2.- Haz una lista de lo que necesitas realmente y apégate a ella

Antes de salir de compras revisa tu armario y anota qué es lo que en realidad te hace falta. Si se trata de alimentos examina la cocina y apunta lo que necesites, así al estar en la tienda irás directo por lo que debes comprar y no por lo que se te antoja. 


3.- Busca apoyo con alguien de confianza

Me refiero a alguien que entienda el problema y que te ayude a mantener el control.

Si crees que necesitas apoyo, en algunas ciudades hay grupos de deudores anónimos cuyos voluntarios trabajan las 24 horas y que, como otras asociaciones de autoayuda, siempre son de gran beneficio. Nadie comprende mejor a quien sufre un problema que alguien que lo ha vivido.


Si quieres divertirte un poco mientras reflexionas sobre el tema, te recomiendo la película “Loca por las Compras”. Esta comedia ilustra bien lo que siente el adicto y el golpe de realidad que le hace entrar en razón.

Recuerda también organizar tus gastos, de manera que con un presupuesto puedas satisfacer tus necesidades y ahorrar para emergencias. 

¡Ánimo, y hasta la próxima!

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