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No le des a nadie el poder de arruinar tu vida. Mira cómo tomar el control de tu felicidad

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO


¿Alguna vez has sentido que hay una persona con la misión de hacerte la vida difícil? Aunque la existencia de cada uno de nosotros es una historia que vamos construyendo, con aciertos y desaciertos, debemos recordar que en cada una hay diferentes personajes. La mejor actitud que podemos tomar es pensar que la vida es una escuela en la que todos aprendemos, y que lo mejor es evitar poner a las adversidades adjetivos adicionales, como problemas, fracasos, sinsabores y más. Únicamente son sucesos que vivimos y que debemos enfrentar para superarlos. Entre esos hechos desagradables está el trato con personas a las que quisiéramos mantener lejos, pues las consideramos difíciles o insoportables por su forma de ser, de hablar, de exigir o de suponer.



Para entender a esa gente problemática hay dos factores que creo deben analizarse: 

1.- Son personas que de seguro han tenido una historia difícil
Siempre que planteo este concepto recuerdo a dos compañeros del colegio donde estudié. Uno de ellos tenía un padre autoritario, que daba salvajes golpizas a él y a sus hermanos cuando cometían “errores imperdonables”, como tirar el chocolate o reír a carcajadas mientras él dormía; además utilizaba el engaño como estrategia de crianza constante. El otro amigo, con una madre ausente y neurótica que le exigía siempre sacar las mejores calificaciones; acostumbraba salir todas las tardes a eventos sociales y lo dejaba al cuidado de la señora del aseo, que era prácticamente su madre sustituta, y llegaba sólo a comprobar que todo estuviera en orden; nunca una muestra de afecto y mucho menos diálogo constante. Jamás la mujer asistió a una junta de padres de familia. La verdad, nunca supimos si ese compañero tenía papá. 



Ambos se convirtieron en el terror de los más débiles, entre los cuales -a Dios gracias- no estaba yo.  Sus pleitos frecuentes, los regaños y sus visitas constantes a la dirección hicieron que fueran etiquetados como niños complicados y difíciles (en aquel tiempo no se escuchaba la palabra “bullying”). Posteriormente fueron jóvenes problemáticos y desobligados, uno de ellos inclusive tuvo dificultades con la justicia de Estados Unidos, al grado de que no puede volver a entrar nunca más a ese país.  


Es frecuente observar que quienes vivieron una infancia difícil tienen personalidad complicada. La infancia nos marca de tal manera que puede determinar el destino, y las heridas que dejan el desamor o el exceso de protección hacen a las personas difíciles de querer o de soportar. 

2.- Nadie puede hacerte la vida imposible, a menos que tú lo permitas

No debes olvidar que nadie tiene control sobre ti, eso sólo ocurre si tú lo autorizas. 

Así como cada día la vida nos otorga regalos invaluables como ver, oír, comer, amar, también hay innumerables obsequios que la gente nos da, entre ellos palabras de afecto, de agradecimiento o reconocimiento, merecidos o no. Se nos reconoce o se nos adula con un fin: hacernos sentir bien, ganarse nuestro afecto u obtener cierto beneficio. Pero también existen quienes nos ofrecen ofensas o expresiones hirientes, merecidas o no, que muchos aceptamos sin reservarnos el derecho de admisión de tales palabras llenas de desprecio. Admiro a quienes se les resbala lo que no merecen y siguen su vida, sin engancharse en la forma o contenido de mensajes llenos de ira, mismos que sin duda pueden desestabilizar a seres más sensibles e influenciables.  


En cada momento las personas -conocidas o desconocidas- te ofrecen estos peculiares regalos y tú decides si les das importancia o no. Puedes aceptarlos, responder de la misma forma o dejarlos ahí, decirte a ti mismo: “no acepto este regalo, no es para mí, no merezco esta ofensa y la dejo para que se la lleve quien me la ofreció". 

No olvidaré jamás la templanza y la seguridad que mostró un cura en una reunión social a la que fue invitado. Entre los presentes había un hombre que, al saber que él era cura, empezó a despotricar ofensas por el desprecio que sentía hacia la Iglesia Católica, debido a ciertos acontecimientos negativos que involucraban a sacerdotes. Expresó delante de más de 20 personas su malestar por la presencia del religioso, la vergüenza que -según él- debía sentir por portar una sotana, y agregó ofensas contra su persona, inclusive por no casarse y formar una familia, poniendo en tela de duda su hombría. Fuerte, ¿no?

El sacerdote, que tranquilamente lo escuchaba tomando un refresco y comiendo una botana, dejó que el individuo terminara la sarta de insultos que cargaba, al parecer desde mucho tiempo atrás, contra la institución que él representaba. Al finalizar lo vio fijamente, sonrió y dijo: “Es tu opinión, amigo. La cual es muy respetable. No te digo que la agradezco, pero tampoco la acepto”. Punto.  

–Pero respóndame, ¿qué tiene que decir? –insistió el hombre.  

El cura le contestó que no era ni el momento ni el lugar para decir su opinión, pero con gusto lo recibiría, previa cita, en su parroquia, para hablar al respecto. La gente reprobó con miradas y comentarios lo ahí expresado, y sobre todo la forma en la que el hombre se dirigió al sacerdote. El padre siguió conviviendo ¡como si nada hubiera ocurrido! No aceptó las ofensas y mucho menos se las llevó. Probablemente le molestó, lo cual sería normal, pero no lo demostró.


El aprendizaje es claro y sencillo: no tenemos obligación de soportar las críticas. Lo mejor que puedes hacer es agradecer con amabilidad, y tal vez pensar en lo que te dicen. Todos tenemos el poder de decidir, pero no debemos caer en el juego de soportar las cargas emocionales de quienes nos rodean ni permitir que nos aplasten. Está en ti si aceptas y te dejas llevar por las emociones de quienes están contra tus ideas o tu forma de ser. Siempre tendrás el control del momento si mantienes la calma cuando otros están ofuscados. Y recuerda: nadie puede hacerte la vida imposible, a menos que tú lo autorices. 

¿Qué esperas para poner en práctica esta importante lección? ¡Ánimo, y hasta la próxima!

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