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No te preocupes por caerle bien a todos, porque hasta los más santos han sido criticados. Mejor haz lo siguiente...

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO


He conocido a muchas personas que hacen hasta lo imposible por agradar a otros; piensan que actuando de ciertas maneras o dejando atrás sus opiniones personales serán queridas y admiradas por los demás. A veces nos es difícil comprender cuán únicos he irrepetibles somos. ¿No es eso lo bello de esta existencia?



Las diferencias nos enriquecen como personas, y así como pueden unirnos también pueden separarnos. Sin embargo no debemos ir por la vida tratando de complacer a todo el mundo, hay que aprender a encontrar un equilibrio, para tampoco caer en el egoísmo de dejar a nuestros seres queridos de lado por ser ciegamente fieles a nuestras ideas; podemos tener diferentes valores, creencias y gustos siempre y cuando respetemos los de otros, esa es la clave. 



Buscar desesperadamente la aprobación de todos, incluso de aquellos a quienes no conocemos, resulta muy desgastante, pues como dice la frase popular, “No somos monedita de oro para caerle bien a todos”. Quienes se obsesionan con ser “monedita de oro” suelen terminar frustrados, y sufren muchísimo por querer cumplir una tarea imposible.


La regla del 80-10-10

Tiempo atrás me explicaron una especie de regla, que en términos generales plantea lo siguiente: Aproximadamente al 80 por ciento de la gente que llegamos a conocer le caemos bien; puede ser más o menos, es un promedio. 

Muchos se ganan a pulso el desagrado de los demás, sobre todo quienes tienen mala actitud, gente egoísta que únicamente se preocupa por su satisfacción y daña a todos a su alrededor con sus conductas tóxicas. Algunas veces lo hace porque ha sufrido el maltrato y rechazo de sus propios padres y por ello siente que debe protegerse de esa manera. 

Volviendo al 20 por ciento pendiente en esta regla, se plantea que al 10 por ciento de la gente a la que conozcas le serás indiferente, y que al 10 por ciento restante les caerás mal. Pero no debes preocuparte ya que, como mencioné antes, es imposible agradar al 100 por ciento.


Ni siquiera el tan aclamado Papa Juan Pablo II -que en paz descanse- agradó a todo el mundo. Un conocido me relató un día, que durante una de las visitas de Su Santidad a México tuvo la dicha de atenderlo y acompañarlo. Mientras cenaba el gran hombre escuchaba los gritos de sus seguidores afuera del edificio, quienes a coro decían: “¡Juan Pablo II, te ama todo el mundo!”. A lo que él, sonriendo y en su español con acento polaco, dijo a quienes le acompañaban: “No, no me ama todo el mundo”. Todos soltaron una gran carcajada, pero él no bromeaba pues, como cualquier persona, tuvo muchos enemigos. ¡Hasta el mismísimo Jesús tuvo que lidiar con gente que lo detestaba! No importa qué tan nobles, serviciales o alegres seamos, hay personas a las que no les vamos a agradar. 

No tienes que caerle bien a todo el mundo; recuerda que quienes realmente aprecien tu compañía y tu persona querrán permanecer a tu lado por quien eres en realidad. ¡Ánimo, y hasta la próxima!
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