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¿Quieres hacer completamente feliz a tu pareja? Hazte esta pregunta todas las mañanas

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO


Hace algún tiempo tuve el honor de ser invitado por un grupo de matrimonios, para impartir una conferencia en una iglesia de Miami. En cuanto llegué fui a cenar con el grupo organizador, compuesto por diez personas. Durante la velada me comentaron que se unieron con el objetivo de disminuir el alto índice de divorcios, a través de pláticas que ayudaran a crear conciencia de que, aunque el matrimonio es maravilloso no es nada fácil, y que la actitud que se toma frente a las adversidades es lo que marca la diferencia en la calidad del amor.



Lo que me transmitieron lo interpreté de la siguiente forma: hay parejas que no se quieren pero se soportan y siguen juntas por comodidad, por miedo, por beneficios o, como generalmente sucede en la mayoría de los casos, por los hijos, culpando a éstos de toda la desdicha que desde hace años sienten en sus vidas, fruto de su mala relación. 



¿Pero los hijos perciben que es por ellos que sus padres siguen juntos? Si es así, ¿sienten alguna culpa cuando los escuchan decir la famosa frase “Es por mis hijos que sigo aquí”…?


En ese grupo de personas entusiastas estaban don Patricio y doña Magdalena, un matrimonio con 54 años de casados, con una actitud digna de ser imitada, igualada y superada. Me llamó mucho la atención que durante la cena estuvieron juntos tomados de la mano y siempre sonriendo. Don Patricio tendría unos 87 años y reflejaba en su mirada orgullo por la vida que llevaba; doña Magdalena era elegante, alegre, de aproximadamente 85 años y con un rostro lleno de serenidad e inteligencia.


En varios momentos de la reunión vi que platicaban entre sí y siempre viéndose a los ojos. Sé que no existe envidia “de la buena”, pero una vez más tuve ese sentimiento que podría ser considerado “bueno”, al imaginar llegar a esa edad, verme así y con mi compañera de vida a mi lado. 

Me fue imposible evitar la tentación de preguntarles lo mismo que a muchas parejas que para mí son dignas de admiración: ¿Cuál es “su” secreto para mantener viva una relación después de tantos años? Los dos sonrieron y sus respuestas fueron tan especiales, que me ha llevado a compartirlas en mis muchas conferencias en México y Estados Unidos.


Don Patricio me dijo: “Mire, Doctor, el secreto para mí es paciencia, paciencia, paciencia… No decir todo lo que siento, sobre todo en momentos de enojo, y evitar juzgar por anticipado, sin saber qué es lo que siente mi esposa”. Una contestación muy inteligente, ante la cual su esposa esbozó una leve sonrisa de complicidad y agradecimiento. 

La de doña Magdalena fue para mí aún más impactante, cuando sonriente me dijo: “Yo cada día, desde hace 54 años, pregunto a mi Dios cada mañana de qué forma puedo hacer feliz a mi «Patito»” (así llama cariñosamente a su marido). La sensación que tuve ante la tan inesperada respuesta me dejó mudo. ¿Cómo que de qué forma puedo hacerlo feliz?, le pregunté. Y ella, en tono solemne, me explicó: “La rutina, el aburrimiento y la monotonía son factores corrosivos y destructivos en el amor. Dañan de manera irremediable y hacen que la relación se desgaste. Yo no quiero que eso suceda”.


Y agregó: “Hay días que le cocino algo diferente, pongo una carta en su saco, dejo en su mesa de noche fotografías que hace años él no ve y que nos recuerdan momentos importantes. Busco algún chiste que contarle a la hora de la comida, recorto una nota de periódico que sé le va a interesar. Me gusta saber antes que él sobre los logros de su equipo de fútbol favorito y soy quien le da la buena noticia”.

Fueron muchas las sensaciones que sentí ante tal respuesta. Imagínate que cada unos de nosotros nos hiciéramos la misma pregunta en nuestra relación con quienes más amamos.


¿De qué forma puedo hacer feliz hoy a…? 

¿Qué puedo hacer hoy para hacer sentir importante a…?

¿Qué podría cambiar en mi actitud para hacer sentir feliz a…? 

Sinceramente no creo que sea muy complicado si de verdad amamos y conocemos a esa persona. Hacer esto, además, nos ayudaría a evitar el veneno corrosivo más grande en una relación:  la rutina.

Es tan fácil caer en la creencia de que mi pareja tiene que hacer el esfuerzo por tenerme contento, y casi nunca nos preguntamos lo contrario: ¿qué debo hacer para arrancarle una sonrisa, para hacerle feliz, para que nunca desaparezcan sus ganas de estar a mi lado; de estar por amor y convicción, no por obligación?


En cierta ocasión compartí contigo que hay tres decisiones muy importantes en la vida: ¿Qué voy a hacer o a qué me voy a dedicar?, ¿en qué voy a creer? y ¿con quién quiero estar?

Son determinaciones que marcan significativamente nuestro estado de felicidad o de infelicidad, y es la tercera de la que mucha gente se arrepiente con el paso del tiempo, creyendo que tomó la peor opción sin imaginar que no es la persona en sí la equivocación, sino el poco interés que ponemos en mantener viva la relación.


El amor se decide, no se siente. Te pido que si nunca te has formulado la pregunta de doña Magdalena, la pongas a prueba como estrategia para mantener sólida tu relación, y digas si funciona o no. Recuerda: el triunfo o el fracaso de una relación dependen en gran parte de la actitud con la que enfrentas los problemas y de la manera en que vives el día a día. ¡Ánimo, y hasta la próxima!
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