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¿Sientes mucha carga emocional en tus hombros? Mira cómo liberarte de ella

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO


¿Qué haces para enfrentar tus cargas? Me refiero a esas cosas que te preocupan, que no puedes evitar, de las que te quejas constantemente y que por una cosa u otra no se van. 

Hoy te quiero hablar de cómo aprender a lidiar con esas experiencias, porque a pesar de todo lo que ocurra hay algo que siempre debes recordar: la vida sigue y no se va a detener porque no estés de ánimo.


En un capítulo de mi libro “¡Despierta!... que la Vida Sigue”, comparto algunas fórmulas que nos ayudan a soportar esas “cargas difíciles” de las que todos nos quejamos. 




Séneca, célebre filósofo, político, orador y escritor romano de la antigüedad, puso el dedo en la llaga cuando pensó: “Lo importante no es lo que sufres, sino cómo lo sufres” ¡Qué impactante! Otra buena frase que aplica para este caso es “El dolor es inevitable, el sufrimientos es opcional”, de la autoría de Buda Gautama, sabio en cuyas enseñanzas se fundó el budismo.

Piénsalo. Es cierto. Por eso es conveniente buscar la forma de soportar ese yugo que pensamos tener, algo que nos ayude a alivianar el peso y a ser más tolerantes ante esas situaciones que nos agobian.

Compartiré un hábito muy práctico y útil, que además te ayudará a cosechar amor en la vida: ofrece esa carga en sacrificio por alguien. Sí, ofrécela a Dios por alguien. Sólo tienes que pensar en una persona que “lo merezca” o a la que “concedas el honor” de que todo lo que te suceda en ese día, lo vas a ofrecer para que Dios la bendiga. Quizá sea un familiar o alguien que ni te conoce, pero que tú sí sabes de quién se trata. Puede ser alguien a quien hace tiempo no tratas y que sin embargo recuerdas con frecuencia.


Si ofrecemos nuestro día por alguien nos hará ser más pacientes. Nos agudiza la sensibilidad para ser tolerantes y no dar demasiada importancia a los sucesos negativos. Problemas siempre habrá, pero si los convertimos en ofrendas por alguien es como si fertilizamos el campo de nuestras acciones, para que germinen buenos frutos en recompensa.

En mi libro les comparto sobre una ocasión en la que me sentía muy presionado por un sinfín de actividades, y además tendría un encuentro con una persona que me era desagradable pero ejercía influencia en un proyecto de trabajo importante. Desde que desperté ese día me sentía malhumorado e irritable.


En el trayecto de mi casa a la oficina me detuvo la luz roja del semáforo, y pude observar entre los automóviles a una ancianita ofreciendo chicles a los conductores. Vestía ropas de pobre aspecto, era frágil y menudita, pero su expresión y su sonrisa, casi sin dientes, irradiaban seguridad, complacencia, amabilidad y gratitud para quien le tendía la mano.

¡Cuántas veces nos estamos quejando de “cargas” o molestias insignificantes que nos hacen renegar!, nos hacemos quejumbrosos, insoportables, intratables... Contemplar a esa pobre mujer me hizo razonar en que si no podía hacer eso, al menos sí estaba en posibilidad de ofrecer a Dios, por ella, todo lo bueno o malo que pudiera ocurrirme en ese día. Por ella, para que Dios la bendijera y a mí me diera paciencia, no daría importancia a las incomodidades, a las malas situaciones, a los agobios, a los malos tratos y a todos los etcéteras. Lo ofrecería a Dios.

Cada vez que pensemos que la vida “está muy difícil”, hay que preguntarnos: ¿comparada con la de quién?


Mirando a nuestro alrededor, en realidad no tenemos derecho a estar quejándonos de lo que nos pasa. Nuestros sufrimientos se achican cuando conocemos testimonios de entereza, de fortaleza y de resignación ante las adversidades.

Nada ganamos con lamentaciones y llantos. Si somos capaces de enfrentar nuestros problemas con ánimo, contagiaremos a quienes nos rodean.

Ante las cargas de la vida tenemos que actuar, no darnos nunca por vencidos, no perder nunca la esperanza. En mi libro digo: ¿Sabes cuándo hace fiesta el diablo? Cuando se da cuenta de que pierdes la esperanza. Se trepa sobre tu carga para que la sientas más pesada.


Todos cargamos una cruz que puede tomar diversas formas; personas que nos ofenden o molestan; enfermedades; traumas, trabajos pesados, problemas legales o económicos, falta de amor, vicios y muchas “vestiduras” más. Todos llevamos nuestra cruz y hay que aprender a soportarla.

Si analizamos nuestra vida nos daremos cuenta de que 90% de ella está llena de bendiciones. ¿Para qué estar quejándonos del 10% de la cruz? Si nos apoyamos en nuestras fortalezas y no en nuestras debilidades la carga se nos hará más ligera: cuando todo está oscuro sólo es cuestión de encender la luz.

¡Ánimo, y hasta la próxima!



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