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3 grandes faltas que cometemos y dañan nuestro ser y a los que nos rodean. Mira cómo evitarlo

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO


He escuchado a muchas personas que dejan de intentar cosas por miedo, un enemigo que a veces forma parte de nuestra vida. El miedo paraliza, sin embargo debemos alejar esa sensación negativa, pues podemos arrepentirnos más de lo que dejamos de hacer que de todo lo que hicimos. Viene bien recordar una frase de Alejandro Jodorowsky: “Cuando estés entre hacer y no hacer, siempre opta por hacer, aunque te equivoques. Así no te frustras y, como sea, te queda la experiencia”.



Aunque pocos lo reconozcan, en nuestro paso por la vida todos cometemos “pecados”. No se trata de acusar a nadie ni de darnos golpes de pecho, pues no lo digo en el sentido religioso sino tal como lo define el doctor Miguel Ruiz, autor del libro “Los Cuatro Acuerdos”: 



Pecado viene de la palabra latina pecatus. Las religiones hablan de pecados y pecadores. Pero entendamos qué significa realmente pecar. Un pecado es cualquier cosa que haces y va contra ti. Todo lo que sientas, creas o digas, que vaya contra ti, es un pecado. Cuando perjudicamos a otra persona verdaderamente nos dañamos a nosotros mismos; dañamos nuestra estabilidad y el amor que debemos manifestar”.


Así que, en realidad, el pecado es toda acción que dañe nuestro propio ser y a quienes nos rodean; siendo conscientes de esta definición, me gustaría compartir con ustedes lo que considero como tres grandes “pecados de omisión”: 

1. Primer pecado: Saber leer y no leer

La lectura es indispensable para nosotros como seres pensantes, sin embargo para algunos resulta una pérdida de tiempo y no un hábito que puede traer grandes beneficios. El peor pecado que podemos cometer es dejar de cultivar la mente, y rechazar todo lo que hemos aprendido, por considerarlo aburrido. ¿Cuántos jóvenes y adultos que han completado su formación educativa a nivel profesional dejan de leer cuando salen de la carrera? He conocido a personas sumamente cultivadas que ni siquiera tienen estudios profesionales, y aun así tienen mucho conocimiento por ofrecer, y eso se debe a que jamás dejaron de leer y de educarse. Es importante comprender que escuela no es sinónimo de educación. La lectura nos permite ampliar nuestro vocabulario, vivir mejor, aspirar a más, conocer lugares a los que solamente la imaginación nos puede transportar y, sobre todo, a tener una visión más amplia de este mundo. Dediquemos un poco de tiempo a la lectura, porque no hay regalo más grande y valioso que el conocimiento. 


2. Segundo pecado: No reconocer lo bueno

Otro pecado de omisión es no reconocer las cualidades o el esfuerzo de alguien ¿Por qué nos cuesta tanto trabajo dar crédito a quien lo merece? Debemos aprender a cultivar la humildad en nuestro corazón, pues no nos quita nada dar afecto y apoyo sincero a quien ha hecho logros importantes en su vida. Una palabra de reconocimiento expresada a tiempo estimula a quien la recibe, le hace sentirse aceptado, querido y con mucho bienestar. Recuerda que en esta vida no estamos solos, dar y recibir reconocimiento tiene un valor enorme. Una vez más, Alejandro Jodorowsky no lo pudo decir mejor: “Lo que doy, me lo doy. Lo que no doy, me lo quito. Nada para mí que no sea para los otros”.


3. Tercer pecado: Irse a dormir sin haber ayudado a alguien

Ayudar a los demás deja gran satisfacción para nosotros mismos; ver a alguien con dificultades mayores a las nuestras nos hace tomar conciencia de lo afortunados que somos, y eso nos inspira a ayudar a los demás. 

Siempre es posible estar atentos a las necesidades de nuestro prójimo, para ayudarle y ser mejores personas. Durante el día se nos presentan cientos de oportunidades para brindar apoyo a los demás, pero solemos estar enfrascados en nuestro propio mundo y no las notamos. Puede ser algo tan sencillo como dar el paso a un peatón, o ceder el asiento a una persona mayor, en el transporte público.


Facilitarle la vida a alguien es también una manera de agradecer a nuestra familia y al Creador por lo maravillosa que ha sido nuestra propia vida; ayudar es dar amor. No permitas que la flojera y la indiferencia te alejen del camino de la bondad, verás que tu vida también será más agradable al saber que has podido apoyar a quien más lo necesita. 

Espero que tras esta reflexión seas consciente de que siempre podemos empezar a mejorar nuestro actuar. No permitas que estos “pecados de omisión” se apoderen de tu vida; levántate de ese sueño tan pesado llamado insensibilidad. 

¡Ánimo, y hasta la próxima!

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