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¿Discutes mucho con tu familia? No siempre tener la razón es lo mejor. Mira por qué…

AUTOR DR. CÉSAR LOZANO


Aunque suene increíble, hay gente que parece disfrutar el discutir constantemente. Claro que nadie tiene la verdad absoluta, y somos muy conscientes de ello, pero te sorprendería ver cuántas personas pueden seguir alegando hasta el cansancio, por el simple hecho de sentirse vencedoras. Incluso a muchos nos ha pasado que, con tal de “ganar” o demostrar que tenemos la razón, somos capaces de llevar una plática cualquiera a una discusión de proporciones exageradas. 



Entiendo que a veces las frustraciones y el enojo pueden provocar reacciones de este tipo, pero debemos controlar nuestro temperamento y evitar actuar de forma impulsiva. Pero ¿por qué hay gente que parece que no puede vivir sin discutir? No significa que algo ande mal en su cabeza; hay una explicación mucho más sencilla pero de la que no somos conscientes, y hasta cierto punto todos hemos vivido situaciones parecidas. Lo que muchos buscan es la calma que viene después de una acalorada pelea de argumentos, pues se valen de la discusión para descargar todas las presiones de la vida cotidiana: un mal día en el trabajo, el constante menosprecio del jefe, los compañeros, la frustración que acarrea tener deudas, o cualquier otro malestar constante que se va guardando y se queda en el subconsciente por días, e incluso años. Pero, ¡ojo!, pues el error de descargar ese peso y los sentimientos reprimidos al momento de discutir sólo provoca que quienes te rodean salgan heridos, ya que todo eso que no puedes sacar en el trabajo o en otro ambiente, lo vacías en tu hogar, con personas que en realidad son incondicionales para ti. 



No desquites tu coraje con las personas que te aman, no alejes a quien te brinda apoyo. Imagina el dolor que le causa el marido a su esposa cuando llega gritando hasta porque la mosca se atravesó en su camino, o el miedo con el que crecen los hijos de padres que no pudieron realizar todas sus metas, y desquitan ese fracaso con maltrato psicológico y peleas todos los días.


Por favor, piénsalo muy bien antes de entrar en una discusión sin sentido y toma en cuenta lo siguiente:   

1. Con quién discuto

Analiza si es saludable y si vale la pena el tiempo que inviertes al engancharte en una discusión con ciertas personas. A veces estamos tan empeñados en tener la razón que perdemos de vista muchas cosas. Hay que aprender a retirarnos con calma y dignidad, para evitar el resentimiento contra la persona con quien se tiene el desacuerdo; no vale la pena llevar una pelea a los extremos, piensa, ¿Qué ganarás realmente al tener la razón? Ese “triunfo” será una satisfacción momentánea, sin embargo el daño ocasionado puede durar mucho tiempo. Antes de entrar en cualquier discusión hazte estas preguntas mentalmente: ¿Quién es esta persona que está expresando su sentir o contradiciéndome en algo de lo que estoy plenamente convencido? ¿Vale la pena engancharme? ¿Tiene conocimientos del asunto en cuestión? ¿Es alguien de peso en mi vida? 


2. Una dosis de humildad

Hay que reconocer que nadie es dueño de la verdad absoluta, debemos ser lo suficientemente humildes para aceptar que en cualquier discusión siempre existen tres verdades: “mi verdad, tu verdad y LA VERDAD”. Lo más sano es que enfrentarnos calmadamente la situación que creó el conflicto, ceder de vez en cuando para llegar a LA VERDAD sin dejar atrás la amabilidad, y siendo conscientes de que MI VERDAD no siempre será la que triunfe. 


3. Hacer sentir  importantes a los demás

Algunos usan esta estrategia, la cual les ha hecho convertirse en personas interesantes y agradables, salir triunfantes de casi cualquier discusión, y cuando digo “triunfantes” no me refiero a que lograron imponerse sobre la otra persona, sino a que son capaces de discutir sin lastimar a los demás, no buscan humillar o sentirse superiores. La clave para intercambiar ideas y puntos de vista está en defender lo propio sin restar importancia a lo ajeno. Utilizan frases como “entiendo tu punto de vista”, “tal vez yo pensaría lo mismo en otras circunstancias…” o algo tan sencillo como “no quiero hacerte sentir mal con mi opinión...” En esta estrategia es muy importante ser completamente sinceros sin caer en la exageración. 


Jamás permitas que un desacuerdo o una discusión dañen la relación con tus seres queridos o tus compañeros, reflexiona. Todos somos libres de formar nuestras propias opiniones, podemos respetar mas no necesariamente compartir la postura de otro, muchas veces tener la razón no te traerá nada bueno. ¡No te enganches!

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